martes, 7 de julio de 2015

Insensatez

Miterrand lo pidió con firmeza, tráiganme un mapa de la Europa de principios del siglo XX. El mandatario galo tenía sus motivos: no entendía qué demonios estaba ocurriendo en la nueva Europa. Etnias, religiones, conflictos bélicos, nacionalismos ancestrales, todo puesto como ingredientes en la licuadora de la globalización. Grecia es parte de esta historia. Dique frente a los imperios musulmanes y el expansionismo soviético. La victoria del No sacude a la Unión Europea y, de pasada, al mundo.
 
Lo primero es la fórmula: un referéndum de 42 palabras que cuestiona el seguimiento de las reglas económicas de los 19 países de la Zona Euro. Los peligros de los mecanismos de la democracia directa están a la vista: pueden ser armas del populismo. En tan sólo unos días y con el aparato gubernamental volcado sobre el apoyo al No, Grecia manda un mensaje de rompimiento a lo que ha sido un laboratorio de convivencia a nivel mundial. Alrededor de 70% de los griegos quiere permanecer en la Unión, pero 61% vota por rechazar los compromisos. En un mundo que cada día se regionaliza más, los jugadores solitarios parecieran suicidas. ¿A qué región pertenece Grecia si no es a la Europa unida? Se confunden: dentro del Euro o fuera, sólo les queda un largo periodo de sacrificio.



Esa Europa unida comenzó su camino en 1951, cuando dos naciones, que pocos años antes habían sido enemigas mortales, Alemania y Francia, supieron mirar hacia el futuro. Ahora ese pacto político y económico cuenta con 28 miembros. Grecia viene de un pasado mitológico en más de un sentido. La llamada “Dictadura de los Coroneles” —espléndidamente descrita por Nicos Poulantzas— gobernó a la cuna conceptual de la democracia de 1967 a 1974. Entonces nació la Tercera República Helénica marcada por la inestabilidad. Grecia se incorpora a la Comunidad Económica Europea hace 34 años y, sin duda, las nuevas reglas modernizan y estabilizan al país. La Grecia de los años setenta del siglo pasado era una nación muy pobre. La actitud de los griegos era de una total cerrazón hacia sus vecinos. Entre el idioma, la grafía y la actitud, Grecia era una isla.
Los llamados ingresos compensatorios inyectaron una enorme cantidad de recursos para infraestructura, fortalecimiento institucional, etcétera. Pero Grecia, sus gobiernos y sus habitantes, no comprendieron que esos días de fiesta eran sólo el inicio del tránsito a la construcción de una nueva forma de gobernar. Y esa forma de gobernar implicaba disciplina fiscal, es decir, no gastar más de lo que se ingresa. Surgieron privilegios indefendibles como las pensiones. De pronto vivieron como ricos sin serlo. Cuando llegaron las facturas —un  pasivo de 177% del PIB— Grecia comenzó a darle patadas al pesebre. Con el referéndum el orgullo nacional griego está por los cielos, pero la quiebra sigue. Uno de cada tres euros del apoyo proviene de Alemania, donde alrededor de 80% de la población está en contra de seguir con los interminables préstamos. ¿Cómo quieren que la canciller Merkel libre la batalla?
El euro nació fundamentalmente por las ventajas económicas de una zona altamente interconectada. Esos fueron los argumentos que derrotaron a los nacionalismos monetarios: todos se ahorraban mucho con la moneda única. ¿Y ahora qué? Montados en una emoción nacionalista de corto plazo, con expectativas de país rico, la verborrea populista triunfa. Un hombre “sin techo” fue el principal asesor del exministro de Finanzas, Varoufakis. Esas voces son valiosas, pero saber qué es el PIB o cómo funcionan los mercados monetarios también ayuda. Varoufakis declaró que las exigencias de Bruselas eran “terrorismo”. Demagogia pura que recibió respaldo popular. ¿Financiar las pensiones es terrorismo?
Con los supermercados vacíos, los bancos cerrados y el “corralito”, los vencedores anuncian una negociación desde una posición “de fuerza”. Doble sic. Desde la irresponsabilidad financiera, pretenden más apoyo. La señal es terrible. El antieuropeísmo está de fiesta: de los neonazis a los radicales de todos los signos. “Todos somos Grecia”, es la consigna. El incentivo perverso al desorden financiero es muestra de miopía política. ¿Cómo gobernarán los que sí han puesto la casa en orden? La volatilidad de los mercados será lo de menos, aunque habrá costos. Pero lo que no se restablecerá rápido es la certidumbre. Al convocar al referéndum en una situación de molestia generalizada, Grecia dio muestra de una profunda inmadurez política.
El domingo pasado los vencedores recordaron al mundo por qué Grecia estaba en la cola de Europa antes de entrar a la Unión. Cuál es la salida, sensatez y negociación, por supuesto, porque en la ruptura todos pierden. Pero convocar al plebiscito fue justo lo contrario, fue insensato. Sufrirán su victoria
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