viernes, 17 de julio de 2015

LUIS LARRAÍN Chile: Realismo es Renuncia


Rodrigo Valdés, el Ministro de Hacienda, ha logrado convencer al gobierno de Michelle Bachelet que no se puede seguir aumentando el gasto fiscal a este ritmo, ya que las proyecciones de déficit fiscal para 2015 llegan al 3%, la peor cifra desde 1990 

El IMACEC de mayo encendió las alarmas, 0,8% en lugar del 1,5% que se esperaba. Los demás indicadores de actividad también son paupérrimos: producción industrial cayendo 3%, producción minera estancada y lo más preocupante desde el punto de vista político: la inflación repunta y amenaza con situarse sobre el 4% para el año, nuevamente fuera del rango meta y agregando un elemento que es especialmente sensible para la población.
Con estas cifras, el año 2015 puede terminar con un crecimiento del orden de 2,3 % o incluso 2%. Si este último fuera el caso, el bienio 2014-2015 sería el de menor crecimiento en Chile desde el año 1983 luego de la severa recesión de 1982. Desgraciadamente, otros datos confirman que ello puede ser perfectamente posible. Por ejemplo, las importaciones de bienes de capital siguen cayendo por octavo trimestre consecutivo, a tasas de 17%, anticipando que la inversión continúa su inexorable caída.



Rodrigo Valdés, el Ministro de Hacienda, ha logrado convencer al gobierno de Michelle Bachelet que no se puede seguir aumentando el gasto fiscal a este ritmo, ya que las proyecciones de déficit fiscal para 2015 llegan al 3%, la peor cifra desde 1990, lo que amenaza con agregar a la débil actividad un problema inflacionario, lo que podría provocar el desfonde de nuestra economía el año 2016. Ese ha sido el pretexto para frenar el vertiginoso proceso de reformas en que estaba embarcado nuestro país desde que asumió Bachelet.
Valdés no ha querido ir más allá, para plantear un cambio radical en el programa del gobierno, que es lo que el país de verdad requiere hoy, pues se da cuenta que ello es fuente de gran conflicto al interior de la coalición gobernante. La historia oficial entonces, es que la economía chilena se ha desacelerada a la par de lo que sucede en otros países latinoamericanos que han sufrido el fin del super ciclo de las materias primas al igual que nosotros. El menor crecimiento de la economía china nos estaría impactando. Los problemas de la economía griega y su impacto en Europa, por su parte, nos obligarían a ser cautos.
Pero ese cuento chino no tiene mucha base. La caída del precio de nuestras exportaciones, básicamente cobre, ha sido compensada por la baja del precio petróleo hasta hacer neutral la variación en los términos de intercambio. La economía latinoamericana es cada vez menos importante para los chilenos. La economía mundial creció el 2014 al 3,4%, más que los dos años anteriores y si bien este año puede crecer menos que el 2014, es difícil que muestre menos dinamismo que los años anteriores a éste.
Realismo sin renuncia, dijo la Presidenta Bachelet. Curioso, un slogan vendría a ser la tabla de salvación de un gobierno cuyo mayor error ha sido formular su programa en base a slogans sin atender a la realidad.
Así, hemos pasado del solipsismo de Arenas al pragmatismo de Valdés.
Ello permitirá ganar tiempo, bajar el ritmo de las reformas, especialmente de aquellas que requieren más recursos del presupuesto fiscal y, en la medida de lo posible, arreglar la carga en el camino.
Porque Rodrigo Valdés no puede ignorar que el slogan realismo sin renuncia es un oxímoron. El verdadero realismo consiste en reconocer que la causa del exiguo rendimiento de la economía chilena es el insensato programa de reformas de Michelle Bachelet.
Vale decir el realismo es renunciar a las principales reformas. Desde el interior de los partidos de la Nueva Mayoría han empezado a surgir voces que aseguran que no habrá Nueva Constitución durante el gobierno de Michelle Bachelet. Es un avance.
También se ha advertido el pragmatismo en relación a la reforma laboral. Se reconoce que por la vía de Circulares se pueden corregir algunos defectos o imprecisiones de la ley aprobada, aunque muy probablemente se requerirá un cambio legal y pareciera que no es ese un camino cerrado.
Pero donde el avance es nulo es en materia laboral. Como no es una reforma que requiera recursos fiscales, no está el pretexto para pararla o morigerarla. Así, ella avanza inexorablemente en el Congreso con la mirada vigilante de la CUT, el grupo de interés al que esta reforma está enfocada, con el riesgo de golpear más aun las alicaídas expectativas. En la reforma laboral está, entonces, la prueba de amor de Rodrigo Valdés.
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