sábado, 29 de noviembre de 2014

El petróleo como arma económica

Los precios bajos del crudo perjudican a países en malas relaciones con EE UU

 
La paulatina caída de los precios del petróleo desde junio pasado, acelerada en las últimas semanas hasta llegar a los 69 dólares el barril del crudo brent (viernes) plantea una serie de interrogantes acerca de sus causas y efectos. Y es que si bien la mayoría de comentaristas han incidido en la debilidad de la demanda mundial asociada a la recesión económica en Europa, así como la atenuación del crecimiento en los países emergentes y las no resueltas dudas acerca de la recuperación en Estados Unidos, no parece que todo ello sea suficiente para explicar el fenómeno. No se espera que la demanda crezca de modo perceptible, pero tampoco se prevé que disminuya. De hecho, las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía para 2015 apuntan a un crecimiento de la demanda de crudo del 1,2 %. En consecuencia, a la hora de explicar la caída en los precios del crudo, las miradas han de dirigirse fundamentalmente hacia la oferta.



En efecto, es de sobra conocido que en los últimos meses la oferta ha crecido. Los países de la OPEP, que llevaban más de dos años disminuyendo su producción, compensando así los aumentos en la extracción de crudo por parte de los países de fuera de la OPEP, han cambiado de estrategia y desde septiembre están aumentando su producción. A ello hay que sumar la progresiva consecución por parte de los EE UU de su objetivo de autonomía energética gracias a la aplicación de la tecnología de fracking. Dada la atonía de la demanda en Europa, todo ello se ha traducido en que los países exportadores de petróleo tengan que disputarse un mercado reducido, fundamentalmente el asiático, con el previsible efecto a la baja sobre el precio del crudo.
Una caída en el precio del petróleo debería ser vista como una buena noticia económica para los países industriales en general e importadores de petróleo en particular, pues la disminución en los costes de producción y en precios que implica deberían impulsar la actividad económica. Tal situación sería así la opuesta a la que se observó en los años 70. Sin embargo, las cosas no están tan claras en un entorno económico global estancado, cuando no recesivo, en muchas áreas. La caída en los precios del petróleo acentúa el riesgo de que la economía mundial se sumerja en una deflación que deprima todavía más las sombrías perspectivas de recuperación. Y es que, ante la previsión de que los precios caigan en el futuro, los consumidores tienden a posponer sus decisiones de compra; en tanto que el ascenso en los tipos de interés reales desincentiva a los inversores.
El peligro de deflación mundial crece con la previsión de nuevas caídas del precio
Si no les interesa que acontezca tal estado de cosas a los demandantes ni a los oferentes, la pregunta pasa a ser la de cómo los actores implicados permiten que ello suceda. Más concretamente, dadas las especiales características que tiene el mercado de petróleo desde el lado de la oferta —con la presencia de una agrupación de países, la OPEP, que actúa al unísono y controla el 43 % de la producción mundial y el 51 % de las exportaciones de crudo— la pregunta es: ¿por qué no actúa para impedir que los precios del petróleo caigan?
El papel que aquí juega Arabia Saudí es fundamental. Controla el 18 % de las reservas probadas de petróleo así como el 13 % de la producción mundial y de las exportaciones. Nadie duda por ello de que su posición dentro de la OPEP es determinante, y está detrás de la política que ha mantenido en los últimos años el precio del crudo en el entorno de los 100-120 dólares el barril.
El cambio actual en el comportamiento de Arabia Saudí, que parece apostar por un precio del barril entre los 80-90 dólares para los próximos dos años puede explicarse, como mínimo, en términos geoeconómicos. Para mantener su posición de líder en el mercado de crudo, uno de sus objetivos a medio y largo plazo, sin duda, es dificultar que las fuentes no convencionales de petróleo (los yacimientos en aguas ultra profundas, en zonas difíciles como el Ártico y las de petróleo de esquisto y arenas bituminosas) se conviertan en suficientemente competitivas de su producción y supongan un riesgo para su posición predominante en el mercado. Dado que esas tecnologías extractivas son más caras que las tradicionales, el mecanismo para dificultarlas pasa por hacer una política predatoria de precios.
En efecto: si bien los costes en los diferentes yacimientos son distintos, se estima que por término medio tanto la extracción de petróleo por fractura hidráulica como la explotación de yacimientos en aguas ultra profundas necesita de unos precios del crudo en torno a los 80 dólares para cubrir costes. Ello implica que, si bien la producción de petróleo a partir de estas fuentes no convencionales no desaparece caso de que los precios actuales se mantengan a medio plazo, la inversión en nuevas exploraciones y explotaciones se ve desincentivada. Que este factor pesa en las decisiones saudíes es evidente e incluso fue expresado públicamente en noviembre de 2013, cuando la Saudi Gazette publicó un editorial en que se hacía eco de voces que sugerían que Arabia Saudí podría aumentar la producción de petróleo hasta que su precio cayese por debajo de los 70 dólares por barril, para así “hacer desaparecer el petróleo de esquisto del mapa de la producción mundial de petróleo”.
Arabia Saudí quiere bajar el barril para dificultar alternativas a su oro negro
Y una última consideración: el petróleo no es solo la fuente de energía más importante para las economías industriales; también es o puede ser usado como arma económica en el escenario geopolítico. Y a este respecto, resulta difícil abstraerse del hecho de que unos precios del petróleo en torno a los 80 dólares el barril ponen en serias dificultades las cuentas públicas y las balanzas comerciales de Irán, Venezuela y Rusia, países con los que EE UU está en una tensión permanente, agudizada en el último caso por la continuada crisis en Ucrania. Aunque las cifras no son enteramente seguras, se estima que Irán tendría problemas de financiación tanto de sus cuentas públicas como de su sector exterior por debajo de los 130-135 dólares, y a Venezuela y Rusia les pasaría lo mismo por debajo de los 120 y 100 dólares respectivamente.
Pues bien, sería auténticamente conspiranoico pensar que EE UU está detrás de la caída en el precio del petróleo. No obstante, resulta innegable que le viene más que bien desde un punto de vista geopolítico. Lo que lleva a pensar que Estados Unidos no presionará de modo decisivo a su tradicional amigo saudí para que actúe restringiendo a medio plazo su oferta.
Fernando Esteve Mora y José Manuel Rodríguez Rodríguez son profesores de Teoría Económica de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM)[/PIEPAG] y forman parte de su Escuela de Inteligencia Económica.
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