lunes, 18 de enero de 2016

La gerencia cambió de domicilio




Jesús Silva-Herzog Márquez
Ha sido entretenido discutir sobre los méritos del trabajo periodístico de un actor, divertirnos con los coqueteos de un bandido y las tonterías de una actriz. Durante una semana hemos visto la tragedia mexicana como pasatiempo, una telenovela. Los personajes son tan caricaturescos, el libreto tan empalagoso, los eventos tan chuscos que tiene tono de melodrama. A decir verdad, este libreto de nuestra realidad no valdría más que para un musical de Parker y Stone. Un capítulo de South Park, quizá. Un actor piensa salvar al mundo hablando de sus pedos (literalmente). Mientras se mira en el espejo y habla de sí mismo, saluda al criminal culpable de miles de muertes como el verdadero presidente de México. Le consuela saber que sus homicidios son simples decisiones empresariales. Qué alivio: el hombre que lo invita a cenar no mata por gusto sino por imposiciones de su negocio. El bandido escurridizo se deja atrapar por la fantasía de inmortalizarse en la pantalla. No tiene idea de quién es la estrella de Hollywood que lo visita pero idolatra a la actriz de telenovelas que lo invitaba a traficar con el amor. Serás héroe de héroes, le decía ella. Ahí está una bonita canción para el musical de El Chapo: Creo en ti, traficante del amor, héroe de héroes...

La comedia seguirá dando de qué hablar. Valdría detenerse en otra revelación de estos días: la solidez del imperio de un hombre que hace seis meses dormía en la cárcel de "máxima seguridad". Más allá de las marcas de su personalidad, de sus debilidades o patologías, lo relevante es que sus dominios parecen intactos. El hombre que atraparon los marinos hace un par de semanas no es un fugitivo solitario sino la cabeza de un reino criminal que no ha dejado de prosperar. El Estado mexicano ha podido atraparlo en tres ocasiones (porque lo ha dejado escapar dos veces) pero no ha logrado despostillar su imperio. No hay merma alguna de su poderío económico. Su fortuna sigue siendo gigantesca. Decenas de inmuebles por todas partes, aviones y submarinos, el arsenal de un ejército. Un escuadrón dispuesto al sacrificio para defenderlo. El Presidente podrá celebrar que la misión se ha cumplido pero la verdad es que, independientemente de la estancia de los narcotraficantes, el negocio de los criminales no ha sido tocado. El Chapo Guzmán es atrapado en una casa que colindaba con la de un familiar del gobernador. Su capacidad para intimidar y aniquilar a sus adversarios parece incólume. Sus conexiones políticas gozan de perfecta salud. El criminal sigue disponiendo de una extensa red de protección que le permite imponer su capricho. Es notable que el delincuente más buscado del país no haya tenido que esconderse en las cuevas ni haya intentado cambiarse el rostro. No se mudó a otro país sino que regresó a la capital de sus dominios para establecerse en la residencia más predecible. Iba a decir escondite pero es más correcto hablar de domicilio. El Chapo se ocultaba en el lugar más visible, demostrándole a todo mundo que no tenía razones para temer.

El periodista Alejandro Páez Varela ha dicho que, en realidad, el Cártel de Sinaloa se ha fortalecido cuando su cabeza despacha los asuntos del negocio desde la cárcel. En un artículo reciente, preguntaba ¿cuántas casas, cuánto dinero, cuántos aviones o helicópteros le han decomisado? El hombre sigue teniendo la capacidad de becar ingenieros para que se capaciten en Alemania como expertos en arquitectura subterránea. El hombre sigue siendo capaz de corromper a los funcionarios de la prisión que le permiten fugarse. El punto es que, más allá del éxito de la recaptura, más allá de las detenciones que se celebran como históricas victorias del "estado de derecho", el Estado mexicano no ha tocado la estructura financiera y política del crimen organizado.

Tenemos el derecho de sospechar que la tan festejada "misión cumplida" significa simplemente que el Cártel de Sinaloa ha reinstalado su gerencia en las oficinas previas. Lo sabrán ya sus proveedores y sus clientes, sus matones y sus publicistas. El gerente despacha desde hace unos días en Almoloya. Desde ahí saldrán las órdenes y las amenazas, las sentencias de muerte y las ofertas corruptoras.


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