martes, 26 de abril de 2016

¿Qué pueden esperar los negros de los políticos?

Los negros y los hispanos –especialmente los primeros– son la gente más fiel, en términos políticos, de Estados Unidos. Suele predicarse –y tomarse como una verdad de las que van a misa– que los negros sólo pueden progresar mediante políticas de discriminación positiva y programas gubernamentales. ¿Será verdad? Echémosle un vistazo a la cuestión.
La tasa de pobreza entre las familias negras era del 87% en 1940 y del 47% hacia 1960. ¿Hay alguien por ahí que me diga a qué plan contra la pobreza o a qué ley sobre derechos civiles hay que atribuir semejante avance en términos económicos, superior a cualquier otro que se mida por intervalos de 20 años? Una parte muy significativa del mismo estuvo relacionado con la migración desde las zonas rurales del Sur a las grandes ciudades del Norte. Ahora atendamos al período 1960-80: la tasa de pobreza entre la población negra se redujo en un 17%, y sólo un 1% durante los años 70. ¿Cómo podemos considerar estos datos, como la continuación de una tendencia que venía de atrás o como un milagro, pergeñado por el movimiento en pro de los Derechos Civiles o por la Guerra contra la Pobreza del presidente Lyndon B. Johnson?
 
De acuerdo con las investigaciones del Dr. Thomas Sowell, los ingresos de los negros crecieron más del doble que los de los blancos entre 1936 y 1959. Es más: el acceso de los negros a altos cargos y profesiones liberales fue superior durante los cinco años previos a la Ley de Derechos Civiles del 64 que en los cinco posteriores a su entrada en vigor.
 
En 1940 el 86% de los niños negros nacía dentro del matrimonio y la tasa de ilegítimos rondaba el 15%. Hoy, el 31% de los niños negros nace dentro del matrimonio y la tasa de ilegítimos se mueve en torno al 70%.
 
El senador Daniel Patrick Moynihan hizo sonar las alarmas sobre la quiebra de la familia negra a mediados de los 60, con su libro The Negro Family: The Case for National Action. Por aquel entonces la tasa de familias negras con hijos ilegítimos era del 26%.
 
Daniel Patrick Moynihan.Moynihan decía: "El deterioro de la familia negra se encuentra en la raíz del deterioro del tejido social negro". Y añadía: "La rápida expansión de los programas sociales puede tomarse como medida de la rápida desintegración de la estructura de la familia negra en EEUU durante la última generación".
 
Al senador Moynihan se le acusó de racista y de convertir a la víctima en victimario. Si se acepta que la debilidad de las estructuras familiares tiene efectos devastadores sobre el bienestar, que alguien me diga qué solución puede procurar la elección de políticos demócratas o republicanos para la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso. Por cierto: la creciente tasa de nacimientos ilegítimos entre la población blanca es en estos momentos la que tenía la población negra en la década de los 60.
 
Otro problema significativo para los americanos negros, con independencia de que haya senadores, congresistas y presidentes demócratas o republicanos, es la alta tasa de criminalidad que se registra en muchos vecindarios negros. Estamos hablando de unos niveles inimaginables tanto para la mayoría de los americanos como para los negros de ayer. En 2005 la tasa nacional de asesinatos era de 5,6 por cada 100.000 habitantes, muy-muy-muy por debajo de la que presentaban ciudades con numerosa población negra, por ejemplo Gary, en Indiana (58); Richmond, en Virginia (43); Detroit, en Michigan (39), o Washington DC (35).
 
Según cifras del Departamento de Justicia, los negros tienen seis veces más probabilidades de ser víctimas de homicidio que los blancos, y el 94% de las víctimas negras mueren a manos de negros. Por favor, que alguien me diga qué soluciones brotarán de la mera elección de republicanos o demócratas para la Cámara de Representantes, el Senado o la mismísima Casa Blanca.
 
Lo de los homicidios es sólo la punta del iceberg en lo relacionado con la tasa de criminalidad que padecen numerosos vecindarios negros. La abrumadora mayoría de sus habitantes son gentes respetuosas de la ley que viven con el miedo en el cuerpo a ser asaltados, apaleados, violados, robados u objeto de cualquier forma de intimidación. Una elevada tasa de criminalidad no sólo convierte muchos vecindarios en desiertos económicos, sino que provoca que los primeros en abandonarlos sean sus vecinos más equilibrados.
 
Las soluciones a los principales problemas que afrontan muchos negros no vendrán de la arena política; sobre todo, no vendrán de Washington ni de las legislaturas estatales.
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