martes, 7 de julio de 2015

El poderío de Alemania divide a la Unión Europea

El poderío de Alemania divide a la Unión Europea

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Por Anton Troianovski
BERLÍN—Bajo el domo de cristal del Reichstag, el Parlamento alemán, el líder izquierdista de oposición Gregor Gysi acusaba a la canciller Angela Merkel de lastrar a Grecia con una tasa de desempleo asombrosa, recortes salariales devastadores y “comedores de beneficencia tras comedores de beneficencia”.
Merkel estaba sentada a unos pocos metros, con un rostro inexpresivo mientras revisaba los mensajes en su teléfono inteligente.
El poder de Merkel aparenta ser cada vez más intocable después de pasar una década como canciller, tanto dentro de Alemania como en Europa. No obstante, ahora que el rechazo de los griegos a las exigencias de los acreedores para otorgar un nuevo paquete de financiamiento representa el mayor desafío a la integración europea en décadas, los riesgos al proyecto europeo provenientes del ascenso de Alemania como el país más poderoso del continente se han vuelto evidentes.

 
“No queremos ser una colonia de Alemania”, dijo el viernes Pablo Iglesias, el líder de Podemos, el partido español que se opone a las medidas de austeridad. El domingo, luego de que quedó claro que los griegos habían optado por el “No”, el líder populista italiano Beppe Grillo dijo que “ahora Merkel y los banqueros tendrán cosas para meditar”. Merkel viajó el lunes a París para sostener reuniones en medio de señales cada vez más nítidas de que Francia está resistiendo la línea dura que Berlín ha adoptado con Grecia.
“Lo que está ocurriendo ahora es una derrota para Alemania en particular, mucho más que cualquier otro país”, dice Marcel Fratzscher, director del Instituto Alemán de Estudios Económicos, un centro de estudios de Berlín. “Alemania, a fin de cuentas, ha ayudado a determinar la mayoría de las decisiones europeas de los últimos cinco años”.
Los funcionarios alemanes confiesan, en privado, que a veces les cuesta creer que su país tenga un mayor impacto en la mayoría de los debates sobre políticas europeas que el Reino Unido o Francia, pese a contar con una débil presencia militar y un público centrado en los asuntos internos. En realidad, este parece ser el momento de mayor influencia alemana desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Analistas de centros de estudios, diplomáticos y políticos alemanes consideran el ascenso germano como algo positivo. Señalan que la estabilidad, la paciencia y una disciplina ligada a reglas previamente establecidas que muestra el gobierno alemán son, precisamente, las virtudes que necesita Europa en una época turbulenta. Alemania, con una economía que depende de las exportaciones y una identidad nacional fraguada en una historia conflictiva, es el país que tiene más que perder si se desmorona la integración europea y está abocada a fortalecer la unión, sostienen.
La popularidad de Merkel no ha decaído en Alemania, pese a la crisis griega, y se mantenía en 67% en una encuesta publicada a fines de junio. No obstante, si la canciller decide ofrecer zanahorias políticas para mantener a Grecia en la zona euro, sería duramente criticada. Apenas 10% de los alemanes apoya que se otorguen nuevas concesiones a Grecia, indicó un sondeo divulgado la semana pasada.
El poderío alemán también genera tensión al interior de la Unión Europea, una alianza que se forjó como una sociedad entre iguales y que ahora tiene problemas para acomodar el creciente dominio de uno de sus miembros.

Después de cada crisis en la que Merkel asume el papel de encargada de resolver el problema, el mensaje para muchos europeos es que a pesar de hablar incansablemente de un “proyecto europeo”, quienes están a cargo son los alemanes y los burócratas sin rostro de Bruselas.
Es probable que la reacción en contra de Alemania crezca si se agrava la crisis de la zona euro y las políticas de Berlín se vuelven más enérgicas.
El ceño fruncido del ministro de Finanzas alemán de 72 años, Wolfgang Schäuble, apareció en algunos de los afiches que instaban a los electores griegos a rechazar las peticiones de los acreedores. “Ha estado chupando tu sangre durante cinco años. Es hora de decir NO”, rezaba la pancarta.
“Quieren humillar a Grecia y enviar una señal de advertencia a España, Portugal e Italia”, dice Hilario Montero, un jubilado que acudió hace poco a una manifestación en apoyo a Grecia en Madrid, refiriéndose a Berlín y Bruselas. “El mensaje es que está prohibido cruzar los límites que fijaron”.
El poderío alemán polariza a Europa. Merkel es popular entre la clase dirigente europea, aunque los políticos populistas la acusan de estar formando un “Cuarto Reich” dominado por el capitalismo alemán.
Una encuesta divulgada en junio mostró que Merkel era la segunda política más reprobada por los españoles después del presidente ruso Vladimir Putin, con un nivel de desaprobación de 54%. Merkel, no obstante, también obtuvo uno de los mayores niveles de aprobación, con 39%, por encima de los líderes de Italia, la Comisión Europea y Naciones Unidas.
Grecia, no obstante, representa la prueba más directa a la Europa de Merkel. Su gobierno jugó el papel protagónico a la hora de dar forma a las exigencias de medidas de austeridad y reformas económicas impuestas para obtener fondos de rescate de la zona euro y fue la voz más influyente que se opuso a una reestructuración de la deuda griega. La prensa española la apodó “la inspectora”.
La forma en que Alemania ha determinado la respuesta europea a la crisis griega ha desatado duras críticas en Francia, que se han vuelto populares en los políticos de la extrema derecha y la extrema izquierda en un país cuya influencia antes excedía a la de su vecino. En una encuesta publicada en diciembre, 74% de los entrevistados dijeron que la influencia de Alemania en la política de la UE era excesiva.
Marine Le Pen, la líder del partido de extrema derecha Frente Nacional, dijo en una entrevista con la revista alemana Der Spiegel que Merkel “quiere imponer algo sobre el resto que conducirá a la explosión de la Unión Europea”.
El deterioro de la crisis griega ha abierto grietas en el consenso de la clase dirigente europea. El presidente francés, François Hollande, del Partido Socialista, enfrenta una rebelión de miembros de su mayoría parlamentaria que lo acusan de acceder a las medidas de austeridad impulsadas por Alemania y abandonar su promesa electoral de 2012 de buscar políticas que estimulen el crecimiento en Europa.
No obstante, políticos y destacados comentaristas en Alemania creen que un rol más protagónico de Alemania en Europa es el curso responsable a seguir. “En términos políticos y económicos, los países estables no se pueden esconder”, dijo hace unos meses el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier. “Alemania es demasiado grande e importante para asumir un papel marginal en los asuntos internacionales”.
El connotado politólogo berlinés Herfried Münkler publicó en marzo un libro que refleja la forma de pensar de la élite alemana en temas internacionales. Alemania, escribió, tiene el deber de liderar a Europa porque ni Bruselas ni ningún otro país de la UE es lo suficientemente fuerte para hacerlo. En una entrevista reciente, Münkler añadió que Alemania liderando a Europa por su cuenta “no es una solución de largo plazo”. Las encuestas muestran que los alemanes no quieren asumir una mayor responsabilidad internacional. Además, resaltó, el posible ascenso de un partido populista en Alemania, algo que ya ha ocurrido en casi todos los países vecinos, desde Polonia y Holanda a Francia, reforzaría la retórica nacionalista en Alemania y aumentaría la aversión del resto de Europa hacia el liderazgo germano.
Esa es la razón por la cual el actual enfrentamiento con Grecia es crucial para el futuro del lugar de Alemania en Europa, dicen los analistas. Si Merkel da el visto bueno a un nuevo paquete de ayuda a Atenas, enfrentará la ira de la derecha alemana y alentará el incipiente movimiento anti UE en el país. Si Grecia abandona el euro, Merkel será señalada como la culpable de un episodio que polarizó la UE. “Si Grecia deja la zona euro, esto podría ser considerado en algún momento como el comienzo del fin del proyecto de integración europea”, advierte Claudia Major, analista de seguridad del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad.
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