martes, 7 de julio de 2015

Objetivismo: Ayn Rand y los fundamentos filosóficos del Capitalismo

Objetivismo: Ayn Rand y los fundamentos filosóficos del Capitalismo

StatueoflibertyPor Ricardo M. Rojas
Cuando se menciona la palabra “filosofía”, muchas veces se tiende a pensar en cuestiones abstractas, desvinculadas de la realidad y sin aplicación práctica, que sólo pueden ser comprendidas por una élite: los “filósofos”. Esa impresión es el resultado de la actitud mantenida invariablemente por quienes han intentado despojarse de la lógica y negar la realidad al tratar con las ideas.
Ayn Rand, en cambio, partió del reconocimiento de los conceptos axiomáticos de “existencia”, “identidad” y “conciencia”, y a partir de ellos elaboró una filosofía basada en la realidad, coherente con el mundo y sin contradicciones. Ella nos ha enseñado que la importancia de la filosofía en la vida del hombre es la siguiente: sin filosofía no es posible vivir.
Para explicar esta afirmación, en 1974 utilizó el siguiente ejemplo frente a los cadetes de la academa militar de West Point: supongan que son astronautas, y que su nave espacial cae en un planeta desconocido para ustedes. ¿Qué es lo que harían una vez recobrado el conocimiento? 


Lógicamente, las tres primeras preguntas que el cerebro de un ser humano haría en tales circunstancias serían: ¿dónde estoy? ¿cómo lo sé? ¿qué debería hacer? Estas tres preguntas, fundamentales para el estudio de la existencia y por ende, para la supervivencia humana, son respondidas por las tres primeras ramas de la filosofía: Metafísica, Epistemología y Etica. ¿Dónde estoy? La filosofía no me dirá si estoy en Buenos Aires o en Paris o en otro lugar (aun cuando me dará las herramientas necesarias para averiguarlo); sin embargo, responderá al dilema: ¿estoy en un mundo gobernado por leyes estables, firmes, cognoscibles, absolutas? ¿o estoy en un caos incomprensible? ¿Las cosas a mi alrededor son reales, o son sólo una ilusión? ¿Existen independientemente de mi voluntad o son creadas por mi mente? ¿Puedo cambiarlas según mi voluntad o no? A estas preguntas responde la Metafísica, que es el estudio de la naturaleza de la existencia como tal.
¿Cómo lo sé? Como el hombre no es omnisciente ni infalible, debe descubrir el mundo, averiguar qué es el conocimiento y cómo probar la validez de sus conclusiones al respecto. ¿Adquiere conocimiento por un proceso racional o por una súbita revelación, o por instintos, o por acto reflejo? ¿Es la razón competente para descubrir la realidad o el hombre posee alguna otra facultad superior o paralela a la razón? ¿Puede estar seguro de algo o está condenado a vivir en una duda perpetua? A todo ello responde la Epistemología, que estudia el conocimiento y el medio de adquirirlo.

Esta conferencia le dio título a su libro: “Philosophy: Who needs it?”. Todos los conceptos que usaré en este trabajo están tomados, tanto de ese libro como de: “Introduction to Objectivist Epistemology”, “The Virtue of Selfishness”, “Capitalism: The Unknown Ideal” y “The Romantic Manifesto”.
¿Qué debería hacer? Las respuestas a las dos primeras preguntas determinarán la respuesta a la tercera. ¿Qué es bueno y malo para el hombre, y por qué? ¿Su preocupación debería ser alcanzar la felicidad o huir del sufrimiento? ¿Debería perseguir sus propias metas, o subordinarse a las de los demás? A ello responde la Etica, rama de la filosofía que estudia el modo en que un hombre debería comportarse.
A su vez, la respuesta que da la Etica determina cómo el hombre debería tratar con otros hombres, lo que involucra la cuarta rama de la filosofía, la Política, directamente basada en las primeras tres, que define los principios de un sistema social adecuado.
La necesidad de emplear ideas abstractas es fundamental para la supervivencia humana, y por eso no hay elección entre seguir o no una filosofía. Sí se puede elegir, en cambio, si esa filosofía será elaborada por un proceso de pensamiento consciente, racional y lógico, o mediante una acumulación de falsedades, contradicciones y afirmaciones dogmáticas.
Como ejemplo de la presencia constante de principios filosóficos en la vida cotidiana, Ayn Rand recordó algunas frases que se escuchan y repiten diariamente, originadas en el pensamiento de personas que han sido considaradas grandes filósofos, y que generalmente son aceptadas y repetidas sin un análisis racional consciente:
“No esté tan seguro: Nadie puede estar seguro de nada” (Platón).
“Ha hecho algo malo, pero sólo es humano, y nadie es perfecto en este mundo”
(San Agustín).
“Puede ser verdad para usted, pero no es verdad para mí” (William James).
“No puedo evitarlo. Nadie puede evitar lo que hace” (Hegel).
“No puedo probarlo, pero siento que es verdad” (Kant).
“Es lógico, pero la lógica no tiene nada que ver con la realidad” (Kant).
“Es malo porque es egoísta” (Kant).
“Primero actúe, luego piense” (John Dewey).
“He dicho eso en varias circunstancias, pero no tengo por qué creer en eso todo el tiempo: lo que ha sido verdad ayer no tiene por qué ser verdad hoy” (Hegel).
“¿No puede adoptar uno un compromiso y pedir prestadas diferentes ideas de filosofías diferentes de acuerdo con las necesidades del momento?” (William
James).
Un repaso de estas frases, después de comprender el desarrollo lógico de la filosofía Objetivista, podrá ser de gran utilidad.
Este desarrollo debe comenzarse, entonces, por la primera rama de la Filosofía: la Metafísica, que es el estudio de la existencia. El término “Metafísica” fue generalizado por los compiladores de Aristóteles, quien en el libro que lleva ese nombre en realidad se refería a la Filosofía, a la que definía como la ciencia que estudia el Ser en cuanto Ser.
La realidad es el conjunto de todo lo que existe, y por lo tanto, el primer problema que plantea la filosofía es el estudio de la existencia como tal.
La existencia de la realidad es lo único de lo que lógicamente no se puede pedir una prueba, pues es el presupuesto de toda prueba y todo conocimiento. Su demostración es ostensible: la realidad no se demuestra, sino que se muestra.
La petición de una “prueba” de que la realidad existe, constituye una prueba en sí misma: alguien que esté parado frente a usted, exigiendo pruebas de algo, deberá necesariamente existir. La realidad no puede ser probada porque, si por definición es el conjunto de todo lo que existe, incluye también a la misma prueba, y por lo tanto, pedir una prueba de la realidad significaría pedir que alguien se colocase fuera de la realidad para buscarla, y eso es imposible.
Esta es la premisa básica, el punto de partida de la filosofía: la existencia, existe. Este axioma es el primer ABSOLUTO, y es la base de la concepción de un mundo guiado por principios estables y cognoscibles. El primer paso en la tarea intelectual de destruir las herramientas de supervivencia del hombre ha sido negar que la realidad existe. Pueden recordarse como ejemplos de esta pretensión, con sus graves consecuencias metafísicas y espistemológicas, “el mito de la caverna” de Platón, la división de los mundos “noumenal y fenomenal” de Kant, o un paso más allá el Solipsismo o la pretensión de que el hombre crea al mundo cuando mira. Todas estas teorías pretendieron que el mundo con es compensible por el hombre, sino un sitio misterioso, voluble e imposible de entender.
Estas ideas suponen un ataque directo al concepto de “absoluto”. Pretenden que es imposible tener un conocimiento absoluto de cosa alguna, o que la realidad exista absolutamente, evadiendo el hecho de que la afirmación "los absolutos no existen” es una afirmación absoluta, y por lo tanto, contradictoria en términos: quien dice que los absolutos no existen, está haciendo una afirmación absoluta y por lo tanto incontroverible, pero que a la vez debería ser controvertida, pues no podría ser absoluta. Aristóteles jamás habló de Metafísica. La primera mención que se conoce a ese término fue hecha por Nicolás de Damasco en la primera mitad del siglo I, y se refiere a la ubicación metodológica de este libro dentro de la obra total de Aristóteles, toda vez que este trabajo fue elaborado con posterioridad a los Tratados de la Física. En este sentido se usó el concepto de Metafísica, que etimológicamente significa “lo que está más allá o luego de la física”. Tal vez una denominación más correcta hubiese sido “Filosofía”, que es a lo que Aristóteles se refiere en esta obra, y que sirve para identificar el estudio de las primeras causas y los primeros principios que rigen la realidad.
Es curioso advertir que el término “Metafísica” se usa hoy en día para significar “lo que está más allá del mundo físico o comprensible”, es decir, lo esotérico, lo incomprensible, lo inalcanzable, y finalmente, lo vinculado con la teología. Algo muy distinto a lo que Aristóteles tuvo en mente en esta obra.
En segundo lugar, lo que es, no puede “no ser”. Lo contradictorio es imposible. Afirmar que algo es y no es al mismo tiempo, en el mismo contexto, significa afirmar también lo contrario y así hacia el infinito; y eso es imposible. El principio de “no contradicción” es el segundo ABSOLUTO.
Existir significa existir siendo algo. Cada cosa que existe lo hace de acuerdo con su propia naturaleza. Del mismo modo, el hombre existe en el mundo con una naturaleza determinada.
La materia inorgánica no puede dejar de existir, sólo cambiar de forma. Unicamente respecto de la materia orgánica cabe la alternativa entre existir y no existir como tal. La vida es el proceso de acción auto-generada destinada a la auto-sustentación. Pero ese proceso no es insoslayable y depende de que concurran determinadas condiciones. Para vivir, los organismos deben actuar. La naturaleza de la acción necesaria para vivir depende de la naturaleza del organismo. Los organismos vivos, excepto el hombre, tienen un método automático de supervivencia que les indica el tipo de acción necesaria. Los vegetales poseen un mecanismo automático para absorber el alimento del suelo y buscar el aire y el sol con sus hojas. Los animales cuentan con instintos, que forman un método insoslayable de conducta destinado a la supervivencia. El hombre, en cambio, no posee tal código automático. Como el resto de los seres vivos necesita actuar para continuar viviendo, pero debe hacerlo “por elección”, pues no está predeterminado a ningún tipo específico de acción.
Para un animal, el problema de la supervivencia es esencialmente biológico: basta con que funcione correctamente su sistema automático de respuestas.
Para un ser humano, el problema es esencialmente epistemológico: debe adquirir el conocimiento, aprendiendo previamente cuál es su método específico de adquisición. El uso de ese método no es automático, pues de lo contrario sería un instinto: el hombre debe reconocer y usar ese método voluntariamente.
Tiene la necesidad biológica de pensar antes de actuar: precisamente porque su conducta es voluntaria, no automática, debe elegir cada acto que realiza. Si no piensa primero, no puede actuar.
El método natural de supervivencia humana es el uso de la razópn: la facultad que identifica e inegra el material enviado al hombre por sus sentidos. El hombre sólo puede sobrevivir adquiriendo conocimiento, y la razón es el único medio con que cuenta para conseguirlo.
Los sentidos aportan evidencia de la realidad, pero esa evidencia debe ser procesada por el propio cerebro. Para realizar correctamente esa identificación e integración, el hombre usa la lógica, que es el arte de integración no contradictoria: ningún concepto formado por un hombre es válido a menos que lo integre sin contradicción con la suma total de su conocimiento.
Llegar a una contradicción es reconocer un error; mantenerse en ella es abdicar a la razón. La verdad es el reconocimiento de la realidad.
La lógica es el reconocimiento de que determinadas reglas rigen lo que existe, independientemente de que el hombre las use o les dé cierto nombre. Las tres reglas básicas de la lógica, enunciadas por Aristóteles, son:
1. La ley de Identidad. La existencia, existe (A es A). Esta ley tiene dos axiomas corolarios: existe algo que uno percibe; el hombre existe poseyendo conciencia, siendo la conciencia la facultad de percibir lo
que existe.
2. Ley de No Contradicción. Lo contradictorio es imposible (A no puede ser a la vez NO-A).
3. Ley del Tercero Excluido. Una cosa puede ser o no ser, pero no existe una tercera posibilidad.
Se suele hablar de estas reglas y las que derivan de ellas como la “lógica aristotélica”. Sin embargo, el calificativo de “aristotélica” es sobreabundante, pues no existe otra lógica aparte de ésta. Una pretendida lógica distinta, debería comenzar por negar la existencia de la realidad, pues de lo contrario debería llegar a las mismas conclusiones. Y negar la existencia, como se vio, es imposible.

Pero como el uso de la razón y la lógica no se produce automáticamente, la racionalidad es una cuestión de elección. La voluntad es la cualidad del cerebro humano que le permite poenr en movimiento el mecanismo de la razón. El hombre debe hacer el esfuerzo de pensar. Por eso, la voluntad es la clave del estudio del ser humano.
El hombre es un ser de conciencia volitiva. La conciencia es la facultad de percibir lo que existe. Se puede estar consciente de una sola cosa a la vez, o sea, percibir una cosa a la vez. Pero un individuo no podría funcionar si cada vez que enfrenta una alternativa tuviera que repetir íntegramente el proceso de aprendizaje. Para resolver este problema, el cerebro humano cuenta con una herramienta equivalente a una tabla de datos, que le permite almacenar las conexiones efectuadas por la conciencia: el subconsciente. Todo problema que un ser humano ha analizado alguna vez en su vida, provoca algún registro en su
subconsciente.
El subconsciente del hombre es como una complejísima computadora cuya función principal es la integración de las ideas. ¿Quién lo programa? La mente consciente. Si no es programado con datos de la realidad, lógicamente estructurados, los resultados que constantemente emita el subconsciente serán ilógicos y contradictorios. El programador final del subconsciente es la clase de filosofía conscientemente elaborada.
Por eso, quienes desprecian a la filosofía, son quienes más necesitan de ella. La realidad es Objetiva. Los filósofos subjetivistas pregonan la libertad de evadir la realidad; que el universo sea lo que su voluntad decida. Tratan de falsear la relación entre la existencia y la conciencia, pretendiendo que su conciencia cree la existencia, en lugar de percibirla. Las ligaduras que intentan destruir son las relaciones causales. El enemigo al que tratan de derrotar es la ley de Identidad. La rebelión contra la causalidad se origina en el deseo de revertirla. Sin embargo, la conciencia del hombre no sirve para objeto alguno que no sea identificar la realidad.

Los fenómenos que ocurren sin participación humana son lo “metafísicamente dado” y no podrían ocurrir de otro modo. La existencia de estos fenómenos no depende de la conciencia del hombre, sino que deben ser reconocidos y aceptados por ella. Por el contrario, todo fenómeno que involucra la acción humana es lo “hecho por el hombre” y podría haber sido diferente o no ser.
La voluntad provoca contradicciones si los hombres no advierten la diferencia entre ambos conceptos. Lo metafísicamente dado debe ser aceptado, no puede ser cambiado. Lo hecho por el hombre nunca debe ser aceptado sin crítica: debe ser juzgado y después aceptado o rechazado, de acuerdo con el resultado de ese juicio.
Los sentidos envían sensaciones al cerebro, que allí se convierten en percepciones. La capacidad racional le permite organizar el material perceptual en conceptos primarios, y posteriormente a estos conceptos en otros cada vez más amplios, y de este modo captar y retener, identificar e integrar, cada vez mayor cantidad de conocimiento. Este proceso es vital para un ser humano, toda vez que no posee respuestas
automáticas a sus problemas.
Un concepto es la integración mental de dos o más unidades que poseen las mismas características distintivas, omitiendo las medidas particulares. Representa conocimiento condensado, lo que hace posible el estudio futuro y la división de la tarea cognoscitiva. La definición, por su parte, es una declaración que identifica la naturaleza de las unidades subsumidas bajo un concepto. El conocimiento del hombre es contextual y posee una estructura jerárquica, que va de sensaciones a percepciones, a conceptos primarios que se refieren a la realidad percibida, y se integra en conceptos cada vez más amplios. Por ejemplo, uno ve una mesa, esa sensación genera una percepción, y a partir de lo que percibe el cerebro elabora el concepto primario de forma, consistencia, posteriormente madera, propósito, hasta alcanzar el concepto de mesa, y posteriormente el más complejo de habitación, el de casa, el de ciudad, el de país. Los conceptos de abstracciones puras son los más complejos que el hombre puede elaborar.

Debido a que todo conocimiento del hombre es contextual, dada su naturaleza no omnisciente y el reconocimiento de la realidad en la cual vive, debe elaborar conceptos de acuerdo con ese contexto. Por ejemplo, conceptos tales como “certeza” o “perfección” sólo tienen sentido si se los define en el contexto de la naturaleza humana.
“Certeza” significa que toda la evidencia disponible respecto de un hecho determinado, analizada de acuerdo con las reglas de la lógica, indica que ese hecho es así y que no existe evidencia alguna que determine lo contrario. No significa que, por falta de conocimiento no pueda demostrarse posteriormente otra cosa (el hombre no es omnisciente).
Recuérdese que la verdad es el reconocimiento de la realidad, y la razón es el único estándar de verdad que posee el hombre. La verdad o falsedad de las conclusiones, inferencias, pensamientos y conocimientos de un hombre, descansan en la verdad o falsedad de sus definiciones.
Precisamente porque el hombre no es omnisciente es que existe el concepto de “certeza”. Si no pudiera equivocarse, no tendría sentido un concepto de error y no haría falta uno de certeza. Pero como el hombre necesita adquirir el conocimiento mediante un método especial, es que la necesidad de estar seguro del conocimiento que ha adquirido es básica para su supervivencia. Si no hubiese un conjunto de cosas de las cuáles está “seguro”, no podría siquiera mover un dedo y estaría destinado a perecer.El edificio del conocimiento humano se levanta con ladrillos que son verdades. “Error” significa tener como verdad algo que contradice algún hecho de la realidad. Un error de conocimiento se produce cuando un ser humano ignora algún dato de la realidad y afirma una falsedad; en cambio, un error moral ocurre cuando un individuo sostiene algo erróneo a sabiendas de que contradice los hechos de la realidad. Si un hombre quiere sobrevivir, debe aceptar que necesita utilizar siempre las reglas de la lógica, pues le proveen el único método para uni los datos de la realidad sin contradicción. Evadir voluntariamente las conclusiones de la lógica equivale al suicidio.
La “prueba” es el proceso de derivar una conclusión, paso a paso, desde la evidencia de los sentidos, cada paso dado de acuerdo con las reglas de la lógica. El método para validar el conocimiento consiste en coejar el contenido mental de un ser humano con los hechos de la realidad. Por ejemplo, si alguien afirma que los elefantes vuelan, la validación del conocimiento consistirá en observar el comportamiento de los elefantes. Una vez que el hombre ha respondido a las dos primeras preguntas que le plantea la filosofía (¿qué es el mundo en el que vive? y ¿cuál es el método que le permite conocerlo?), la tercera cuestión a determinar es ¿qué de bería hacer?, o lo que es lo mismo ¿cómo debería comportarse después de reconocer su propia naturaleza y la del mundo que lo rodea?
A esta pregunta responde la Etica, que es la ciencia que se ocupa de hallar y definir un código e valores para guiar las elecciones y acciones que determinarán el propósito y el curso de vida de un ser humano.
La primera pregunta de la Etica no es cuál debería ser el código de valores, sino si hace falta tal código y por qué.
Prácticamente todos los filósofos han considerado a la Etica como sujeta a caprichos, y no han provisto una respuesta racional, objetivamente demostrabla, a la pregunta de por qué hace falta un código de valores. Lo aceptan como un hecho dado, sin buscar su raíz metafísica o su validez objetiva. El desafío y gran aporte de Ayn Rand a la Etica fue definir un concepto objetivo y racional de la moral, basado en la naturaleza humana.

Toda vez que los organismos vivos tienen la alternativa entre existir y no existir como tales, y que deben actuar de una manera determinada por su naturaleza para lograrlo, sólo entre ellos puede elaborarse el concepto de valor; sólo para ellos las cosas son buenas o malas. Valor es aquello por lo cual se actúa, para obtenerlo y/o conservarlo.
La vida de un organismo depende de dos factores: el combustible que requiere del exterior, y la acción de usar ese combustible debidamente. El organismo no tiene elección posible respecto de lo que necesita para su supervivencia: es metafísicamente dado, depende del tipo de ente que sea. La vida sólo puede mantenerse por un proceso constante de acción de autosustentación. La meta de esta acción, el Valor Supremo que debe ser ganado en cada momento, es el mantenimiento de la vida misma del
organismo.
Entonces la vida es el estándar de valoración: lo que ayuda a mantenerla es bueno, lo que la amenaza es malo. El hecho de que un ser vivo sea, determina lo que debe hacer para vivir. Si no lo hace, muere. En este sentido, puede decirse que todo “ES” implica un “DEBERÍA”.
Solamente una meta final, un fin en sí mismo, hace posible la existencia de valores. Metafísicamente, la vida es el único fenómeno que es un fin en sí mismo. Epistemológicamente, el concepto de “valor” depende genéticamente y se deriva del concepto de “vida”. Solamente el concepto de vida hace posible el de valor.

¿Cómo descubre el ser humano el concepto de valor? En primer lugar, mediante las sensaciones físicas de dolor y placer. El mecanismo de placer-dolor sirve como protector automático de la vida del organismo, es una capacidad innata. Pero la naturaleza epistemológica del hombre hace que este mecanismo no sea suficiente para indicarle cómo actuar.
Recuérdese que los organismos inferiores sólo tienen la facultad de la sensación; los organismos superiores poseen la facultad de la percepción. Pero para un ser humano, la supervivencia depende de un proceso voluntario de utilizar la razón, y por ese camino descubrir lo que necesita para vivir.

No puede sobrevivir con la guía de meras percepciones. Una sensación de hambre le indicará que necesita comida, pero no le dirá cómo obtenerla ni cuál es buena para él. No puede satisfacer sus necesidades físicas más elementales sin un proceso de pensamiento.
El hombre no sabe automáticamente qué es verdadero y qué es falso, y por ende no puede saber automáticamente qué es correcto y qué es incorrecto, es decir, qué es bueno o malo para él. Pero necesita este conocimiento para poder vivir.
No puede evadir la realidad: es un organismo específico, con una naturaleza específica, que requiere un curso de acción específico. No tiene elección sobre lo que su naturaleza requiere, y ello deberá descubrirlo utilizando las reglas del pensamiento, es decir, las leyes de la lógica.
Entonces, ¿cuáles son las metas correctas que debe perseguir el hombre, y los valores que requiere para sobrevivir? A ello responde la Etica. No es una fantasía mística ni una convención social, sino una necesidad metafísica objetiva para la supervivencia del hombre. El estándar de valores de la Etica Objetivista es aquello que se requiere para la supervivencia del hombre como tal.
Un ser vivo que considerase maldad sus medios de supervivencia, no sobreviviría (por ejemplo, un pájaro que intencionalmente intentara romper sus alas).
El hombre debe obtener el conocimiento y elegir sus acciones por un proceso mental, que la naturaleza no le obliga a practicar, sino que sólo puede descubrir por sí mismo. Un código de valores aceptado por elección es un código moral. La alternativa del hombre es ser racional o animal suicida.
Si la supervivencia humana depende de que se use el propio cerebro destinado a la tarea de sobrevivir, el estándar de moralidad ha de ser el de un hombre que vive tomando decisiones sobre la base de razonamiento hechos con su propio cerebro. La racionalidad está directamente relacionada con la supervivencia. Dado que todo lo que el hombre necesita debe ser descubierto por su propia mente y producido por su propio esfuerzo, los dos factores esenciales de su método de supervivencia son: pensar y trabajar productivamente (Es posible imaginar una secta que adore la luna y pase el día durmiendo, para sentarse a admirar la luna por las noches; pero para que puedan sobrevivir, alguien deberá utilizar su cerebro y producir, al menos, el alimento que consuman).
Por el hecho de que el ser humano no posee un código de respuestas automáticas, y por ende su supervivencia es un problema esencialmente epistemológico, no puede sobrevivir según las necesidades del momento, como el resto de los animales. Cada acto de su vida es producto de metas que se desarrollan y persiguen durante días, meses, años, décadas, y no vive satisfaciendo puntualmente las necesidades biológicas básicas, como los restantes animales. El subconsciente es el lugar donde almacena los datos que le permiten establecer las metas futuras y los modos de alcanzarlas.
La Etica se encarga de definir un código de valores adecuado, y por lo tanto estudia al hombre como individuo, y no en sus relaciones con los demás. No existe nada parecido a una “Etica Colectiva” o “Etica Social” por lo mismo que no existe un “cerebro colectivo”. Respecto de las relaciones con los demás, el principio social de la Etica Objetivista indica que así como la vida es un fin en sí misma, todo ser humano es un fin en sí mismo y no un medio para los fines o el bienestar de otros.
Entonces, si la acción de un hombre está orientada a la supervivencia, él será lo más importante para sí mismo. El egoísmo es el motor de las acciones humanas. Un organismo vivo que tuviera a alguien o algo más que a él mismo como el móvil de su acción, no podría sobrevivir. Pero como para el hombre la decisión de actuar en procura de su bienestar es voluntaria, él es el único ser que puede actuar en contra de su propia vida, y adoptar el sacrificio como estándar de conducta.
La vida es el medio por el cual se obtienen y conservan los valores. Los tres valores cardinales de la Etica Objetivista son: Razón, Propósito y Autoestima, y sus correspondientes virtudes son: Racionalidad,
Productividad y Orgullo. A ellas se suman la Independencia, Integridad, Honestidad y Justicia.
Todo trato entre individuos debe ser realizado intercambiando valor por valor, ofreciendo cada uno el producto de la aplicación de su propio cerebro a una actividad productiva. Ello sólo puede suceder cuando los seres humanos se ven libres de coacción unos por otros. La libertad de acción es un requerimiento básico de la vida humana.
Sin embargo, como la racionalidad es potencial, nada impide que algún individuo recurra a la agresión como medio para tratar con los demás.
Agredir significa iniciar el uso de la fuerza entrando en contacto con el cuerpo o la propiedad de otra persona sin su consentimiento.
Por ello, la Política existe debido a la necesidad de establecer reglas de convivencia entre los individuos de una especie potencialmente racional, que requieren libertad de acción para llevar a cabo las decisiones de sus cerebros y al mismo tiempo poseen la potencialidad de la agresión.
El inicio del uso de la fuerza supone torcer la realidad que exige que el hombre persiga sus propios intereses; por el uso de la fuerza se le exige que actúe contra ellos. La realidad amenaza al hombre con la muerte si no sigue sus propios juicios racionales; la agresión lo amenaza con la muerte si lo hace.
La fuerza sólo puede ser usada en defensa propia, como represalia contra quien inicie su uso.
La libertad es un requerimiento básico de la vida humana. No pensar es sinónimo de muerte. Pensar sin actuar desnaturaliza la función del pensamiento. Garantizar la libertad de pensar y actuar es la única forma de proteger la vida humana.
El concepto de derecho se refiere a la acción, específicamente a la libertad de acción. Significa estar libre de toda compulsión física, coerción o interferencia por parte de otros hombres. Es un concepto moral: los derechos del individuo son el medio de subordinar la sociedad a la ley moral.
Un derecho es un principio moral que define y sanciona la libertad de acción de un hombre en un contexto social. Para cada individuo, un derecho es una sanción moral positiva de su libertad para actuar de acuerdo con su propia elección voluntaria. En cuanto a los demás, los derechos de un individuo sólo le imponen una obligación de índole negativa: abstenerse de agredirlo.
La fuente de los derechos del hombre no es la ley de dios ni la ley de congreso alguno, sino la ley de identidad: A es A y el hombre es el hombre. Los derechos son condiciones requeridas por la naturaleza humana para la supervivencia. Sólo existe un derecho fundamental, del cual derivan los demás: el de un hombre a su propia vida; lo que significa el derecho de llevar a cabo todas las acciones requeridas por la naturaleza para mantenerla. El derecho a la vida es el origen de todos los derechos, y el de propiedad es la única forma de implementarlo: dado que un hombre debe sustentar su vida por su propio esfuerzo, quien no tiene derecho al producto de ese esfuerzo no posee los medios para mantenerla. El hombre que produce mientras otro dispone del producto de su esfuerzo, es un esclavo.
Los derechos son principios morales que definen las correctas relaciones sociales. Dado que sólo un hombre individual puede tener derechos, la expresión “derechos del individuo” es una redundancia (necesaria en el caos intelectual imperante). Pero la expresión “derechos colectivos” o “derechos sociales” es una contradicción en términos.
Todo grupo es sólo una cantidad de individuos que no puede tener otros derechos que los de sus miembros individuales. En una sociedad libre, los derechos de cualquier grupo se derivan de los de sus miembros, a través de su elección individual y voluntaria y el acuerdo contractual que formalizó su agrupamiento, permitiendo la aplicación de esos derechos individuales a propósitos específicos comunes. Todo propósito legítimo de un grupo se basa en el derecho que tienen los participantes a la libre asociación y el libre comercio.
La noción de “derechos colectivos” supone que los derechos pertenecen a algunos hombres, pero no a otros, que algunos tienen el derecho de disponer de otros como les plazca, y que el criterio para esta diferencia radica en la superioridad numérica (tal es lo que sucede con los llamados “derechos” a la vivienda, salud, educación, alimento, que sólo podrían ser satisfechos utilizando a algunos seres humanos como animales de sacrificio en beneficio de otros).
Ahora bien: dado el concepto de derecho, ¿qué es un obierno? ¿Es necesaria su existencia?
En principio, si los individuos no organizaran un mecanismo para defenderse de la agresión, vivirían en un estado de guerra latente. Por eso, la organización de un gobierno surge como una necesidad lógica. Debe distinguirse, para comprender bien este punto, el concepto de “necesidad” entre lo metafísicamente dado y lo hecho por el hombre.
Nada de lo hecho por el hombre era necesario metafísicamente. El gobierno es necesario (recomendable su creación y sostenimiento voluntario) en tanto soluciona un problema de coexistencia pacífica entre los hombres. Pero ello no significa que individuo alguno deba o pueda ser obligado por otro a sostener un gobierno: el “derecho a obligar” es una contradicción en términos.
En este contexto, el gobierno es una institución creada por los hombres para poner en vigor ciertas reglas de convivencia en un área geográfica dada. Es un medio para mantener el uso de la fuerza física retributiva bajo un control objetivo.
Si se dejara a los individuos particulares la tarea de proteger sus propios derechos, por una parte la efectiva protección dependería de que el que se defiende tenga la suficiente fuerza frente al agresor, y por otro lado, se correría el riesgo de que se organizaran grupos de linchamiento que actuando subjetivamente perdieran de vista el justificativo del uso de la fuerza.
Ayn Rand hablaba de “gobierno”, y como este término ha sido objeto de muchas consideraciones en los últimos tiempos, es útil hacer una consideración adicional. A diferencia del cocenpto liberal clásico de gobierno, basado en el monopolio del poder, que a su vez descansa en la facultad de cobrar impuestos en forma compulsiva para mantenerlo, Ayn Rand extendió, como es lógico, el principio de que nadie puede iniciar el uso de la fuerza al propio gobierno.
De este modo, si bien Ayn Rand también usó la terminología clásica de gobierno como detentador del monopolio del uso de la fuerza, puede deducirse que en su concepción el gobierno sólo existiría en tanto y en cuanto se pudiese establecer un sistema de aportes no compulsivos que permitiese mantenerlo. Si se profundizase este razonamiento –cosa que Ayn Rand no tuvo tiempo de hacer-, pienso que habría un punto de acercamiento entre su pensamiento y el de quienes se oponen al concepto de gobierno –precisamente por la carga de compulsión que implica-, y prefieren hablar de auto-gobierno, agencias de protección de derechos, o términos similares.
Pienso que probablemente en la práctica, y por una simple cuestión de mercado, un gobierno sin facultades de recaudar impuestos ni iniciar de ninguna otra forma el uso de la fuerza contra los ciudadanos, estaría en condiciones similares y llegaría a los mismos resultados que las agencias de protección y seguridad.
La única función del gobierno es proteger los derechos, o sea, proteger al hombre de la violencia física. Es sólo un policía que actúa como defensor, y como tal sólo puede recurrir a la fuerza contra quienes inicien su uso.
Las únicas funciones propias de un gobierno son: policía, ejército y tribunales, para proteger los derechos y arreglar las disputas mediante reglas racionales y según leyes objetivas.
Si la protección de los derechos es lo que justifica la existencia de un gobierno, deberán existir reglas objetivas para determinar cuándo un derecho ha sido violado y para la prueba de que tal cosa ha ocurrido en un caso específico. Hay dos formas básicas de organización social: la que reconoce la existencia de los derechos del individuo como previos al gobierno y en consecuencia tiene por única función y protección; y la que presupone que el uso de la fuerza es el medio por el que deben tratar unos hombres con otros, y por lo tanto organiza un gobierno con facultades para agredir y violar derechos.
Ayn Rand definió al Capitalismo como el sistema social basado en el reconocimiento de los derechos del individuo, incluyendo los derechos de propiedad, en el que toda propiedad es privada. Es la única forma de organizar un gobierno moral, que se funde en el reconocimiento de los derechos y actúe para evitar el inicio del uso de la fuerza física de unos hombres contra otros. En una sociedad capitalista, toda relación humana es voluntaria. Los hombres son libres de cooperar o no, de tratar unos con otros o no, como les dicten sus propios juicios individuales, convicciones e intereses.
Tratan unos con otros sólo en términos y por medio de la razón, es decir, por la disuasión, persuasión, y el acuerdo contractual; por elección voluntaria y para el mutuo beneficio. El fundamento moral del Capitalismo no es que persiga el bien común – expresión contradictoria en términos-, sino el hecho de que es el único sistema consistente con la naturaleza racional del hombre, que protege la supervivencia del hombre qua hombre y cuyo principio fundamental es la justicia.
Toda vez que la supervivencia de un hombre depende de que sea libre de usar su cerebro para aplicarse a una tarea productiva, el fundamento de un gobierno capitalista es permitir que cada hombre pueda seguir su propio curso independiente de acción, de acuerdo con su propio juicio racional. Es el hecho metafísico básico de la naturaleza humana lo que el Capitalismo reconoce y protege.
Ayn Rand ha sido la primera filósofa en la historia en darle a la Etica un fundamento en la naturaleza racional del hombre, y a la Política un fundamento en esa clase de Etica. La consecuencia de ello ha sido la posibilidad de definir y caracterizar el gobierno de una sociedad libre, basado pura y exclusivamente en el reconocimiento de los derechos del individuo. Demostró que, ni los derechos son un caprichoso invento de algunos intelectuales o místicos, ni su protección como único justificativo de la existencia de un gobierno, una de tantas formas igualmente válidas de organización social: demostró que los derechos existen antes de su reconocimiento y que, por ende, la falta de tal reconocimiento supone contradecir la ley de identidad.
Ayn Rand ha dejado un legado que en los tiempos venideros será, seguramente, una fuente de reflexión y estudio filosófico.
--------------------------------------------------------------
Publicar un comentario