jueves, 21 de abril de 2016

América Latina, la “Arabia Saudita del litio”

América Latina, la “Arabia Saudita del litio”

Copra, aceite de ballena, oro, petróleo, coltán… la humanidad ha pasado por muchas fiebres, y muchas más han de llegar según se crea riqueza y cambia la tecnología. La última de todas es la fiebre del litio, la bonanza global del “petróleo blanco” que impacta en América Latina.
En medio del nubarrón que se cierne sobre toda la industria minera mundial, hay un punto brillante y esperanzador: el del litio. Este año parece ser clave para el despegue de la producción de ese metal, indispensable para el funcionamiento de muchas baterías de vehículos eléctricos y otros artefactos de alta tecnología. Por eso, mientras los productores petroleros lloran sus desgracias y las empresas mineras intentan sobrevivir al naufragio de los mercados, el sector del litio vive momentos de bonanza. Ello promete traer grandes beneficios a varios países sudamericanos, encabezados por Argentina, Chile y Bolivia.

 
Los precios del litio importado a China se duplicaron en cuestión de dos meses entre noviembre y diciembre de 2015, llegando a 13.000 dólares por tonelada, según reportó The Economist. El interés por el litio es tal que el banco de inversión Goldman Sachs lo bautizó como “la nueva gasolina”. Y un informe de la consultora Allied Market Research estima que el mercado mundial de las baterías de litio podría acercarse a los 46.000 millones de dólares en 2022.
Parte de la euforia tiene que ver con el anuncio del empresario Elon Musk a comienzos de este mes acerca de sus deseos por expandir la producción de los automóviles eléctricos Tesla. Cientos de miles de personas han encargado con anticipación su nuevo Modelo 3 y el empresario está construyendo una gigantesca fábrica de baterías para esos coches en el desierto de Nevada, en Estados Unidos. “Para producir 500.000 vehículos al año, básicamente necesitamos absorber toda la producción de litio del mundo”, dijo a los medios Elon Musk. Y ese es apenas uno de los competidores en el mercado de los vehículos eléctricos, sin mencionar a productores de baterías de computadoras y de otros aparatos electrónicos, igualmente necesitados de asegurar buenas fuentes de litio.
En América Latina hay razones para mirar con mucho interés estos desarrollos: tres naciones ubicadas en una especie de “triángulo de oro” del litio concentran reservas importantes del metal. Argentina, Bolivia y Chile están en la mira de la industria. Entre los tres países,agrupan cerca de 60% de las reservas conocidas de litio, según estudios del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés). Ello llevó a la revista estadounidense Forbes a declarar hace unos años que la zona es la “Arabia Saudita del litio”.
Bolivia tiene entre el vistoso paisaje del salar de Uyuni el que es, tal vez, el mayor yacimiento del mineral. Pero como asegura el experto boliviano en litio Oscar Ballivián Chávez, el gran problema que tiene Bolivia es que el litio de su salar está muy mezclado con magnesio, y se necesitan herramientas tecnológicas caras para poder separarlos. Además, hay fuertes restricciones en el país, sujeto a un régimen populista de extrema izquierda, a la inversión extranjera. El gobierno del presidente boliviano Evo Morales ha buscado establecer condiciones a las multinacionales interesadas que permitan al país sudamericano retener un control importante de la industria, aunque lo cierto es que el objetivo fundamental del régimen de Morales es nacionalizar la producción, por lo que el mismo estado boliviano ensaya con una planta experimental de producción de carbonato de litio en el área. Así que la producción a gran escala de litio en Bolivia todavía no ha comenzado.

Inversión extranjera

En Argentina y Chile, por su parte, varias empresas privadas están extrayendo el mineral, aunque, al igual que en Bolivia, algunos aseguran que los esfuerzos de esas naciones deberían concentrarse en la producción de las baterías, de mayor valor agregado, más que en la simple extracción del metal. Chile ha venido liderando la producción de litio, con cerca del 33% de la oferta mundial. Pero muchos creen que la reciente llegada al poder en Argentina de un presidente con abierta simpatía por la inversión extranjera y el comercio, alejado del populismo de izquierdas kirchnerista, como es el caso de Mauricio Macri, dinamizará la llegada de capitales foráneos al sector de explotación en litio en esa nación.
Empresas japonesas, estadounidenses, australianas y de varias naciones europeas, entre otras, participan ya con planes o proyectos en marcha en esta fiebre por asegurarse las fuentes de litio. No obstante, hay quienes advierten de las posibles consecuencias ambientales de esta bonanza en ciernes. Los paisajes espectaculares y hoy casi intactos de los grandes salares andinos pueden estar condenados a desaparecer para satisfacer la demanda de baterías eléctricas en un mundo cada vez más concienciado por las energías limpias.
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