jueves, 20 de noviembre de 2014

Obama, el emperador de Estados Unidos

El presidente actúa en solitario y por decreto para sacar adelante una parcial e incompleta reforma migratoria

Washington 
Obama anunciará sus medidas este jueves. / WHITE HOUSE

Antes de que sus detractores le otorguen el cargo, lo que ha hecho hoy el portavoz de John Boehner, Barack Obama ya se lo había concedido a sí mismo. El presidente de Estados Unidos había dicho con anterioridad que de actuar de forma unilateral ante la reforma migratoria se convertiría en lo que no es, en "un emperador", en “un rey”. “Soy el cabeza del poder ejecutivo y estoy llamado a seguir la ley”. La cita es de enero de 2013.



Febrero del mismo año, respuesta similar ante parecida pregunta sobre qué hacer con los más de 11 millones de indocumentados que residen en el país: “El problema es que soy el presidente de Estados Unidos. No soy el Emperador de Estados Unidos. Mi trabajo es ejecutar la leyes que se aprueban y hasta ahora el Congreso no ha actuado para cambiar lo que yo considero un sistema de inmigración roto”.
Meses después, con la suerte de las elecciones legislativas ya echada y el Congreso en manos republicanas a partir de enero, Obama sumará su nombre esta noche de jueves al de presidentes que decidieron cambiar el curso de la historia a golpe de decreto ejecutivo, circunvalando la autoridad del Congreso. Bajo una acción ejecutiva firmó Abraham Lincoln la Proclamación de Emancipación que hacía libres a los esclavos y Harry Truman usó el mismo recurso para poner fin a la segregación en el Ejército. Y aún así, todo el ruido mediático no deja escuchar que Obama ha sido el presidente desde William McKinley (1897-1901) que menos órdenes ejecutivas ha firmado (193 frente a 185 –George W. Bush emitió 291 y Bill Clinton 364-).
Bajo una acción ejecutiva firmó Abraham Lincoln la Proclamación de Emancipación que hacía libres a los esclavos y Harry Truman usó el mismo recurso para poner fin a la segregación en el Ejército
El debate ha quedado abierto, lo abrió –queriendo o no, planificado o no- el propio presidente, y ahora tanto los contrarios a la ya llamada amnistía ejecutiva como parte de quienes abogan por la necesidad de cambiar el sistema de inmigración van a pelear la iniciativa al considerarla un abuso del poder presidencial.
Obama defendía su postura durante el pasado fin de semana en la rueda de prensa al final de la cumbre del G20 en Brisbane (Australia), donde se encontraba en el tramo final de su gira asiática. “Mi posición no ha cambiado”, dijo, justificando su intención de gobernar por decreto en lo que a legalizar a irregulares se refiere. La Casa Blanca explicó su declaración al decir que los cambios en los comentarios del presidente en los últimos años reflejan un giro en el énfasis, no en la opinión.
Dicho de otra manera, los matices son importantes: la anterior opinión del mandatario enfatizaba los límites de su autoridad porque en ese momento estaba centrado en que el Congreso pasara una ley que reformara de manera integral la ley migratoria. En este momento, ahora, sigue la Casa Blanca, el mandatario enfatiza su habilidad para actuar.
El diario The Washington Post, le recordaba unas palabras de principio de año al mandatario en un editorial de este martes. “Actuar en solitario no es como funciona nuestra democracia”. “Créanme, la idea de hacer esto yo solo es muy tentadora”, dijo presionado por los grupos a favor del cambio. “Y no solo con la reforma migratoria, pero así no es cómo funciona nuestro sistema, así no está escrita nuestra Constitución”, declaro entonces quien fue profesor de derecho constitucional.
Obama ha sido el presidente desde William McKinley (1897-1901) que menos órdenes ejecutivas ha firmado (193 frente a 185 –George W. Bush emitió 291 y Bill Clinton 364-)
En este paso que va a tomar Obama hay mucho de estrategia política de cara al futuro y poco de improvisación -legalizar con una orden ejecutiva ahora al alrededor de cinco millones de inmigrantes sin papeles asfalta un peligroso camino para quien venga detrás y ose revocarlo-. Porque desde luego, si se han esperado seis años, se podría esperar más y no sucumbir a este repentino lanzarse en brazos de una unilateralidad que decía rechazar. No existe una crisis que amenace la seguridad de la nación, que esté forzando la mano del presidente para actuar por decreto.
El debate interno ya bulle dentro del Partido Republicano y supondrá una prueba importante para el liderazgo de ambas cámaras. John Boehner y Mitch McConnell deberán probar que pueden gobernar y obviar las voces más estridentes que les van a reclamar que, por ejemplo, si Obama decide anunciar su acción ejecutiva antes del 11 de diciembre –fecha límite para financiar el Gobierno- despoje de fondos las partidas que financian el sistema e incluso se llegue a un nuevo cierre del Gobierno. Pero si el presidente da su golpe de timón después de esa fecha, lo que sufrirá un revés será sin duda la confirmación ante el Senado de la nueva secretaria de Justicia, Loretta Lynch.
Ante lo que parece el inminente anuncio presidencial de que alrededor de cinco millones de personas podrían de dejar de vivir en las sombras, la derecha no parece motivada en sus ataques políticos a la Casa Blanca por la inmigración ilegal en sí tanto como por el método escogido por Obama para integrar a esas personas en la legalidad estadounidense. Lo que no deja de ser sorprendente, ya que dos de los últimos tres presidentes republicanos –Ronald Reagan y George Bush padre- hicieron lo mismo al extender la amnistía a los familiares que no quedaban protegidos por la última gran reforma migratoria, la dictada en 1986.
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