jueves, 20 de febrero de 2014

Mas penurias y fracasos venezolanos

Todo en Venezuela, queda visto, empieza a tener color de derrumbe. El gran problema es que la cuenta de esta fiesta la pagarán los venezolanos y que el costo de lo sucedido es inmenso.
 
El régimen venezolano -autoritario en lo político y dirigista en lo económico- evidencia como el tremendo grado de inconciencia propio de los populismos regionales, en su máxima expresión, es capaz de destruir a una de las economías más ricas de la región, tradicionalmente impulsada por el “oro negro” como ninguna otra. Las consecuencias de esto son de todo orden. Veamos dos de ellas, poco conocidas. Pero hay muchas más.
 
Respecto de la destrucción del sector privado, es absolutamente clave advertir que el gobierno de Venezuela no sólo está, él mismo, endeudado hasta el tuétano. Sino que también a destrozado al sector privado.
 
En efecto, según acaba de informar la patronal venezolana “Fedecámaras”, la administración del particularmente inepto y cuestionado presidente Nicolás Maduro, le debe al sector privado nada menos que 13.400 millones de dólares en divisas que no se han liquidado, que las empresas necesitan para poder cumplir con sus proveedores del exterior.
 
El desprestigio de los venezolanos se suma al ingente daño económico que esa situación genera. Le deben particularmente a las líneas aéreas, lo que, de no corregirse, terminará aislando al país del resto mundo; al sector alimenticio, que debe importar artículos de primera necesidad ante el notorio fracaso de la producción local; a la industria farmacéutica, que ya no puede proveer a los enfermos venezolanos muchos de los remedios que la gente imperiosamente necesita para conservar la salud; y al sector de los productos químicos. Y la lista de acreedores y proveedores que están siendo perjudicados del sector privado venezolano ciertamente no se agota en esto.
 
Venezuela -que tiene control de cambios desde el 2003- es una demostración cabal de cómo ese sistema termina siempre en el fracaso. Una y otra vez. Pese a ello, los dirigistas recurren a él como si la experiencia acumulada no tuviera importancia alguna. La inevitable escasez de divisas es, tarde o temprano, la consecuencia directa normal de esos sistemas. En Argentina y Venezuela esto es evidente.
 
La creciente estrechez venezolana en materia de recursos financieros y cambiarios está teniendo también consecuencias serias en materia de política exterior. Y destruyendo la red de acuerdos de provisión promocional de crudo y destilados que fuera en su momento anudada por el propio Hugo Chávez con pequeños países de Centroamérica y del Caribe y concertada a cambio de votos a favor de Venezuela (y Cuba) en los organismos regionales e internacionales.
 
La venezolana Petrocaribe ha cambiado unilateralmente los términos y condiciones de su provisión promocional, reduciendo los plazos de financiamiento y aumentando las tasas de interés, esto es su costo. Poco a poco, los socios iniciales se están retirando. Como cabía suponer y esperar. El último parece ser Honduras, país para quien el negocio ya “perdió atractivo”, razón por la cual está analizando otras opciones.
 
Recordemos que Honduras adhirió a Petrocaribe en el 2009, cuando la presidía el incompetente populista -y demagogo- Manuel (Mel) Zelaya, quien fuera destituido por los demás poderes del Estado hondureño cuando intentara solapadamente eternizarse en el poder de su país, en una abierta violación de la Constitución hondureña.
 
Todo en Venezuela, queda visto, empieza a tener color de derrumbe. El gran problema es que la cuenta de esta fiesta la pagarán los venezolanos y que el costo de lo sucedido es inmenso. Además del hecho de que Cuba está “colgada” de Venezuela -y viviendo de ella- situación que no va a dejar fácilmente que se altere. Por esto, el futuro de Venezuela está comprometido. 
 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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