domingo, 16 de agosto de 2015

Para entender lo que pasó en Argentina…

Para entender lo que pasó en Argentina…

Resultados PASO
Por Álvaro Vargas Llosa
Ofrezco cinco claves -número perfectamente arbitrario: podrían ser 20 o ninguna por lo difícil que es entender unas elecciones allí- de lo que sucedió en la Argentina el domingo pasado con ocasión de las primarias (Paso).
¿Quién ganó?
Cuando un resultado electoral lleva a los protagonistas a hacer un esfuerzo por convencer a la opinión pública de que han triunfado y a los comentaristas a preguntarse quién ha ganado, es porque todos han perdido.
Esto no significa que nadie ha logrado nada.


El candidato oficialista, Daniel Scioli, sacó más de ocho puntos y medio de ventaja a Mauricio Macri, si atribuimos al alcalde saliente de Buenos Aires los votos de sus rivales internos en la coalición Cambiemos. Necesitaba sacarle 10 puntos u obtener 45% (en lugar de los 38,4 que consiguió) para estar seguro de ganar en primera vuelta en los comicios presidenciales de octubre, cosa que le resultó esquiva. Todo indica que estas primarias prefiguran los resultados de la primera vuelta de las presidenciales e implican, por tanto, que habrá una segunda vuelta entre Scioli y Macri. El oficialista y actual gobernador de la provincia bonaerense puede legítimamente aspirar a llevarse muchos votos de la coalición UNA, liderada por el peronista disidente Sergio Massa, en esa segunda vuelta.
Por su parte, Mauricio Macri quedó lejos del 35% que pretendía y a una distancia de Scioli superior a la que era aconsejable. Pero sabe que una mayoría del país es contraria al kirchnerismo (la suma del 30,07% de su coalición, el 20,6% de la de Massa y los porcentajes de las candidaturas chicas de izquierda así lo prueba) y por tanto que en una segunda vuelta tendría opciones sólidas. Por último, Macri sorprendió con el 29% alcanzado por su coalición en la provincia de Buenos Aires, donde a la oposición suele irle mal, resultado confirmado por el porcentaje casi equivalente de María Eugenia Vidal, la candidata apoyada por él que pretende la gobernación de Buenos Aires en competencia con Aníbal Fernández, el acusadísimo jefe de gabinete de Cristina Kirchner.
Sergio Massa va tercero y a distancia importante de los dos favoritos, pero puede jactarse de ser el hacedor de reyes, pues para alcanzar la presidencia Scioli y Macri tendrán que cortejar apasionadamente a sus votantes. Hace pocas semanas, en el ambiente polarizado de la Argentina, Massa parecía haberse diluido por completo. Hoy, su coalición es un factor determinante, si bien el peronista antikirchnerista José Manuel de la Sota, saliente gobernador de Córdoba, sacó cuatro de cada 10 votos obtenidos por la coalición de ambos, UNA.
Peronismo versus kirchnerismo
Es imposible entender los resultados argentinos (me tienta terminar la frase aquí mismo) sin tener en cuenta la complejidad del rompecabezas peronista. Porque si bien el kirchnerismo es una minoría y el antikirchnerismo una mayoría, el peronismo sigue siendo representativo de más de la mitad del país. Si sumamos el 38 y pico por ciento de Scioli y el 20 y pico por ciento de la coalición de Massa, hablamos de un universo muy amplio de votantes en la órbita del justicialismo. Unos gravitan hacia el gobierno y otros hacia la disidencia, pero se diferencian de la oposición pura y dura, es decir del macrismo o los grupitos de izquierda.
Esto no sería importante si el candidato oficialista fuera un kirchnerista cercano a la presidenta y a la facción de La Cámpora comandada por su hijo Máximo. Pero resulta que el candidato oficialista, Scioli, es un peronista que a menudo ha tenido discrepancias con el kirchnerismo y que atrae votos peronistas más moderados que el kirchnerismo. Es verdad que la presidenta le ha impuesto un candidato a vicepresidente, Carlos Zannini, que cumple la función de “tobillera electrónica”, como dicen muchos en la Argentina, para tenerlo bajo control, pero él tiene votantes propios que se sienten peronistas y no kirchneristas, sobre todo en la provincia de la que ha sido gobernador tanto tiempo.
Aquí es donde el factor “Massa” se presenta en forma de incógnita. Massa fue kirchnerista -ocupó el cargo de jefe del gabinete de la mandataria- hasta que en 2013 se rebeló y, desde la localidad de Tigre, en la provincia bonaerense, lideró a una facción disidente dentro del peronismo. Ese año derrotó al gobierno en las legislativas con votos peronistas críticos del kirchnerismo. Lo mismo pasa con De la Sota, su colega de coalición, sólo que en este caso el saliente gobernador de Córdoba es portaestandarte de una facción peronista más intensamente crítica del gobierno que la de Massa. Todos estos peronistas disidentes, ¿son tan antikirchneristas que están dispuestos a apoyar a Macri en una eventual segunda vuelta a pesar de que es el enemigo del peronismo o pueden acabar inclinándose por Scioli, a quien a pesar de ser el candidato oficialista ven como un peronista disidente sólo temporalmente vinculado a la mandataria?
¿Dónde pescar votos?
La pregunta anterior no tiene respuesta todavía. Pero lo que sí sabemos es que, para ganar, tanto Scioli como Macri necesitan atraer votos peronistas no kirchneristas. Esto, por cierto, suponiendo que estén en condiciones de retener todos sus votos de las primarias; en el caso de Macri, ello implica también conseguir los votos de los rivales a los que derrotó el domingo dentro de su coalición opositora Cambiemos (o sea el 3,4% de Ernesto Sanz, de la Unión Cívica Radical, y el 2,3% de Elisa Carrió).
Retomo el hilo: ¿Quién se llevará los votos peronistas disidentes? A priori, parece más fácil para Macri satelizar los votos de De la Sota, un importante seis y pico por ciento, porque el peronismo disidente cordobés es particularmente antikirchnerista. Más complicados para él son los votantes de Massa. No quieren nada a la presidenta pero desconfían del “neoliberalismo” que atribuye la propaganda oficial a Macri. Además, muchos de ellos están en la provincia bonaerense (allí UNA obtuvo casi 21%), plaza donde Scioli es fuerte y donde muchos peronistas aspiran a sacarse de encima el kirchnerismo pero no el populismo de los subsidios ni un cierto discurso antiliberal. Pensando en ellos es que Macri ha hecho algún que otro guiño populista en semanas recientes y pensando en ellos es que Scioli ha enfatizado su relación con varios gobernadores peronistas que no son kirchneristas pero tampoco enemigos de la casa.
¿Tres centristas?
Una cosa es la percepción de los votantes sobre la ideología de los candidatos y otra… la ideología de los candidatos. El provocador analista y escritor Jorge Asís habla de “tres centristas” porque no ve diferencias de fondo entre los tres candidatos más votados. Para él, Scioli corregiría varias de las barbaridades del kirchnerismo, Macri haría lo propio cuidándose de parecer “de derecha”, referencia topográfica de la que huye, y Massa, peronista disidente al fin y al cabo, no sería muy distinto de Scioli tomando decisiones económicas. Con los tres hay, por tanto, un cambio de orientación moderado y sin traumas para frenar la inflación, captar inversiones y disminuir el gasto.
Es posible que esto sea cierto pero también es verdad que el factor político, es decir el de control del poder, abre diferencias entre los tres.
Un Scioli que entre raspando a la presidencia será mucho más vulnerable a la presión del kirchnerismo y La Cámpora que uno que sume una montaña de votos peronistas disidentes al voto del kirchnerismo y proyecte la imagen de un triunfador que debe su victoria a la disidencia antikirchnerista.
Un Macri que obtenga en primera vuelta algo parecido al 24% que él personalmente sacó el domingo y que deba una eventual victoria en segunda vuelta a los votos de Massa será, evidentemente, muy vulnerable a la presión del peronismo aun si no se trata de la facción kirchnerista.
Por último, en el improbabilísimo caso de que Massa obtuviera la victoria, su situación no diferiría mucho de la que sugerí en relación con Scioli. Si no gana, ¿qué sucede con su apoyo al ganador de una segunda vuelta? Si la percepción es que le dio la victoria a Macri, Massa jugará un papel importante en el gobierno de la actual oposición porque será el que suministrará a la coalición ganadora el piso sólido para poder sostenerse (es decir, hacer frente a la arremetida de las otras facciones peronistas, que tratarían de destruir al gobierno de Macri como destruyeron al de De la Rúa). En cambio, si Massa juega en pared con Scioli, su rol en un gobierno peronista, con ser importante, no sería tan determinante. Después de todo, hay muchos peronistas disidentes notorios.
Los tres candidatos suponen un viraje hacia la racionalidad y un cambio del tono (una “estrangulación del énfasis”, para usar la frase de Ortega y Gasset) en la política argentina, aunque con distinto ritmo y profundidad, y sobre todo fiabilidad. Macri es el que tiene mayores convicciones de cambio y mejor equipo, pero también más vulnerabilidad en un escenario de dominio peronista. Scioli es quien mejor puede defenderse en ese escenario porque ya lo ha hecho, pero también quien menos parece atreverse a liderar un cambio controversial. Massa, por último, tiene un poco de Macri (sus raíces son más bien liberales) pero otro poco de Scioli (viene del peronismo bonaerense).
Macri y Massa, íntimos enemigos
De cómo transcurra -o no- la relación entre Macri y Massa, que se quieren poco, dependerán en gran parte los comicios de octubre y, si hay segunda vuelta, noviembre. Nunca sabremos si fue un grave error de Macri no aceptar la alianza con Massa que el peronista disidente estaba dispuesto a realizar cuando su estrella parecía declinar y cuando otros peronistas disidentes lo presionaban en favor de ese entendimiento. Lo cierto es que el rechazo se produjo y desde entonces Macri soporta, cada vez que hay algún revés, ese reproche.
Massa es plenamente consciente de ello: exhibe ahora que es hacedor de reyes una nueva seguridad en sí mismo que roza las fronteras de la arrogancia. Macri, que se siente superior en votos y legitimidad como opositor de muchos años, también intuye que de su capacidad para perder una pizca de dignidad frente a Massa dependerá en parte su suerte en esta campaña.
Macri, el enemigo del kirchnerismo y del populismo peronista, se juega acaso su última oportunidad. Si pierde, la historia lo enterrará. Massa tiene recorrido y sabe que probablemente esta no será su elección pero que vendrán otras. Ser un líder del peronismo en la Argentina es casi garantía de eternidad. Esa diferencia puede jugar a favor de Macri, no sólo ayudándolo a vencer la resistencia de su propio orgullo e impeliéndolo a negociar con Massa, sino también animando a Massa a ser flexible; para el futuro del peronista disidente será mucho más importante haber sido el responsable de la derrota de la facción kirchnerista del peronismo que la comparsa de otro peronista disidente más.
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