viernes, 7 de febrero de 2014

El colapso del modelo económico bolivariano



Casi simultáneamente los modelos económicos dirigistas de Venezuela y Argentina enfrentan serias dificultades.
 
Veamos primero qué está pasando en Venezuela. Con atraso de un mes el Banco Central de ese país informó que sólo en el mes de diciembre pasado los precios promedio de los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron un 2,5%. Teniendo ese aumento en cuenta, los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron un 74% durante el 2013. Desde 1996 nada parecido sucedía en Venezuela.
 
Cuando estas cosas ocurren, la espiral de los precios es acompañada por la escasez de productos en los anaqueles de los supermercados, fenómeno que creció incesantemente durante el 2013, hasta alcanzar un nivel constante de escasez del 22% de los rubros alimenticios. Dicho en otras palabras, cuando un ama de casa sale a buscar alimentos básicos, siempre hay uno de cada cinco de ellos que simplemente no está disponible en los negocios.
 
El gran culpable de lo que sucede en Venezuela es ciertamente el exceso de gasto público, financiado con emisión. Esto genera una altísima inflación y el deseo de la gente de “refugiarse” en el dólar. Además, la oferta de las ineficientes empresas públicas venezolanas en el sector de alimentos ha declinado sensiblemente. Hablamos de una merma trimestral de casi el 12%.
 
En el modelo dirigista también influye el control de precios que, cuando impide que se cubran los costos, simplemente genera una disminución de la producción. Ante la caída de la oferta doméstica, la escasez de divisas impide que se cubran las deficiencias de producción locales con importaciones.
 
La inflación de Venezuela en el año 2013 ha sido del 56,2%. Más de la mitad de los ahorros en poder de la gente, así como del poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, se esfumó en sólo un año. Lo que es insostenible en el tiempo. El gobierno anuncia ahora que está tratando de disminuir la inflación y ubicarla en niveles del 28% anual. Para esto el instrumento principal es el control y la vigilancia de los precios, de modo de impedir su aumento, con toda una batería de inspecciones, controles, sanciones, amenazas e intimidaciones. Es evidente que de esta manera Venezuela no va a poder contener su inflación. A lo largo de una década de controles severos Venezuela no ha podido hacerlo. Ocurre que la inflación no se combate a través de los controles de precios que, en el largo plazo, siempre fracasa. La inflación es consecuencia de la emisión alocada, particularmente cuando ella incrementa la cantidad de dinero por encima del aumento de productividad de la economía.
 
Respecto de la Argentina, el paralelo de lo que sucede en este segundo país con lo que ocurre en Venezuela es tan fuerte que nos exime de comentarios adicionales. Mismo problema. Similares remedios. Escasas posibilidades de éxito en el control de la inflación, especialmente cuando no hay voluntad política de trabajar sobre el incesante aumento del gasto corriente del sector público. Porque el populismo y las ideologías lo impiden.
 
El modelo dirigista está haciendo agua en Sudamérica. En más de un escenario. Como era de prever. Lamentablemente, los sectores de ingresos fijos serán el “pato de esta boda”. Razones ideológicas hacen que las reacciones a la venezolana sean la única y equivocada respuesta a la crisis. Lo grave es que eso supone simplemente echar más leña al fuego. 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Publicar un comentario