Los pilares del capitalismo son fundamentalmente cuatro: 1. El ser humano real, tal como es, de carne y hueso (no ninguna clase de superhombre); 2. La razón como facultad de su supervivencia (no sus emociones, ni sus deseos, ni sus miedos); 3. Un sistema de derechos individuales (defensores de la vida y de la propiedad privada); y 4. Un entorno político que permita la libertad (es decir: sin barreras y sin coacción institucionalizada).
En el momento de su auge y aceptación masiva (durante los siglos XVIII y XIX) supuso una ruptura completa con el pensamiento tribal y primitivo que había dominado la política tradicional durante muchos siglos atrás. El capitalismo supo romper con el espíritu de pertenencia grupal y se abrió a las potencialidades de la creatividad individual. El libre mercado no guía por ningún deseo colectivista de asignación correcta de recursos nacionales


Para el capitalismo, el hombre no es un mero recurso nacional. Tampoco lo es su mente y su trabajo. Su inteligencia no es propiedad de ninguna familia, grupo, clase social o etnia: tan sólo es propiedad suya. El capitalismo supone una ruptura con la moral altruista, deudora del colectivismo, que había gobernado la vida anterior de los hombres. Su oposición a esto es firme y decidida: no tolera cualquier forma de sacrificio de la propia felicidad a favor de la felicidad de aquellos que no se han merecido nuestro amor.Si el capitalismo logra el mayor beneficio para el mayor número, no es precisamente por la defensa del altruismo moral, sino por su defensa del egoísmo racional. La justificación recae en que el capitalismo es el único sistema que ha demostrado generar los mejores resultados que el resto de sistemas puestos a prueba:más prosperidad, menos pobreza y más desarollo (Heritage Fundation: Índice de libertad económica). En palabras de Ayn Rand: “El grado de libertad de un país es el grado de su progreso”.
Pero no se confunda el lector pensando que este resultado es imputable al azar: la imposibilidad práctica de una planificación centralizada que pretenda dominar  de forma efectiva toda la información relevante del mercado para dotar de contenido a los mandatos coactivos del gobierno, ha demostrado en múltiples ocasiones haber fracasado de forma sistemática. La razón del ser humano no puede funcionar bajo ninguna forma de coacción. El socialismo no sólo es un error intelectual irreparable (teorema de imposibilidad del socialismo), sino que además su puesta en práctica produce efectos perversos en los sistemas de incentivos de la sociedad, pues recompensa el parasitismo y la dependencia. El capitalismo, por el contrario, descansa en la idea rectora de que el respeto de la naturaleza racional del ser humano constituye la base de su eficacia instrumental. Y en esta última reside, precisamente, la naturaleza utilitarista de su carácter moral.
Hay una afirmación que es innegable: todo sistema social se fundamenta en una teórica ética. Esta afirmación es cierta sea nuestra intención o no, definir los principios morales de nuestars acciones. Es imposible no hacerlo cuando se vive en comunidad. La mayoría de los modelos sociales tiránicos y despóticos, así como todos los modelos democráticos, han rendido sus almas a la seductora idea mística y tribal del bien común. El grado de esclavitud de esas sociedades depende de su grado de aceptación de la citada ficción. La noción de bien común o interés general es una fantasía metafísica. Incluso, un concepto como tribugrupo,masa clase social, es capaz de inducir a error a todos aquellos que lo usan, sin reparar en su ausencia de origen empírico y real, pues no hay nada parecido a un cerebro colectivo, ni existe nada parecido a unnosotros ni a un vosotros: sólo existen agregados de individuos independientes. El nivel de bienestar o de valor de un bien, no puede servir como medida universal para un colectivo dado, pues este sólo tiene sentido en la medida en que es construido por los individuos particulares. No existe el bienestar de una sociedad, porque tal cosa como una entidad mística, llamada sociedad, no existe. Existe, sin embargo, el bienestar del individuo; y nadie más capacitado que él mismo para poder reconocer y perseguir su felicidad por sus propios medios.
El concepto de bien común, por tanto, es un pseudoconcepto. La misma afirmación es aplicable a otros anti-conceptos afines como voz popularinterés público o bienestar general, entre otros muchos. Son todos estos, claros ejemplos de palabras vacías y sin sentido real. Cuando los sistemas sociales propagan el sacrificio de los derechos individuales para perseguir dichos fines colectivistas, no sólo pecan de una falsa ilusión, sino de un grave crimen contra el hombre: la violación de los derechos individuales no sólo supone la destrucción de los únicos derechos verdaderamente existentes, sino la entrega desvergonzada de personas indefensas al despótico control de las mayorías o de pandillas de intelectuales o de populistas iluminados.