sábado, 23 de abril de 2016

Guerra contra las drogas: un fracaso anunciado


Naciones Unidas celebra cada tantos años un encuentro (llamado UNGASS) donde debate el estado actual de la guerra contra las drogas a nivel internacional. Y este año, celebrado a finales de abril, puede pasar como el del comienzo del verdadero reconocimiento de que la guerra contra las drogas es un fracaso.
Tanto es así que se espera que Naciones Unidas apruebe una resolución que aliente el fin de la marginación de las víctimas de la droga, la reducción de las penas así como alternativas a la cárcel e incluso el planteamiento de la despenalización. Jindrich Voboril, actual responsable de política de drogas en la República Checa y que recuerda cómo el problema de la prohibición comenzó con el comunismo en su país, es uno de los artífices del cambio de mentalidad en las élites burocráticas sobre este asunto.



El debate sobre las drogas está siendo especialmente intenso en Estados Unidos y lo está siendo por las mismas razones que lo ha comenzado a ser en otras zonas: la prohibición de las drogas ha sido un desastre. Por el contrario, en los quince años que Portugal lleva con la descriminalización de las drogas y orientado sus políticas hacia la prevención y el tratamiento, el uso de drogas inyectables ha caído un 50%. Desde que hace más de diez años Suiza legalizara la heroína para adictos nadie ha muerto de una dosis legal de heroína.
El economista y Nobel Milton Friedman, criado en Chicago en la época de la prohibición del alcohol, explicó en su idea los perversos efectos de la prohibición de sustancias, ya sea el alcohol o las drogas. Al sacar del mercado legal una sustancia, ésta irremediablemente acaba siendo distribuida por organizaciones expertas en saltarse la ley (mafias). Como la competencia entre estas organizaciones no se puede lidiar en un mercado legal y pacífico, dicha competencia deviene en guerra abierta y violenta. Porque además una sustancia ilegal, que puede ver aumentado su coste de distribución al margen de la ley hasta un 1000% según un estudio de 2014, se convierte en un tentador negocio del que participar. Y estas sustancias, sin ningún control legal, comienzan a ser más peligrosas para sus consumidores. La prohibición no sólo no remedió ningún problema, sino que los agravó y creó muchos otros.
Dan Baum, de Harper’s Magazine, expuso recientemente que la guerra contra las drogas se inició con Nixon en EEUU en 1971 como un modo de criminalizar a comunidades como la de los negros o la de los hippies. Un estudio del 2012 de la agencia federal americana ‘Sentencing Commission’ determinó que mientras los negros no son mayores consumidores de drogas que los blancos, sí son notablemente mucho más objetivo de arresto y encarcelamiento por ello. Así pues, la guerra contra las drogas no sólo habría tenido malas consecuencias, sino que sus motivaciones tampoco lo fueron nunca.
Con todos sus defectos y problemas, muchas otras sustancias o bienes de consumo como el alcohol, el tabaco o las armas en EEUU ofrecen un marco legal mucho más congruente, moral y eficiente que la actual prohibición y criminalización de las drogas, por lo que no es difícil imaginar un escenario de despenalización o incluso de plena legalización.
Los intervencionistas suelen apelar a la necesidad de la voluntad política para resolver esto o aquello. En el fondo, no les falta razón, ni para el caso de la prohibición de las drogas ni para cualesquiera otros. Todo se trata de tener voluntad política: voluntad de los políticos de dejarnos en paz.
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