miércoles, 12 de agosto de 2015

¿Quién paga por los subsidios agrícolas?

Marian L. Tupy es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute y editor del sitio Web www.humanprogress.org.
Peter Mandelson, el representante comercial de la UE, dijo el 11 de noviembre que las negociaciones de la ronda de Doha sobre la liberalización comercial (Dec. 13-18) en Hong Kong probablemente fallarían. “El problema”, dijo él, “es que lo que sea que ofrezcamos no es suficiente para los productores y exportadores altamente competitivos y muy agresivos como Brazil, Australia, Nueva Zelanda, y EE.UU.”
El Sr. Mandelson debería resistir los pedidos proteccionistas de la UE y aferrarse a la ambiciosa propuesta de liberalización comercial delineada por si contraparte estadounidense. La UE (como también EE.UU.) ganaría mucho al cortar y, eventualmente, eliminar sus programas de soporte agrícola.



El público en general en los países ricos cubre gran parte del costo del proteccionismo agrícola. Luego el público paga precios de comida que son más altos de lo que serían bajo un régimen de comercio liberalizado. En el 2004, por ejemplo, el soporte agrícola en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) constató cerca de $280 mil millones. El soporte agrícola de la UE alcanzó cerca de $133 mil millones, el de Japón 49 mil millones, el de EE.UU. $47 mil millones, el de Corea del Sur $20 mil millones y el de Canadá y Suiza $6 mil millones cada uno. Además, en el 2003, el centro de investigaciones inglés Policy Exchange descubrió que los consumidores de la UE “pagan 42 por ciento más por productos agrícolas que lo que pagarían si el sistema fuese deshecho. Los estadounidenses pagan un 10 por ciento extra, los japoneses más del doble de eso. Para las familias más pobres, para las cuales la comida constata una proporción mayor de su ingreso, un comercio más libre significaría una calidad de vida considerablemente mejor”.
El nivel de proteccionismo agrícola en Europa es más alto que en EE.UU. Eso es parte de la razón por la cual, como los investigadores de la Fundación Friedrich Naumann descubrieron que los precios del pan en Francia y Alemania son 45 por ciento más altos que los que son en EE.UU. y que los precios de la carne en Francia y Alemania son un 56 y 87 por ciento más altos que en EE.UU.
Es verdad que los subsidios agrícolas contribuyen a mantener empleados a un ya pequeño número de agricultores en los países ricos, pero, como el economista francés Patrick Messerlin estimó, el costo promedio incurrido por el contribuyente europeo por cada trabajo “salvado” mediante el proteccionismo fue de aproximadamente $200,000 por año durante los 1990s. Sorprendentemente, a lo largo del mismo periodo, cada trabajo dentro de la industria del azúcar “salvado” mediante el proteccionismo le costó al contribuyente estadounidense $800,000.
Los subsidios agrícolas son, por supuesto, una forma de subsidio corporativo. Como lo documenta la OCDE, el 20 por ciento más rico de los agricultores en Europa reciben 80 por ciento de los subsidios. En el Reino Unido, aquellos agricultores ricos incluyen al hombre más rico de Inglaterra, el Duque de Westminster, como también otros hombres nobles y ricos, incluyendo a los Duques de Marlborough y de Bedford, y al Earl de Leicester. El Príncipe Alberto de Mónaco también recibió dinero de la Política Agrícola Común (CAP, por sus siglas en inglés), como también lo recibieron cuatro miembros del gabinete danés y varios miembros del parlamento danés. El ministro de agricultura holandés, Cees Veerman, también estaba en la lista de pagos de la CAP.
De igual manera, en EE.UU., son los agricultores más ricos los que reciben más de los subsidios agrícolas. En 1999, por ejemplo, 45 por ciento de los subsidios agrícolas fueron al 7 por ciento de tierras más grandes cultivadas estadounidenses. De acuerdo a la Base de Datos del Grupo para Analizar los Subsidios Agrícolas, una organización sin fines de lucro basada en Washington, uno de los recipientes más prominentes de los subsidios agrícolas estadounidenses es la minoría del Senado Whip Dick J. Durbin.
En un reciente estudio a fondo titulado La Reforma Comercial Agrícola y la Agenda de Desarrollo de Doha, Kym Anderson y Will Martin del Banco Mundial estimaron las ganancias en calidad de vida resultantes de la completa liberalización del comercio de mercadería. De acuerdo a los autores, para el 2015, la ganancia anual en calidad de vida en la UE y los países del Área Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés) sería de $65 mil millones más que lo que hubieran sido si ninguna liberalización comercial ocurre. EE.UU. se beneficiaría con $10 mil millones, Australia y Nueva Zelanda con $6 mil millones. Otros grandes proteccionistas ganarían también. Japón tendría una ganancia neta de $55 mil millones, Corea del Sur y Taiwán de $45 mil millones, y Hong Kong y Singapur de $11 mil millones.
Dejando a un lado las ganancias monetarias, la liberalización comercial puede contribuir a hacer de las relaciones entre los países ricos, especialmente la UE y EE.UU., más amistosas. Además, la liberalización comercial agrícola removerá la acusación de hipocresía que los líderes del mundo en vías de desarrollo muchas veces hacen en contra de los representantes de los países ricos. Mientras que los subdesarrollados presionen a los ricos para que adopten el libre mercado, solo se puede esperar que los países ricos vivan las palabras que predican
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