sábado, 29 de noviembre de 2014

El sombrío panorama de Venezuela

Aun cuando permanezca al corriente en sus compromisos financieros, Venezuela está rezagada en otras cuentas

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Un gran productor petrolero incapaz de pagar sus cuentas durante un prolongado auge de los precios del petróleo es un ente raro. Gracias a una colosal mala administración económica, sin embargo, eso es exactamente en lo que se ha convertido Venezuela, el décimo exportador de petróleo más grande del mundo.
 
 
 
Al final del segundo trimestre, las cuentas relacionadas con el comercio de Venezuela excedían los 21,000 millones de dólares que actualmente tiene en activos extranjeros, casi todos los cuales están en oro o son difíciles de convertir en efectivo. 
 
El gobierno insiste en que tiene los medios y la voluntad de pagar a los tenedores de bonos extranjeros, y pocos observadores esperan que incumpla la fecha límite. Aun así, la temida palabra “moratoria” ha estado circulando.
 
El 16 de septiembre, la agencia calificadora Standard & Poor’s degradó la deuda venezolana, evaluando al país como “vulnerable y dependiente de condiciones empresariales, financieras y económicas favorables para cumplir con sus compromisos financieros”. Las versiones de que el gobierno está buscando vender Citgo, una subsidiaria de refinación estadounidense de Petróleos de Venezuela, la empresa petrolera estatal, han avivado los rumores de problemas de flujo de efectivo.
 
Aun cuando permanezca al corriente en sus compromisos financieros, Venezuela está rezagada en otras cuentas. A principios de este mes, dos economistas venezolanos basados en Harvard, Ricardo Hausmann y Miguel Ángel Santos, causaron agitación al criticar la decisión del gobierno de seguir pagando rigurosamente a los tenedores de bonos mientras acumulan miles de millones de dólares en atrasos con los proveedores de alimentos, medicinas y otros suministros vitales.
 
“Incumplir a 30 millones de venezolanos en vez de a Wall Street”, escribieron para el sitio web Project Syndicate, “es una señal de la bancarrota moral” del gobierno.
 
En respuesta, el presidente Nicolás Maduro calificó a Hausmann de “sicario financiero” y lo amenazó con una acusación judicial.
 
Otro economista venezolano, Francisco Rodríguez, de Bank of America Merrill Lynch, piensa que la escasez de productos básicos se origina en la negativa del gobierno a adoptar políticas cambiarias sensatas. 
 
En el mercado negro un dólar se vende en más de 90 bolívares, mientras que los dólares oficiales valen entre 6.30 y 50 bolívares, dependiendo de cuál de los múltiples tipos de cambio del país se use. Las exportaciones de petróleo y sus derivados, que se denominan en dólares, representan 97 por ciento de los ingresos externos de Venezuela. 
 
Usar un tipo de cambio oficial sobrevaluado significa que el país no está percibiendo tanto dinero como podría: el déficit fiscal alcanzó el 17.2 por ciento del PIB el año pasado.
 
El gobierno ha estado cubriendo esa diferencia en parte imprimiendo bolívares. Eso ha causado que la oferta de dinero casi se haya cuadruplicado en dos años y llevado a la tasa de inflación más alta del mundo, de más de 60 por ciento al año. 
 
Según estimación del gobierno, los precios de los alimentos casi se han duplicado en el último año, afectando a los pobres, su principal grupo de electores, más duramente que a todos.
 
Aun peor que la inflación es la escasez. El banco central dejó de publicar las cifras de escasez mensuales a principios de este año, pero estimaciones independientes sugieren que faltan en los anaqueles más de un tercio de los productos básicos.
 
Según Freddy Ceballos, presidente de la Federación de Farmacias, seis de cada 10 medicamentos no están disponibles. La lista comprende desde analgésicos como paracetamol hasta tratamientos para el cáncer y el VIH.
 
Un efecto colateral inesperado ha sido un significativo aumento en la demanda de agua de coco, que los venezolanos normalmente compran para mezclar con whisky. Actualmente es buscada más por sus supuestas propiedades antivirales y antibacterianas.
 
Incapaz de obtener lo que se necesita a través de los canales normales, la gente está teniendo que improvisar. Las redes sociales están llenas de solicitudes de medicamentos que se requieren urgentemente, mientras que algunos productos altamente buscados – digamos, pañales – se ofrecen a cambio de otros, como refacciones para autos.
 
Los suficientemente afortunados para tener familiares o amigos en el extranjero organizan canales de ayuda de emergencia.
 
“Mi primo en Panamá envía el tratamiento para el mal de Parkinson de mi madre”, dijo un residente de Caracas. “Cuesta 30 dólares cada vez ahí, comparado con unos cuantos bolívares aquí, pero aquí no se puede conseguir”.
 
Un partido político de oposición ha pedido a la Cruz Roja que ayude a aliviar la escasez de medicamentos.
 
El lío es un reflejo no solo de la dependencia de las importaciones y la escasez de dólares, sino también de la mala administración de la industria nacional. Algunos productores de alimentos han sido nacionalizados, y los controles de precios a menudo han dejado a los fabricantes operando con pérdidas.
 
Algunos aumentos de precios fueron autorizados recientemente, pero los fabricantes dicen que es imposible mantener la producción normal con esas políticas intermitentes.
 
Por su parte, el gobierno culpa a lo que llama una “guerra económica” y el comercio de contrabando. Ha instituido un cierre nocturno de la frontera con Colombia, y planea tomar las huellas digitales de los compradores para evitar las compras “excesivas”.
 
Las perspectivas de un cambio de rumbo son sombrías. El 2 de septiembre, Maduro reemplazó al vicepresidente para asuntos económicos, Rafael Ramírez, con un general del ejército. Ramírez también perdió su puesto como presidente de Petróleos de Venezuela en el reacomodo, en el cual fue trasladado al ministerio de Relaciones Exteriores. 
 
Bajo la administración de Ramírez, Petróleos no ha prosperado. Las exportaciones petroleras han caído en más de 40 por ciento desde 1997 debido a la falta de inversión, anulando el beneficio de las ganancias de precios. Sin embargo, Ramírez era visto como el único hombre en el gabinete que argumentaba a favor de la unificación de los tipos de cambio, un recorte en los subsidios al combustible y un freno a la creciente oferta de dinero.
 
Las calles de Venezuela están más tranquilas ahora que a principios de este año, cuando choques entre manifestantes de oposición y fuerzas del gobierno dejaron más de 40 muertos. El reacomodo del gabinete parece haber fortalecido la posición de Maduro.
 
Los tenedores de bonos bien podrían seguir recibiendo sus pagos, pero el precio de la supervivencia de la revolución parece ser la lenta muerte de Venezuela.
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