Tras lustros de socialismo bolivariano del s.XXI, el régimen chavista de extrema izquierda instaurado por Chávez, y ahora dirigido con mano férrea por Maduro, ha llevado a Venezuela al igual que a tantos otros países donde se han dado diferentes regímenes socialistas, a una situación de violencia criminal, política, y de hambre hasta el punto de que resulta cuando menos curioso que haya partidarios, como Podemos, de semejantes sistemas en países desarrollados como España. Si Cuba no era la URSS y Venezuela no era Cuba, lo cierto es que al final los tres países bajo regímenes similares basados en las mismas ideas, tienden a parecerse demasiado. Pero ¿Qué hay de cierto en el hambre en Venezuela bajo el socialismo?.


Luego de recitar un rosario y entonar dos evangelios, los niños de una escuela en Las Lomas, un pueblo rural a las afueras de Caracas, hacen fila para entrar al comedor, donde cada uno recibirá el que puede ser el único plato que comerá en el día. “Son chamos de familias desestructuradas, que viven en casas de barro, que si no es acá no tienen dónde comer“, dice Ana María González, la hermana que preside este centro de asistencia vinculado a la fundación internacional cristiana Fe y Alegría. El plato de metal que los niños abordan con ansias tiene una gran porción de pasta con salsa de tomate, una tajada de plátano maduro y tres cuadraditos de carne. “Antes podíamos darles granos y carnes o pollo todos los días, pero ahora se reduce a uno o dos días por semana”, asegura González, mientras los niños comen en silencio.
Su testimonio parece repetirse a lo largo del país: los venezolanos –y entre ellos la población más vulnerable, los niños– están comiendo menos y en menor calidad. Las empresas demoscópicas lo concluyeron recientemente de manera contundente: Datos encontró que 90% dice comprar menos alimentos, Venebarómetro estima que 31% asegura comer menos de tres veces al día y Encovi halló que 15% considera su alimentación monótona o deficiente. Por suparte, los datos oficiales sobre alimentación del régimen venezolano no se publican desde 2013, cuando la crisis económica apenas emepzaba: en ese momento el Instituto Nacional de Estadística reportó que el hambre –medida por consumo de calorías– afectaba a un 5% de los venezolanos. Tres años después, muchos venezolanos creen que viven una emergencia alimentaria, que precisamente fue decretada hace un mes por la Asamblea Nacional, controlada ahora por la oposición, en busca de soluciones a la escasez, la inflación y la recesión que golpean en este caso los platos de comida, el estómago y la salud de los venezolanos.

Nicolás Maduro niega la realidad

Venezuela - Nicolás Maduro - HambrePor supuesto el presidente, Nicolás Maduro, niega que haya dicha crisis, que califica la terrible situación por la que pasan los ciudadanos venezolanos como una guerra económica de especuladores y contrabandistas para sabotear su gobierno. “En Venezuela no hay hambre, pasamos un momento difícil pero el pueblo tiene acceso a sus bienes“, dijo el mandatario hace una semana. Y, como suele hacer, recordó que el año pasado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) premió a Venezuela por segunda vez en 24 meses por su labor en la lucha contra el hambre. Aunque claro, los premios que la FAO le ha dado a Venezuela se basan única y exclusivamente en cifras oficiales.

Hambre oculta

Sin embargo la nutricionista Marianella Herrera señala que en Venezuela se dan dos tipos de hambre, por una lado la que se puede asimilar a los casos africanos, “esta sí que es minoritaria acá” señala, y por otra parte la que “llamamos hambre oculta“, la mayoritaria, y la que ilustra el fenómeno que según ella –doctora de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y miembro de la dirección del Observatorio Venezolano de Salud (OVS)­– se está dando en el ámbito alimenticio en Venezuela.
El “hambre oculta”, un concepto reconocido por nutricionistas a nivel mundial, se refiere a la deficiencia de micronutrientes, anemias, en personas que pueden aparentar buena salud. Es decir, que la dificultad de encontrar alimentos hace que no haya variedad de los mismos, y se produzcan carencias. “Acá no hay una hambruna típica de países africanos porque todavía se encuentran con facilidad algunos productos, pero sí que existe una carencia preocupante de alimentos, lo que provoca estas deficiencias y anemias”, continúa Herrera.
Según estudios del OVS y la ONG Fundación Bengoa para la Alimentación y Nutrición, el 75% de la dieta actual de los venezolanos se limita a carbohidratosEl producto con mayor intención de compra, según estas ONGs, es la harina de maíz precocido con la que se hace la arepa; después el arroz, los panes y las pastas.

El hambre en números

Pero ¿Qué responden los venezolanos cuando se les pregunta qué comen?
Según la encuesta realizada por Encovi en 2015.
  • 12% comen dos o menos veces al día.
  • 40% de lo que comen es maíz, arroz, pastas y grasas.
  • 87% no le alcanza la plata para la comida.
Las frutas y las hortalizas –que a diferencia de los otros productos no tienen problema de abastecimiento, pero sus precios aumentan más del 250% anual, según cifras oficiales– son cada vez menos accesibles para las clases medias y bajas.
Las proteínas animales las menos consumidas, al igual que en Cuba. Según la Federación Nacional de Ganaderos, en 2015 los venezolanos redujeron la ingesta de carne de vacuno en 42% con respecto a 2012, el consumo más bajo en 55 años.
Marianella Herrera nos lo aclara “Tú puedes ver una mujer gordita y dices que está bien alimentada, pero si esa gordura es resultado de una alimentación desbalanceada, esta persona puede estar desnutrida y es muy vulnerable a enfermedades como diabetes, anemia e hipertensión, entre muchas otras”.
Hasta el 2005 Venezuela era de las economías con mayor consumo general per cápita de la región, momento en el que empezó a pasar factura la política de falta de libertades del régimen socialista de Chávez. En este sentido tanto economistas como nutricionistas coinciden en que la percepción sobre el hambre se exacerba por traumas psicológicos: que la arepa ya no se pueda rellenar con carne desmechada, frijoles negros y queso blanco –sino solo con mantequilla– es un golpe chocante al venezolano, aseguran. Hoy en Venezuela, como en algunos otros países de la región, se pueden ver restaurantes con langosta, bife de chorizo y queso francés en el menú, producto del mercado negro y de la corrupción del Estado, pero la mayoría come mal y sufre hambre oculta, cuando no, se sufre hambre en zonas de extrema pobreza donde los niños encajan con aquella figura del africano con cuerpo esquelético.
En relación al hambre oculta, en 2013 Venezuela empezó a figurar en el segundo lugar del ranking de la FAO de países latinoamericanos con mayor obesidad. “Sí, ningún venezolano se ha muerto de hambre directamente, pero ¿y si se muere de una diarrea que se complicó por el bajo nivel de micronutrientes, no lo deberíamos considerar una muerte de hambre?”, nos dice la doctora Marianella Herrera. Porque aunque el gobierno ha intentado promover la buena alimentación con varias campañas, ninguno de sus portavoces ha opinado sobre la obesidad como reflejo de la malnutrición, o el hambre oculta. Por el contrario, en el sector progubernamental se suele ver con petente ignorancia o malevolencia que la obesidad es un reflejo de que en Venezuela no hay hambre.

Ante la guerra económica, conucos