martes, 20 de agosto de 2013

Guatemala: Tarjetazo

Guatemala: Tarjetazo

Por José Raúl González Merlo
Nadie, en su sano juicio, le prestaría la tarjeta de crédito a un político para que se vaya de compras. Sin embargo, no la necesitan. Tienen algo mejor: la capacidad de crear deuda pública para financiar sus aventuras políticas sin que podamos detenerlos.
Ya es hora de poner fin a la fiesta de hipotecar nuestro futuro irresponsablemente. El año pasado, los ciudadanos produjimos riqueza por aproximadamente Q390 mil millones. A eso le llaman Producto Interno Bruto. Este año, si bien nos va, cerraremos con un endeudamiento público cercano a Q110 mil millones. Como el fisco cobra impuestos por cerca de 10% de la riqueza que se produce en el país, una deuda de esa magnitud nos obliga a producir 10 veces más; unos Q1,100 mil millones. Con ese dinero habrá que pagar la deuda que los gobernantes nos han heredado, hasta ahora, más los respectivos intereses. Es el trabajo de casi tres años dedicados exclusivamente a pagar por lo que los políticos han despilfarrado… Ya nos gastamos el dinero y ni siquiera hemos producido la riqueza.
 
Algunos promulgan ingenuamente que la deuda pública, por sí sola, no es mala. Que en el sector privado la deuda ayuda a hacer crecer a las empresas y que eso mismo puede pasar en el país vía deuda del sector público. Nada más equivocado. Los países no crecen gracias al endeudamiento público. Más bien este se convierte en una carga insostenible para la ciudadanía y los termina llevando a una crisis financiera. Ejemplos abundan a lo largo de la historia. ¿Acaso no estamos viendo lo que ocurre en Grecia?
En Guatemala, los préstamos se “invierten” en mantener la administración pública. Para muestra, el último financiamiento por más de US$400 millones que se nos quiere meter para el pago de salarios de nuevos burócratas relacionados con las finanzas públicas. No hay que creer en esos “cantos de sirenas” que pretenden legitimar el endeudamiento público. Si algo ha sido evidente a lo largo de los últimos 30 años es que los gobiernos han sido irresponsables en el manejo de las finanzas públicas. No existe rendición de cuentas. El dinero simplemente se gasta y se le pasa la factura a las próximas generaciones. Es una ecuación inmoral.
Por lo tanto, por las mismas razones que usted no le prestaría su tarjeta de crédito a un político, de esa misma manera debemos cortar, de raíz, la capacidad de endeudamiento público por parte de los gobernantes de turno. Algunos ingenuos piensan que esta medida es “radical”, que el Gobierno necesita cierta “flexibilidad” para poder operar. Nada que ver. Esa “flexibilidad” continuará hipotecando nuestro futuro hasta llevarnos a una crisis fiscal.
Por lo tanto, esta coyuntura de debate debe servir para reformar nuestro ordenamiento jurídico y obligar a los políticos a operar bajo las condiciones de un presupuesto público balanceado. El déficit fiscal es la fuente de los requerimientos de endeudamiento y por ello hay que prohibirlo. Por nuestro futuro y el de nuestros hijos, hay que acabar con ese incentivo perverso y forzar a los políticos a actuar con responsabilidad fiscal.
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