jueves, 2 de julio de 2015

¡Qué fuerte es México, nada nos puede afectar!

Un gobierno de irresponsables, falsos izquierdistas y demagogos profesionales, pensaron que jugándole al bravero de cantina obtendrían más recursos para seguir manteniendo una vida de ficción.

La constante que marca hoy al mundo, no hay espacio para la duda, es la atención que se le presta a lo que sucede en Grecia, la Zona Euro y la Unión Europea toda. Cada gobierno, al margen de si pertenece a ese bloque o no, ve con preocupación el desarrollo de los acontecimientos; lo que suceda en estos próximos cinco o seis días los llevará, inevitablemente, a terra incógnita, a un espacio económico que jamás pudo alguien imaginar que habría que recorrer.



En aquel bloque económico, ¿y por qué no?, también en el resto del planeta, no caben la complacencia y el triunfalismo; por el contrario, es la objetividad y la franqueza lo que debe prevalecer por encima de la demagogia y la vieja costumbre —tan conocida en América Latina, específicamente en gobiernos de populistas—, que dicta que lo mejor en estos casos, es mentir. Así pues, los gobernados, que son todos unos idiotas funcionales según esos políticos, no se preocuparían. (¿Conoce usted un país así, con gobernantes y funcionarios que posean ese perfil?).
Los acontecimientos en Grecia, resultado de años de corrupción y otorgar a millones beneficios sociales sin la menor sustentabilidad financiera, han colocado a ese país en la situación que hoy enfrenta. Para agravar lo ya de por sí grave, un gobierno de irresponsables, falsos izquierdistas y demagogos profesionales, pensaron que jugándole al bravero de cantina obtendrían más recursos para seguir manteniendo una vida de
ficción.
La situación la llevaron a un punto en el cual, desde hace unas semanas, la viabilidad de Grecia o lo poco que de ella quedaba, se fue por el caño. Suceda lo que suceda, la situación que van a enfrentar no tendrá solución en los próximos 30 o 40 años, cuando menos; la pérdida de casi la totalidad de los dizque beneficios sociales, es lo único seguro que tienen los griegos frente a sí.
¿Hay responsables? ¡Por supuesto! Y no son otros más que ellos mismos; ellos, que vivieron de prestado pensando que el destino y la realidad jamás los alcanzaría. Se equivocaron, y tendrán una cruda que ningún analgésico ni chilaquiles picosos podrán mitigar. Para decirlo claro, ¡a joderse llaman!
Por encima de la confusión generada, hay un país que sobresale y se distingue por su capacidad para enfrentar cualquier reto. Ese país, con sólidas finanzas públicas, y un equipo al frente caracterizado por su capacidad, honradez y visión de futuro, puede estar tranquilo y mostrar al mundo, la serenidad propia de los grandes estadistas.
Ese país, si bien presumir de sus fortalezas pudiere parecer a no pocos muestra de soberbia, está obligado a ufanarse —ante propios y extraños— de su capacidad para contrarrestar los efectos negativos de la crisis griega ¿y por qué no?, de los de cualquier otra, de la  índole que fuere. Como país fuerte, debe decirlo y si quisiere, también gritarlo sería correcto.
Ya es tiempo de dar a conocer la solidez de nuestras instituciones, la modernidad y plena vigencia de nuestro Estado de derecho y sobre todo, la fortaleza alcanzada por nuestras finanzas públicas. Llegó por fin la hora de la Gran Tenochtítlan, y de la heroica raza azteca; llegó la era de México. La supremacía azteca, con esos generales, se impondrá en el planeta.
El único problema que podría, de no resolverlo correctamente, derrotarnos antes de pelear, es definir quién encabezará esa cruzada, esa epopeya histórica. Lo demás es fácil pero, ¿quién será el bueno?
Ése es problema, lo otro, pura literatu
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