jueves, 28 de abril de 2016

Rebelión

Richard Webb dice que el apego a las opciones electorales radicales en distritos del Cusco como Túpac Amaru y Sarangará no se debe a lo que no se tiene sino más bien a la posibilidad de conseguir más.
Richard Webb director del Instituto del Perú de la Universidad San Martín de Porres (Perú). 
Túpac Amaru nació en el distrito que hoy lleva su nombre, y su gran victoria militar ocurrió en la población aledaña de Sangarará, ambos pueblos ubicados en la sierra al sur de Cusco. Si nos llevamos por la votación de abril, la rebelión estaría en los genes culturales de esas comunidades. En el distrito de Túpac Amaru, las opciones radicales de Verónika Mendoza y Gregorio Santos sumaron 86% de los votos emitidos, y en Sangarará 71%, superando el radicalismo electoral de las regiones de Cajamarca, Huancavelica y Cusco. Pero, ¿se trata de una predisposición cultural o de una simple lógica causa-efecto? Tú abusas, yo me rebelo.



Las causas objetivas del voto radical serían la extrema pobreza y el olvido estatal. Sin embargo, la lógica causa-efecto se vuelve borrosa cuando empezamos a precisar la situación. Lo siguiente se basa en un estudio de esa zona del Cusco realizado por Teresina Muñoz Najar y José Guimarey del Instituto del Perú de la Universidad de San Martín de Porres.
Para empezar, Cusco es una de las regiones más dinámicas del país. El ingreso familiar ha crecido a una tasa de 5,4% anual desde el 2004, superando el 3,0% de Lima, y logrando la tasa de pobreza mas baja en la sierra. Ciertamente los distritos de Túpac Amaru y Sangarará son pobres en comparación con otros de su región, pero un tercio de los distritos nacionales —un tercio del total— tienen más pobreza.
Las mejoras en ambos distritos son recientes. El alcalde de Sangarará nos dijo: “Hemos vivido muchos años de postergación y es recién a partir del 2003 que nos estamos levantando”. En su distrito los hogares con agua en la vivienda aumentaron de 15% a 73% entre 1993 y el 2007, y los que cuentan con desagüe de 1% a 30%. Ambos pueblos tienen hoy posta médica, el de Túpac Amaru con dos médicos, enfermera, obstetra, técnico y una ambulancia. Además, la nueva carretera asfaltada facilita la llegada rápida a otros centros.
Las transferencias recibidas del Gobierno Central para la región Cusco se multiplicaron, de 105 soles por habitante en 1995 a 1.678 soles en el 2014. En ambos distritos se destinó un cuarto del presupuesto a obras viales y de riego. Esas obras tuvieron su complemento en las inversiones privadas para mejorar la tecnología agropecuaria. Los agricultores que usan tractor aumentaron de 4% a 33% entre 1994 y el 2012 en Túpac Amaru, y de 23% a 87% en Sangarará. La proporción con riego tecnificado aumentó de 2% a 63% en Túpac Amaru y de 23% a 87% en Sangarará. Los caminos mejorados e inversiones en riego han favorecido el negocio de los cuyes, que se exportan diariamente a las ciudades cercanas, generando una renta continua.
Túpac Amaru y Sangarará están lejos de ser los distritos más olvidados. El más pobre en el 2012 fue Curgos, en La Libertad, donde 68% de la población votó a favor de Keiko Fujimori. En un ránking anterior el más pobre fue Quillo en Áncash, donde también se favoreció a Keiko con 66%. Todo indica que el radicalismo electoral no tiene una explicación simple. Es posible que la protesta no sea activada tanto por el déficit —lo que no se tiene— como por la percepción acerca de la posibilidad de conseguir más. El momento más peligroso, quizás, no es cuando no se hace nada sino cuando se empieza por fin a hacer justicia.
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