martes, 7 de julio de 2015

La gigantesca estupidez del gobierno griego

Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).

Grecia está proporcionando grandes lecciones para el resto del mundo. Una de estas es sin duda cómo la acumulación desaforada de deudas, como en la que ha estado El Salvador desde que el FMLN tomó el poder, termina en dolorosas y prolongadas crisis que hacen pagar enormes costos por la irresponsabilidad de los gobiernos populistas.
Otra lección de gran magnitud se refiere a los resultados catastróficos que tienen las comunicaciones tontas con respecto al cambio de una moneda internacional hacia una moneda local.



Grecia no tiene que salirse del euro si no acepta la oferta que sus acreedores le han hecho, y mucho menos el euro va a caer si Grecia no paga, así como ni Puerto Rico ni EE.UU. van a abandonar el dólar (y éste no va a colapsar) si Puerto Rico no paga sus deudas (cosa que es muy probable que pase). Sin embargo, mucha gente así lo cree y algunos líderes europeos han advertido que eso puede pasar, más que nada para afligir a los griegos, que en su mayoría no quieren salir del euro.
El miedo de regresar al dracma, que significaría que el gobierno convertiría los depósitos de la gente en los bancos de los euros en los que ahora están denominados a dracmas, que sin duda alguna se devaluarían como en caída libre, incentiva a la gente a sacar sus depósitos de los bancos griegos y mandarlos a otros países europeos, en donde estarían seguros contra la devaluación.
Este problema se ha ido construyendo desde hace años y ha causado una fuga de capitales continua que ha debilitado a los bancos griegos y a la inversión en ese país. Gran parte del problema de la caída de la producción griega se debe a esto. La gráfica adjunta muestra cómo desde la crisis los depósitos y los activos domésticos netos de los bancos (inversiones de los bancos en activos localizados en el país, como préstamos al sector privado, bonos del gobierno, edificios, equipo, etc.) han disminuido desde la crisis. Los préstamos al sector privado, parte de esos activos, subieron un poco después de la crisis pero desde entonces también han caído. La fuente de esa caída ha sido la caída de los depósitos bancarios, dinero que ha salido de Grecia por miedo a que los que queden en Grecia van a perder casi todo su valor si los convierten a dracmas.

Fuente: International Financial Statistics, FMI.
Esta caída se estabilizó en 2012 cuando el riesgo de salir del euro se redujo, pero volvió a aparecer y a acentuarse a fines de 2014 con la campaña política del ahora primer ministro Alexis Tsipras, que en su populismo amenazó con salir del euro y de la Unión Europea. Note lo fuerte de la caída en activos domésticos netos y en depósitos desde esas fechas.
En el gobierno, Tsipras ya no habló de salirse del euro, pero la gente ya había captado el mensaje populista y depósitos y activos domésticos netos siguieron cayendo rápidamente. Esto lo volvió peor el gobierno al convocar al referéndum de ayer, dejando en duda lo que éste iba a definir.
Estoy escribiendo esto en la mañana del domingo, de modo que todavía no se saben los resultados del referéndum. Pero el daño ya está hecho porque el sólo convocarlo provocó una corrida en los bancos, que luego llevó al gobierno a cerrar los bancos y poner un límite de 60 euros de retiro de las cuentas en los cajeros automáticos, por día. La corrida fue tal que el New York Times reporta que los bancos griegos no tienen más que cerca de un mil millones de euros para enfrentar los retiros masivos que la gente está esperando hacer al abrirse los bancos el martes.
De noviembre de 2014 a abril de 2015, seis meses, los depósitos cayeron en 32 mil millones de euros, o sea alrededor de 5 mil millones por mes. Pero la rapidez de la salida fue mucho mayor en los últimos días en los que el gobierno se mostraba intransigente y luego convocó al referéndum. Los mil millones que tienen los bancos no les aguantarían ni la mañana del martes, independientemente de si la gente ha votado sí o no en el referéndum. La confianza en el gobierno está por los suelos.
Sea lo que sea que pase, las heridas que el populismo de Tsipras ha causado a Grecia no van a dejar de sangrar por mucho tiempo. La leche derramada en la tierra no puede volverse a poner en la botella. La gente ha perdido la confianza en el sistema bancario, no porque éste haya dado malos créditos sino porque el gobierno puede crear de nuevo el dracma y con esto confiscarle los ahorros a la gente que los tiene en los bancos. Y todo esto lo ha causado el gobierno por hablar estúpidamente, por decir y dejar que, sin decirlo, la gente piense que se saldría del euro.
Si Tsipras decide salirse del euro, la devaluación y la inflación van a ser terribles. Las tasas de interés se irán al cielo. Hay gente que cree que los que van a sufrir serían sólo los dueños de los bancos y los depositantes en ellos. Pero los que más sufrirían serían los pobres (los pobres actuales y los de la clase media que se volverán pobres por las devaluaciones) que no tienen como defenderse. El desempleo aumentaría bruscamente por la falta de inversión y por la quiebra de tanta empresa que no podrá pagar sus deudas en euros.
Lo único que quizás podía salvar al país de una crisis espantosa, peor que la actual, era que Tsipras perdiera el referéndum, cumpliera su palabra de renunciar a su puesto, y subiera un nuevo gobierno que jure restituir las políticas razonables que el país tenía antes de la subida de Tsipras y jurara no abandonar el euro.
Cada quien que vea lo que pasa a los países y a los gobiernos populistas que juegan con la moneda
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