viernes, 31 de julio de 2015

Sí, el salario mínimo aún aumenta el desempleo

Aumentar el salario mínimo se ha convertido en la causa célebre para muchos en la izquierda progresista. Lo más notable es que Seattle ha aprobado un salario mínimo de 15$ la hora. Además, los legisladores de California están tratando de aprobar un salario mínimo de 13$ la hora en todo el estado y el presidente Obama apoya un aumento en el salario mínimo federal de 7,25$ a 10,10$.
El público general ha sido en general bastante ignorante con respecto a la economía, así que es comprensible que muchos caigan ante apelaciones populistas vacías. Sin embargo, una serie de nuevos estudios sobre el salario mínimo pretenden demostrar un impacto bajo o inexistente sobre el desempleo. Setenta y cinco notables economistas incluso firmaron una petición al presidente Obama para que aumentara el salario mínimo.



Esto parecería ir en contra de la teoría económica básica. Después de todo, las curvas de demanda son descendentes, ¿no? En algún punto, un aumento en el salario mínimo ha tenido que costar empleos. Si el salario mínimo se aumentara a 100$ la hora, evidentemente costaría muchos empleos. Nadie discutiría esto. Así que, si es así, ¿por qué aumentarlo a 10,10$ la hora no costaría algunos empleos, no?

Estudios revisionistas

Antes de la última ola de estudios revisionistas, la idea de que los aumentos en el salario mínimo no causaban desempleo recibió un impulso importante en 1994 por un estudio de trabajadores de comida rápida en Nueva Jersey y Pennsylvania. Sin embargo, David Neumark y William Wascher reevaluaron las evidencias y descubrieron que “el aumento en el salario mínimo de Nueva Jersey llevó a una disminución del 4,6% en Nueva Jersey en relación con el grupo de Pennsylvania”.
Más recientemente, el antiguo consenso se vio de nuevo desafiado. Robert Murphy resume como sigue esta aproximación de los economistas:
Si incluimos tendencias regionales concretas indexadas por periodo de tiempo, la influencia del salario mínimo empieza a desaparecer y, en particular, utilizando su método de grupo de control preferido (de pares de condados contiguos) desaparece completamente la conclusión del libro de texto. El salario mínimo puede incluso tener un impacto positivo sobre el empleo.
Sin embargo, como señala Murphy, estos ajustes “pueden ocultar el verdadero efecto de la política”. Como descubre un reciente papel de trabajo de Jonathan Meer y Jeremy West:
Utilizando tres paneles estatales distintos de datos de administrativos de empleo, descubrimos que el salario mínimo reduce el crecimiento neto del empleo, principalmente mediante su efecto sobre la creación de puestos de trabajo al expandir negocios.1
En esencia, los aumentos en el salario mínimo hacen más probable que las empresas no contraten a más gente a que despidan a empleados actuales. Por ejemplo, los cines han dejado casi completamente de contratar acomodadores. Y muchas empresas acuden a  más automatización, al menos parcialmente debido a los aumentos en el salario mínimo.
Además, hay otro problema importante, como apunta Robert Murphy:
Los analistas cuidadosos resumirán habitualmente la nueva investigación de una forma matizada, diciendo que aumentos “modestos” en el salario mínimo parecen tener poco impacto en el desempleo. Pero el aumento propuesto de 7,25$ a 10,10$ la hora es un aumento del 39%, que difícilmente puede calificarse de “modesto”. Por tanto, ese aumento bien podría destruir los trabajos de los jóvenes, a pesar de los estudios revisionistas.
También debería señalarse que, según el Bureau of Labor Statistics, solo “el 4,3% de todos los trabajadores pagados por horas” trabajan con el salario mínimo o por debajo de este y “los trabajadores por debajo de los 25 años (…) constituyen aproximadamente la mitad de los que perciben el salario mínimo federal o menos”.2 Los estudios que se centran en aumentos modestos en el salario mínimo por supuesto no va a mostrar mucha diferencia. Sin embargo, incluso con aumentos modestos en el salario mínimo, pueden encontrarse efectos. Como describe una revisión de la literatura por David Neumark y William Wascher:
Nuestra revisión indica que hay un amplio rango de estimaciones existentes y, por tanto, una falta de consenso acerca de los efectos generales sobre el empleo de bajos salarios de un aumento en el salario mínimo. Sin embargo, la afirmación habitual de que investigaciones recientes no apoyan la opinión tradicional de que el salario mínimo reduce el empleo de trabajadores con salarios bajos está claro que es incorrecta. Una considerable mayoría de los estudios analizados en esta monografía dan una indicación relativamente constante (aunque no siempre estadísticamente significativa) de efectos negativos sobre el empleo en los salarios mínimos. Además, entre los trabajos que consideramos que dan las evidencias más fiables, casi todos señalan efectos negativos en el empleo, tanto en Estados Unidos como en muchos otros países.3
De hecho incluso la Congressional Budget Office estima que aumentar el salario mínimo a 10,10$ la hora costaría 500.000 empleos.

Dañando a quienes se pretende ayudar

El salario mínimo se presenta constantemente con algo bueno para los trabajadores o las minorías o las mujeres. En realidad, daña a los más vulnerables y a quienes pretender ayudar sus bienintencionados defensores.
Un estudio de Jeffrey Clemens y Michael Wither evaluaba el efecto de los aumentos en el salario mínimo en trabajadores no cualificados durante la recesión y concluía que los aumentos en el salario mínimo entre diciembre de 2006 y diciembre de 2012 “redujeron la tasa nación de empleo-población en 0,7 puntos porcentuales”.4 Esto equivale a 1,4 millones de empleos. Y lo más notable es que “los aumentos obligatorios en el salario mínimo reducían significativamente la probabilidad de que trabajadores no cualificados llegaran a lo que calificamos como ganancia de clase media baja”.
Sí, es difícil llegar a fin de mes  con un empleo de salario mínimo y esos empleos indudablemente no son envidiables. Dicho esto, eliminar para la gente el escalón más bajo solo le hace más difícil ganarse la vida. Un mal trabajo es mejor que ninguno y a menudo es el primer paso para algo mejor. Esto se aprecia mejor en un gráfico ilustrativo proporcionado por el economista Mark Perry, que compara el salario mínimo con el desempleo juvenil. Los dos se correlacionan casi perfectamente.
Y aunque la mayoría de los que promueven un aumento en el salario mínimo tengan buenas intenciones, indudablemente no siempre ha sido así. Igual que los controles de rentas, aumentar el salario mínimo reduce el precio de la discriminación al crear excedentes de trabajadores de los que pueden elegir los empresarios. Aunque muchos hayan señalado la extraña alianza de “contrabandistas y baptistas” respecto de la Ley Seca, otra alianza extraña de “populistas y gente con prejuicios” podría aplicarse casi igual de fácilmente al salario mínimo.
Cuando el apartheid se estaba desmoronando en Sudáfrica, el economista Walter Williams realizó un estudio de los mercados laborales de Sudáfrica y descubrió que muchos sindicatos blancos buscaban aumentar el salario mínimo. Cita a uno de esos líderes sindicales diciendo: “Apoyo el nivel (de salarios mínimos) para el trabajo como las segunda mejor manera de proteger a los artesanos blancos”. Al poner fuera del mercado a los trabajadores negros peor formados con un salario mínimo, los sindicatos blancos eran capaces de aislarse de la competencia.
De hecho, la Ley Davis-Bacon, que ordena que los empresarios privados paguen “salarios prevalentes” para cualquier contrato público, fue aprobada explícitamente como una ley Jim Crow para proteger los empleos blancos frente a competidores negros más baratos. Y aunque el salario mínimo se defiende hoy con una retórica mucho más agradable, los efectos sobre el empleo negro, particularmente el empleo negro juvenil, han sido devastadores. Como observa Thomas Sowell:
En 1948 (…) la tasa de desempleo entre negros de 16 y 17 años era del 9,4%, ligeramente inferior al de los chicos blancos de las mismas edades, que era del 10,2%. Con el paso de las décadas, nos hemos acostumbrado a que las tasas de desempleo entre los jóvenes negros estén por encima del 30%, el 40% o en algunos años incluso del 50%.
Es difícil imaginar que el desempleo negro fuera realmente menor que el blanco. Pero ese es el efecto que pueden tener las leyes de salario mínimo.5
Acabar con la pobreza y dar a la gente renta adicional son objetivos loables, pero no hay comidas gratis en este mundo. Y tratar de forzar la prosperidad mediante un salario mínimo simplemente crea una serie completa de consecuencias negativas y no pretendidas, especialmente para aquellos que son los más vulnerables.


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