lunes, 17 de agosto de 2015

Bajo crecimiento económico para el resto del sexenio


Como lo advertimos hace varios meses, la fiesta de altos precios del petróleo y bajas tasas de interés se estaba acabando. Esto tendría consecuencias importantísimas para la economía mexicana que ya estamos sintiendo. La peor: tendremos, otra vez, un crecimiento económico bajo. Ya son tres años seguidos, los tres primeros del sexenio de Peña, caracterizados por un Producto Interno Bruto (PIB) incrementando poco. Este año, todo indica que el PIB crecerá por debajo de 2% cuando el gobierno de Peña había pronosticado que sería de entre el 3.2% y 4.2 por ciento.



¿Y cuál ha sido la reacción del gobierno frente a otro año decepcionante desde el punto de vista económico? Decir que hay países que están peor que México. Es cierto. Pero es como afirmar, en medio de la tormenta, que hay casas que se están inundando más que la nuestra. ¿De qué nos sirve este consuelo? En una situación así, poco importa lo que pase a los vecinos: lo relevante es resolver la inundación en nuestro hogar.
El gobierno tiene dos políticas para influir directamente en la economía. La primera es la monetaria que está a cargo de una entidad autónoma: el Banco de México. La ortodoxia diría que, en épocas de crecimiento económico bajo, el banco central debería establecer tasas de interés bajas. Sin embargo, en México, Banxico tiene como objetivo mantener la inflación controlada. Hoy es de la más bajas de la historia reciente del país. Sin embargo, los precios pronto empezarán a subir a consecuencia de la depreciación del peso mexicano. Es inevitable. Y, en cuanto la Reserva Federal suba las tasas de interés en Estados Unidos el mes que entra, Banxico tendrá que subirlas en México para evitar una mayor depreciación del peso que genere inflación. En este sentido, lo que viene en materia de política monetaria, no es conducente para generar mayor crecimiento económico.
Queda, entonces, la segunda política en materia económica: la fiscal. Ésa sí está a cargo del gobierno de Peña previa autorización del Congreso. Y me temo que aquí tampoco hay buenas perspectivas.
Alrededor de un tercio de los ingresos públicos vienen del petróleo. Resulta que el precio de esta materia prima ha caído en más de 60% en un año. Hoy el barril de mezcla mexicana se vende en 40 dólares cuando en el verano pasado se vendía en cien. Pero, además, se está cayendo la producción petrolera. Hoy México está produciendo un promedio de dos millones 200 mil barriles por día, lo mismo que producíamos en los años ochentas. La caída del precio y de la producción ha significado un desplome de 38% de los ingresos petroleros durante el primer semestre del 2015. El gobierno, sin embargo, compró coberturas financieras para asegurar un precio de 79 dólares por barril durante 2015. El problema será para 2016 cuando ya no tengamos este seguro. Habrá, entonces, un enorme boquete en los ingresos públicos.
El gobierno ya no puede, otra vez, utilizar la tarjeta de crédito. Lleva seis años usándola intensamente. La deuda pública creció 160% entre 2008 y 2014. Su tamaño pasó de ser equivalente a 17 puntos del PIB a más de 43 puntos. Tanto el gobierno de Calderón como el de Peña le metieron duro a la deuda. Ya no le pueden meter más sin generar consecuencias adversas para la estabilidad macroeconómica del país. La opción de un mayor endeudamiento, por tanto, está cerrada. Como cerrada está la alternativa de un incremento a los impuestos para compensar la caída en los ingresos petroleros. Sería un suicidio político y económico en el contexto actual.
Lo que queda, entonces, es recortar el gasto público. El gobierno ha anunciado que disminuirá el presupuesto en 130 mil millones de pesos para el año que entra. Es muy poco tomando en cuenta que el gasto público total de 2015 ascendió a 4.7 billones de pesos. Tendría que haber un recorte mayor. El abuso y dispendio está a la vista de todos. Se multiplicó en los años de la fiesta de altos precios del petróleo y bajas tasas de interés. Llegó la hora la poner a dieta al ogro filantrópico que anda muy pasado de peso. El problema es que el recorte al gasto público, aunque es lo que responsablemente hay que hacer, tendrá un efecto negativo en la demanda agregada del país y, por tanto, en el crecimiento económico.
En conclusión, tanto la política monetaria como la fiscal frenarán más el crecimiento de la economía mexicana en el corto plazo. Este año, entonces, otra vez creceremos poco como durante los dos primeros años de este sexenio. Y lo que se vislumbra, hacia el resto, es lo mismo: un PIB que, si bien nos va, aumentará entre dos y tres por ciento al año de aquí al 2018.
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