Una de las prioridades de Obama fue reestablecer relaciones diplomáticas con Cuba. MANDEL NGAN/AGENCE FRANCE-PRESSE/GETTY IMAGES
Semanas después de su reelección en 2012, el presidente Barack Obama reunió a su equipo de política exterior en la Sala de Situación de la Casa Blanca para establecer la agenda de su segundo período.
Ahora que estaba libre de las lides políticas de otra campaña presidencial, Obama —según dijeron participantes de la reunión— quería una evaluación “visionaria” de todas las políticas de gobierno que valiera la pena considerar. Nada quedaba fuera de la conversación.


 
Lo que surgió de esa reunión fue una reorientación amplia y fundamental de la política exterior estadounidense, con cuatro iniciativas principales: concluir un acuerdo nuclear con Irán; reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba; elevar el cambio climático a un problema de seguridad nacional, y completar un acuerdo de libre comercio con Asia.
Esta ofensiva de política exterior de Obama, descrita por una decena de funcionarios y ex funcionarios estadounidenses involucrados en su ejecución, fue un plan para cumplir con su promesa electoral de 2008 de terminar con décadas de doctrina de política exterior estadounidense post-Guerra Fría.
En conjunto, las iniciativas reflejan la creencia de Obama de que, para ganar una influencia estadounidense duradera, los esfuerzos diplomáticos y económicos son más importantes que el poderío militar. David Axelrod, uno de sus asesores más cercanos desde la campaña de 2008, dijo que las semillas de la agenda de política exterior del segundo mandato del presidente “se plantaron en los primeros días del primer mandato”.
El camino a veces ha sido difícil. Las cuatro iniciativas han suscitado controversia: en tres de ellas (Irán, Cuba y el cambio climático), Obama desafió a los republicanos y la vieja guardia de la política exterior, y el acuerdo comercial desencadenó un conflicto en su propio partido.
Otros problemas, que a los ojos de sus críticos tomaron al presidente desprevenido, abarrotaron la agenda de política exterior. China fue una prioridad desde el principio del gobierno, pero Beijing ha desafiado repetidamente a la Casa Blanca, adoptando una postura militar y económica agresiva en Asia que ha alarmado a los aliados de Estados Unidos.
Después de que Obama buscara “reiniciar” las relaciones con Rusia durante su primer mandato, el presidente Vladimir Putin lanzó una campaña de intimidación contra Ucrania. Las medidas de Putin amenazan la cooperación con Moscú, que el gobierno necesita para lograr algunos de sus otros objetivos, incluyendo la reducción de armas nucleares. La iniciativa con Irán ha desatado una tormenta en las relaciones con Israel, y Obama ha tenido que invertir tiempo y capital político tratando de contenerla.
“Rusia, Irán y China, cada uno a su manera, están tratando de cambiar el statu quo internacional (...) Los tres consideran que el orden mundial sostenido por EE.UU. es vulnerable”, dijo Walter Russell Mead, profesor del Bard College y académico del Instituto Hudson, un centro de estudios de orientación conservadora de Washington. “Hasta el momento, no parece que el gobierno de Obama haya logrado cambiar la forma de pensar en ninguna de las capitales de esos países”.
El gobierno pareció además sorprendido por la rápida expansión de Estado islámico en Siria e Irak. Hace un año, los colaboradores de Obama se alarmaron cuando éste dijo públicamente que no tenía una estrategia contra esos militantes. El comentario indicaba que temía que el problema de Irak, que el presidente esperaba haber dejado atrás, volvía para descarrilar su agenda.
El comentario generó un torrente de críticas, que fueron como “un chorro agua fría en la cara” para Obama, según un alto funcionario del gobierno. Obama accedió a hacer un esfuerzo concertado para reencarrilar su plan de política exterior, mientras que la lucha contra Estado Islámico subía de lugar en su lista de prioridades.
“[Obama] ve estos temas y dice: ‘Sí, tenemos que lidiar con el terrorismo, tenemos que hacer frente a los desafíos de seguridad en Medio Oriente, pero no podemos ser consumidos por eso’, en parte porque esa no es la cuestión ni la región que va a definir los próximos 50 o 100 años”, dijo Ben Rhodes, un asesor adjunto de seguridad nacional.
En la reunión de política exterior de diciembre de 2012, Obama encargó a Rhodes iniciar conversaciones secretas con Cuba, una iniciativa que desde entonces ha abierto la puerta a la restauración de las relaciones diplomáticas con La Habana.
Poco después de la reunión, diplomáticos estadounidenses también ampliaron los contactos secretos con Irán, que han llevado a Washington a estar a punto de concretar un acuerdo para frenar el programa nuclear de Teherán a cambio del levantamiento de sanciones internacionales.
La estrategia del segundo mandato
Altos funcionarios de la Casa Blanca dicen que el primer mandato de Obama se definió en gran parte por la crisis económica mundial, las guerras en Irak y Afganistán, y las batallas políticas en Washington. En su segundo mandato, Obama estuvo más dispuesto a chocar con aliados extranjeros y los líderes demócratas.
Israel y los estados árabes han enfrentado públicamente a la Casa Blanca por las conversaciones con Irán, y muchos legisladores demócratas se opusieron a Obama por el acuerdo de comercio con Asia, que según sus críticos podría perjudicar a los trabajadores estadounidenses.
Un esfuerzo de Obama para asegurar la paz árabe-israelí, impulsado por el secretario de Estado John Kerry, fracasó.
“Cada presidente tiene que vivir dentro de los parámetros de la política, y no hay dudas de que hubo limitaciones a causa de la última campaña”, dijo Axelrod. “Considerando esto, creo que en realidad [Obama] ha sido muy coherente. Está sintiendo la presión del tiempo”.
Algunos republicanos acusan a la Casa Blanca de llevar a cabo una agenda que está debilitando a EE.UU. y sus aliados, al tiempo que divide a Medio Oriente. El acuerdo con Irán, dicen, deja a ese país aún en condiciones de construir un arma nuclear, y empuja a rivales como Arabia Saudita a buscar su propia bomba.
Obama también enfrenta críticas del Partido Republicano, que lo acusa de no haber logrado detener los esfuerzos de Rusia y China para redibujar las fronteras internacionales. Funcionarios estadounidenses dijeron recientemente que Beijing había instalado armas en las Islas Spratly en el Mar de China Meridional, la más reciente instancia de una vieja controversia sobre la soberanía del archipiélago, situado en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo.
Las relaciones se tensaron aún más este mes después de que funcionarios estadounidenses dijeran que sospechaban que hackers chinos robaron los registros de personal de más de cuatro millones de trabajadores del gobierno de EE.UU.
Las iniciativas de política exterior de Obama se han colado en la campaña presidencial de 2016. Contendientes republicanos dicen que van a vincular a la principal candidata demócrata, la ex secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, al historial de Obama.
“Corresponderá a nuestro próximo presidente corregir los errores cometidos por el actual”, dijo el mes pasado el senador republicano Marco Rubio, candidato a la presidencia, ante el Consejo de Relaciones Exteriores. “Corresponderá a nuestro próximo presidente financiar adecuadamente y modernizar nuestras fuerzas armadas. Corresponderá a nuestro próximo presidente restaurar la fe de nuestro pueblo en la promesa y el poder del ideal estadounidense”.
“Hemos cometido algunos errores peligrosos en los últimos años”, sostuvo este mes el senador republicano Lindsey Graham al anunciar su candidatura presidencial para 2016. “El gobierno de Obama, y algunos de mis colegas en el Congreso, reemplazaron la sólida estrategia de seguridad nacional por fantasías”.
Funcionarios de la Casa Blanca dicen que Obama ha reforzado el prestigio de EE.UU. en el extranjero, en parte debido a la reducción del ejercicio del poder militar en favor de la diplomacia.
Las ambiciones de política exterior de Obama se remontan a los primeros días de su presidencia, dicen asesores actuales y pasados. Dos semanas antes de las elecciones de 2008, Obama convocó a expertos en política exterior, incluyendo a su principal asesor de Oriente Medio en ese momento, Dennis Ross, y al ya fallecido enviado especial del Departamento de Estado, Richard Holbrooke, a un hotel de Chicago para trazar la agenda de su primer mandato.
Entre las prioridades de Obama se encontraba terminar de forma paulatina con la guerra en Irak y contener a los talibanes en Afganistán, dijeron participantes de la reunión. Invirtiendo el rumbo de su predecesor George W. Bush, Obama también quería involucrar a Irán y su aliado regional más cercano, el presidente sirio Bashar al-Assad.
Semanas después de asumir el cargo, Obama envió la primera de al menos cuatro cartas al líder supremo de Irán, ayatolá Ali Khamenei, llamando a mejorar las relaciones, dijeron funcionarios estadounidenses. También envió emisarios de alto nivel a encontrarse con colaboradores de Assad en Damasco. Ni Irán ni Siria se hicieron eco de sus propuestas.
Otros objetivos globales de la Casa Blanca durante el primer mandato de Obama, como mejorar las relaciones con Cuba, Corea del Norte y Rusia, quedaron en el camino debido a la resistencia política interna y los cambios de poder en Pyongyang y Moscú.
Los éxitos del presidente en su primer período incluyeron la muerte de Osama bin Laden y la finalización del New START, un tratado de control de armas nucleares firmado con Moscú antes de que Putin recuperara la presidencia rusa.
Obama también retiró todas las tropas estadounidenses de Irak a finales de 2011 y supervisó una reducción significativa de las fuerzas estadounidenses en Afganistán. Los críticos dicen que la retirada de Irak permitió que Estado Islámico floreciera. Funcionarios de la Casa Blanca dijeron que Irak rechazó una continuación de la presencia militar de EE.UU., y no le dejó otra opción a Obama.
Después de su reelección en 2012, Obama estaba decidido a completar sus promesas de campaña, dijeron funcionarios de la Casa Blanca, y sentía que podía tomar más riesgos políticos. Algunas de las críticas más incisivas a los esfuerzos de Obama, incluyendo su acercamiento a Irán, han venido de los demócratas.
Oportunidades globales
Los cambios internacionales también le dieron confianza a Obama, dijeron funcionarios del gobierno. A fines de 2012, las sanciones internacionales contra Irán, por ejemplo, redujeron sus exportaciones de petróleo a la mitad. En opinión de la Casa Blanca, esto hizo que Khamenei estuviera más dispuesto a negociar sobre el programa nuclear de Irán. Además, la economía global se estabilizó, fortaleciendo la influencia de Obama en política comercial. Por su parte, los hermanos Castro de Cuba quedaron aislados tras la muerte a principios de 2013 de Hugo Chávez, el hombre fuerte de Venezuela que era su principal aliado latinoamericano.
Después que Obama le pidiera a Rhodes que sostuviera reuniones secretas con diplomáticos cubanos, funcionarios de ambos gobiernos se reunieron en hoteles de Toronto y Ottawa durante meses antes del anuncio de las conversaciones en diciembre.
Las negociaciones nucleares de Irán requirieron maniobras aún más secretas. Durante casi un año, a partir de marzo de 2013, un equipo de negociadores estadounidenses se reunió clandestinamente con sus homólogos iraníes en Nueva York, Ginebra y el sultanato de Omán en el Golfo Pérsico.
Los estadounidenses volaron en aviones del gobierno sin identificación. A veces, estuvieron a punto de cruzarse con colegas del Departamento de Estado que viajaban a las mismas ciudades por otros asuntos, de acuerdo con los participantes en las conversaciones con Irán.
Cuando los objetivos de la política de cambio climático de Obama fueron obstaculizados por un Congreso de mayoría republicana, el presidente trató a avanzar con sus propuestas de forma internacional. Durante una reunión en un centro turístico de California en junio de 2013, Obama le planteó al nuevo presidente de China, Xi Jinping, forjar un acuerdo climático entre Washington y Beijing. Esto fue seguido por reuniones privadas entre colaboradores y una carta presidencial secreta. Estos esfuerzos produjeron nuevos compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Cuando las iniciativas secretas de Obama para Irán y Cuba finalmente salieron a la luz, fueron criticadas por haber sido ejecutadas sin el conocimiento de aliados cercanos de EE.UU., como Israel, Arabia Saudita y Colombia.
“Es un gobierno que en su proceso de pensamiento y toma de decisiones se ha vuelto muy centralizado, quizás el más centralizado desde Nixon y Kissinger”, dijo Brian Katulis, un alto miembro del Center for American Progress, un centro de estudios de orientación de izquierda Washington.
El presidente confía en gran medida en asesores alejados de las personalidades establecidas de su primer mandato, como Hillary Clinton, Ross y el secretario de Defensa Robert Gates.
Obama ha reunido un grupo de colaboradores cuyos puntos de vista a menudo están en desacuerdo con la corriente principal de Washington, y más en línea con su propio pensamiento. Entre ellos se incluyen Rhodes, la asesora de seguridad nacional Susan Rice, la embajadora en Naciones Unidas Samantha Power y el experto en Medio Oriente Robert Malley, personas conectadas con Obama desde su primera campaña presidencial.
Malley, el principal asesor para Medio Oriente del Consejo de Seguridad Nacional, ha argumentado durante años que para estabilizar Medio Oriente, Washington debía involucrar a Irán y a sus aliados. Antes de unirse al equipo de la Casa Blanca, Malley hizo contactos con miembros de Hamas y Hezbolá, organizaciones terroristas según EE.UU. Esto provocó la ira de los grupos de presión pro-Israel durante la campaña de 2008, que lo obligaron a renunciar. Ahora, Malley integra el equipo que negocia con Irán.
Colin Kahl, asesor de seguridad nacional del vicepresidente Joe Biden, también defendió el involucramiento de Irán antes de sumarse a la Casa Blanca el año pasado. “Un acuerdo podría potenciar a los pragmáticos [dentro de Irán], dándoles una gran victoria, permitiéndoles tal vez recuperar mayor influencia en la política exterior de Irán e impulsar una reforma interna”, dijo Kahl el mes pasado.
Los próximos meses podrían definir el legado de política exterior de Obama y delinear la seguridad nacional estadounidense durante años, según la Casa Blanca y sus críticos.
Después de haber logrado el compromiso de China, Obama está presionando por un acuerdo internacional para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero durante la cumbre que se llevará a cabo en diciembre próximo en París.
El Congreso, por su parte, aprobó un proyecto de ley que le dará al presidente la autoridad para concluir negociaciones sobre el acuerdo de libre comercio con 12 naciones del Pacífico antes del fin de su segundo mandato. Obama ya selló el proyecto con su firma.
Además, el presidente espera completar un acuerdo con Irán en los próximos días.
El mes pasado, Obama recibió a los líderes de seis países árabes en su retiro presidencial de Camp David, Maryland., para promocionar los beneficios de un acuerdo nuclear con Irán.
Algunos le advirtieron a Obama que levantar las sanciones económicas contra Teherán, y liberar ingresos de petróleo congelados por unos US$150.000 millones, podrían alimentar la inestabilidad. Argumentaron que Teherán usaría ese dinero para financiar a Hamas, Hezbolá y sus aliados en Siria, Irak y Yemen.
Obama no se dejó persuadir.
“El presidente parecía totalmente convencido de sus puntos de vista”, dijo un funcionario árabe que estaba presente.