La política del Banco Central Europeo ha llegado a su límite, según el vicecanciller y ministro alemán de Economía e Industria, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, quien considera que “imprimir dinero no es una política monetaria sostenible” y advierte de que el instituto emisor no puede acabar con la crisis solo. “Un banco central no puede resolver la crisis de crecimiento por sí solo, no puede compensar la ausencia de una ofensiva de políticas de inversión”, declaró Gabriel en la presentación de las nuevas previsiones macroeconómicas del Gobierno.


El socio de Gobierno de Ángela Merkel subrayó que “imprimir dinero no es una política económica sostenible”, aunque sostuvo por pura corrección política que no puede culparse al BCE, ya que su intervención ha respondido a la ausencia de una respuesta más allá de la “pura austeridad”. “Es la gente la que paga el precio de la falta de una política de inversiones y crecimiento en Europa”, añadió Gabriel.
Por otro lado, el ministro alemán de Economía destacó que la recuperación de la economía alemana “continuará este año y el siguiente” impulsada por el consumo doméstico, gracias a la fortaleza del mercado laboral y a los bajos niveles de inflación, lo que permitirá “un aumento significativo del poder adquisitivo” y del gasto de los consumidores. De este modo, el Ministerio de Economía e Industria de Alemania ha confirmado sus previsiones de crecimiento del 1,7% en 2016 y del 1,5% en 2017, mientras que la tasa de inflación cerrará este año en el 0,5% y subirá al 1,7% el próximo ejercicio. “Se espera que continúe el desarrollo positivo en el mercado laboral alemán, con la creación de 480.000 empleos este año y de 350.000 el próximo, hasta alcanzar un nivel récord de ocupación de 43,9 millones de trabajadores”, añadió el político del SPD.
Las declaraciones del ministro de economía germano coinciden con las modernas teorías económicas defendidas por la Escuela Austríaca de Economía, que rechaza el papel desempeñado por los bancos centrales. Imprimir dinero tiene como consecuencia el empobrecimiento de los ciudadanos, al devaluar el precio del dinero, y sienta las bases para nuevas crisis de inflación y recesión, cuando no agrava la actual.