lunes, 17 de agosto de 2015

Beltrones, López Trump y lo que se acumule

 
¿Qué diablos necesita este país? Es una pregunta que me da vueltas en la cabeza sin cesar. No es broma,  aunque parezca trillado, no puedo dejar de pensar que el destino de México no puede estar ligado a tanta incompetencia, violencia y corrupción. Hay quien dice que esto es lugar común. Les pregunto: ¿de verdad estamos condenados al más puro estilo de El Laberinto de la soledad de Octavio Paz, nos cargue la chingada?



Hoy veo a mis hijas hablando del mundo, de la vida en otros lugares, de su futuro y no puedo dejar de imaginarme si ese futuro se cristalizará en México. Mi madre era orgullosa española de esas que en algún momento no tienen lógica porque han estado en una patria que les ha dado todo y no dejan de llamarse españolas, aunque su vida haya transcurrido cuatro veces más en aquí que en España. ¿Qué fue lo que sembraron en un país que expulsó a millones de ciudadanos, para que siguieran amando su patria? Aun traicionados y perseguidos. Mi madre me insistió que sacara mi pasaporte español al que tengo derecho por la ley. No me interesa. Admiro a España, a Madrid, su cultura y su pueblo, pero soy mexicano y punto final. Estoy hasta la madre de aquellos que braman en contra del país, de aquellos que lejos de la proposición sólo encuentran la crítica. De aquellos que se benefician de las condiciones de inequidad del país y hacen grandes negocios que les alcanza para tener propiedades en Miami y Houston. Traidores hipócritas. Por qué de aquí sacan las grandes tajadas que les permiten ser terratenientes internacionales. Creo que tenemos un muy claro caso de falta de liderazgo. Guiar a un país en tiempo de crisis no sólo requiere de legitimidad, requiere de credibilidad. Este país necesita primero que nada la impresionante fuerza del ejemplo, que tendría que ser encabezada desde la clase política que hoy en día nos avergüenza.
La decisión, del presidente Peña de dejar pasar a Manlio Fabio Beltrones a la presidencia del PRI ha sido una de las más importantes de su mandato. Beltrones, como dijeron sus pares de la oposición, sus más acérrimos rivales, puede ser el malo, el bueno, el feo, el señalado el capo, pero nadie le puede robar las etiquetas de gran operador político, de hombre de palabra, de orquestador. Hacía mucho que en los tiempos políticos modernos y ante las reformas estructurales, que vislumbraban un escenario por demás complicado, no teníamos una Cámara de Diputados tan armónica. Les guste a sus correligionarios y sus enemigos, Beltrones es la última trinchera de la negociación política y de la consecución de acuerdos.
No tengo que, en estas líneas, repetir la apoteósica despedida de que fue objeto Beltrones, tanto en la Comisión Permanente como en la Jucopa, sería un ejercicio de narcisismo dirigido. Todo mundo ha leído las crónicas en las cuales los discursos de la más cruenta oposición dieron fe de la capacidad de Beltrones para lograr acuerdos y cumplir compromisos. Fue total el ánimo de reconocimiento. Manlio no necesita corifeos. Sólo necesita de capacidad y espacio para operar. Es en este campo en donde veremos si la voluntad presidencial y la negociación con el gabinete fue real o tan sólo una válvula de escape a tantos asuntos que no se resuelven y que tienen a la opinión pública molesta.
Para nadie es un secreto que esta posición, perfila a Manlio como un serio aspirante a la Presidencia. Yo no sé si esto sea bueno o malo. La respuesta pondrá a Beltrones en su verdadera altura: ¿estadista u oportunista? De esta respuesta puede depender el futuro de nuestro país.
Estoy convencido de que no necesitamos mesías, requerimos de un hombre pragmático, seguro y con ganas de ser recordado en la historia por sus acciones y no por su sonrisa.
Hoy tenemos un jefe de Gobierno, que en clara estrategia electoral empieza a deslindarse del gobierno federal y claramente pide que se reconozcan los logros de la administración. Un Andrés Manuel López Trump, que lejos de dar confianza, sigue con sus discursos incendiarios, con sus ganas de quemar pueblos, que no entendió por qué perdió la elección del 2006, y un PAN que precisamente hoy tendrá un rostro que revelará si tiene o no posibilidades
para el 2018
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