viernes, 17 de julio de 2015

El precedente de los Zeta

JAVIER BRANDOLI  México DF

México tiene en su historia una herida por la que ha sangrado literalmente, sin metáforas, amarga y abundantemente. La corrupción de los 'narcos' a funcionarios públicos, algo que se sospecha en la reciente e histórica fuga de 'El Chapo' Guzmán, tuvo su momento culmen a finales de la década de los 90 cuando los grupos criminales consiguieron que militares de élite, adiestrados dicen en Estados Unidos y también por agentes del israelí Mosad, cambiaron de bando y se convirtieron en el brazo armado del entonces Cártel del Golfo. Su nombre, los Zeta, ha causado durante más de una década pánico en México y Guatemala. Los elegidos para defender el rebaño, por dinero, decidieron descuartizar de pronto a sus ovejas.



Sobre el apelativo con el que se hicieron conocer hay distintas versiones: algunos apuntan a que su nombre se debe al color "azul z" que usaban en sus uniformes militares, otros que era la palabra en clave del ejército para referirse a una víctima o un miembro destacado de la Policía Judicial y otros, como el especialista Francisco Rivas, apuntan a que "cuando estaban en misión con el Ejército se les denominaba división Zeta". Sea como fuere, en 1999, 14 ex militares liderados por el ex teniente Arturo Guzmán Decena crearon un grupo armado en el que llegaron a participar 40 miembros del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) del Ejército mexicano, el cuerpo militar más cualificado.
Los ex soldados decidieron que sus sueldos eran bajos comparados con el dinero que les ofrecía el Cártel del Golfo para convertirse en sus sicarios en la lucha contra otras organizaciones criminales y contra el propio estado y decidieron cambiar la trinchera. De la noche a la mañana, México tuvo que digerir que había formado a miembros de sus cuerpos especiales para que obtuvieran un buen sueldo luchando contra su propio país.
Con el tiempo, las propias guerras internas hicieron que la que era en principio una organización armada al servicio del líder del Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas, se convirtiera en el cártel más sanguinario que hubo en la primera década del siglo XXI en México. El país entendió entonces que su seguridad se jugaba también en los cajeros automáticos.
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