miércoles, 12 de agosto de 2015

Gradualismo

Tibor R. Machan es un académico investigador de la Hoover Institution, profesor de la Escuela Agyros de Negocios de la Universidad Chapman, y académico asociado del Cato Institute.

Desde que me convencí que la sociedad enteramente libre es tanto justa como posible, he estado consciente de la disputa que existe entre aquellos que comparten mi convicción. Algunos de ellos mantienen que, siempre y cuando no incluya una pérdida mayor de libertad individual, cualquier adelanto en la dirección correcta, aun si no conduce inmediatamente a la libertad total, es positivo y valioso. Otros insisten en todo o nada: ningún desplazamiento lento hacia la libertad es aceptable porque da la impresión que nos estamos volviendo cómplices en evitar la libertad total.



Los “vouchers” o cupones educacionales no nos conducen directamente al libre mercado en educación. Esos cupones distribuidos por el gobierno permiten a los padres seleccionar la escuela pública o privada donde inscribirán a sus hijos, lo cual aumenta la competencia y mejora la calidad. Sin embargo, los cupones siguen teniendo ataduras y regimentaciones burocráticas. Por esa razón, se debe proceder con cuidado, analizando lo positivo y lo negativo.
A veces un poco de libertad individual significa mucho para los afectados, o sea los padres y los niños en el caso de los cupones educacionales. Yo tuve ese tipo de experiencia cuando escapé de un país comunista a un país occidental. El aumento de mi libertad fue inmenso, aunque donde emigré inicialmente no era una sociedad enteramente libre.
El experimento mundial con la privatización se parece algo a los cupones educacionales en Estados Unidos porque suelen ser confusos y se mezclan con programas gubernamentales. En las privatizaciones ha habido frecuente corrupción al vender empresas estatales a los amigos del gobierno de turno. Por eso hay mucho en los programas de privatización que disgusta a quienes insisten en una sociedad libre ya, por ser un proceso de remiendos poco transparentes que a menudo significan dos pasos adelante y uno para atrás.
Cuando muchas de las carreteras y autopistas de Italia, Francia y otros países fueron parcialmente privatizadas no surgió de la noche a la mañana un mercado libre de carreteras, pero es un mejor sistema que las autopistas estatales en Estados Unidos. Una de las ventajas de esa privatización parcial es que gente que jamás o casi nunca utiliza las autopistas dejó de pagar por quienes las usan todo el tiempo.
Hay muchos otros ejemplos, pero el punto que deseo dejar claro es que contrario a los que insisten en obtener toda la libertad de un solo golpe, el complicado avance de una economía mixta hacia una economía libre es muy improbable que se logre de un solo y gran salto adelante. Eso no sucederá porque todos no querrán montarse al mismo tiempo en el tren expreso que conduce a la libertad total. Insistir en ello es caer en el error tan bien descrito por el viejo dicho: “lo perfecto es enemigo de lo bueno”.
Tales saltos son fantasías que ocurren sólo en el cine, en las novelas y en las canciones, como aquella tonada anarco-comunista de John Lennon titulada “Imagínate”. En este sentido vale la pena recordar la advertencia de Sócrates sobre los poetas: no tienen que ver con la realidad, sino más que todo con la belleza
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