jueves, 6 de agosto de 2015

Cambio de dirigente de un partido que no cambia

En pleno siglo XXI, en un país democrático donde existe competencia electoral, la disciplina dentro del PRI es asombrosa. La obediencia de sus miembros es perfecta. Nadie cuestiona las decisiones del Presidente.

El mundo cambia, el país cambia, pero el PRI se mantiene igual. Ni un viso de modernización. Los usos y costumbres se imponen: la simulación, por ejemplo. Todo mundo sabe que el próximo dirigente del partido lo designará el presidente Peña Nieto. La decisión saldrá directamente de Los Pinos. No obstante, el partido realizará un complicado ejercicio de simulación para trasmitir la idea de que fueron “las fuerzas partidistas” las que eligieron a la dirigencia nacional. Una vez cumplidos los formalismos legales, los priistas pronunciarán las mismas palabras de siempre: “El partido eligió al mejor hombre que garantiza la unidad”. Pamplinas. El partido no elegirá a nadie: lo hará el Presidente.



Y se vale. Yo no tengo problema que los priistas designen a su líder como se les pegue la gana. Es una decisión que les incumbe a ellos. Lo que me parece ridículo es que sigan simulando, igualito que desde hace ya tantos años.
Si fueran honestos y derechos, los priistas cambiarían sus estatutos: “Si el Presidente de la República es miembro del Partido Revolucionario Institucional, éste designará y removerá al presidente del partido”. Punto. Nada más ni nada menos. Claridad y transparencia. Un estatuto compatible con la realidad. Así debería ser en un Estado de derecho.
Los priistas, en cambio, van a llevar a cabo un complejo ritual de formalismos legales que nada tienen que ver con la verdad. Ayer se reunió el Consejo Político Nacional (CPN) para determinar el método a utilizar en la selección de la nueva dirigencia y autorizar a la Comisión de Procesos Internos a emitir la convocatoria. Aunque existen tres posibles métodos de elección, el partido utilizará la asamblea de consejeros políticos nacionales. Una vez emitida la convocatoria habrá un periodo de diez días para que los interesados se inscriban. En ese tiempo deberán pedir su apoyo a los sectores y organizaciones partidistas. Si se registran más de dos fórmulas (hombre y mujer para presidente o secretario general) vendrá un periodo de 20 días para realizar campaña. Si sólo se registra una fórmula, la Secretaría Técnica del CPN convocará de inmediato a una sesión para elegir a la pareja sin necesidad de campaña interna.
En buen inglés: puro bullshit. Palabrería sin sustancia. Comités, convocatorias, registros, sesiones, etcétera, que no sirven para nada. Lo único que contará es la decisión de Los Pinos que en su oportunidad trasmitirán a Insurgentes Norte. Todo indica que habrá una sola fórmula “de unidad” designada directamente por el presidente Peña. (Ayer se rumoraba que sería encabezada por Manlio Fabio Beltrones).
Si esto les funciona a los priistas, pues bien por ellos. La decisión, al fin y al cabo, les afecta o perjudica a los miembros de este partido. Los que no estamos afiliados, pues nos limitamos a ver cómo el PRI sigue siendo el mismo de antes. Se vale. Pero que les quede claro que tiene una consecuencia: se ven falsos.
Y lo mismo ocurrirá en tres años cuando decidan quién será su candidato presidencial. Será Peña quien lo elija. Hoy, a la mejor usanza priista, a los posibles aspirantes los mantiene “tapados”. Ya les dijo a los priistas que llegará el tiempo de “destaparlo”. Mientras tanto, los priistas deben mantener la unidad en torno a él. Lo increíble es que los miembros de este partido le hacen caso y muestran una unidad férrea. En pleno siglo XXI, en un país democrático donde existe competencia electoral, la disciplina dentro del PRI es asombrosa. La obediencia de sus miembros es perfecta. Nadie cuestiona las decisiones del Presidente. No parece haber corrientes diferentes a la del actual grupo gobernante. No hay ningún viso de disidencia.
Insisto: se vale. Pero que no traten de engañarnos a los demás. La próxima dirigencia nacional del PRI la va a designar el presidente Peña Nieto y nadie más. También al próximo candidato presidencial de este partido. Así son los usos y costumbres priistas. No así los estatutos del partido diseñado para simular otra práctica común del viejo PRI
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