lunes, 23 de mayo de 2016

Ante la situación venezolana, ¿recuerda un caso igual en América Latina?

Tal cual

Ángel Verdugo
 
La situación venezolana, y la posición y medidas que sólo un desequilibrado como Nicolás Maduro podría tomar, han colocado en el centro de la agenda venezolana, la posibilidad de que un sector de las fuerzas armadas decida hacerlo a un lado de la Presidencia mediante una solicitud de licencia obligada, o un golpe de Estado tradicional, en caso de negarse a aceptar la licencia propuesta.
Al margen de que una u otra vía no beneficiaría a Venezuela sino a Maduro mismo y los suyos, y al finado Chávez y su familia de corruptos, pues en los hechos estaríamos ante una exoneración de ambos de los numerosos delitos cometidos, el saqueo ofensivo de los recursos del erario y la violación sistemática de los derechos humanos, en no pocos sectores de la sociedad venezolana se habla ya, abiertamente, de la intervención obligada de las fuerzas armadas.



El tema del golpe de Estado, o la acción de los militares para desplazar a Maduro del poder mediante una solicitud de licencia impuesta, y colocar en su lugar a alguien que, al menos, detuviere la debacle de ese país que va en caída libre en todos aspectos, a querer y no, ya está en el centro de la agenda política venezolana.
Ante lo que para muchos parece y aparece ya como inevitable, es bueno recordar que, la casi totalidad de los golpes de Estado en América Latina, tuvieron como justificación la lucha en contra del comunismo —Arbenz en Guatemala, Joao Goulart en Brasil, y Allende en Chile—, pues se vivían los años de la Guerra Fría.
En pocos casos, los promotores y los ejecutores del golpe buscaban la salvación nacional, ante el desastre que era el país y su economía, como consecuencia de la incapacidad y corrupción del gobernante y los suyos, aun cuando el depuesto debiere ser un militar.
La situación actual que enfrenta Venezuela, me recuerda el golpe de Estado para la salvación nacional que los militares argentinos llevaron a cabo en 1976 para deponer a Isabelita, viuda de Juan Domingo Perón, fallecido éste dos años antes.
La fuerza que había alcanzado El Brujo López Rega, y la incapacidad evidente para ejercer la gobernación de Isabelita, llevó a grupos amplios de la sociedad argentina a pedir a los militares, como último recurso, que a ambos los sacaran del gobierno.
Otro caso es el golpe militar en contra del general José Velasco Alvarado. Si bien grupos civiles pedían a los militares su intervención para deponer al Presidente, quien también había llegado al poder mediante un golpe de Estado en contra del presidente Belaúnde, en la situación se mezclaban aspectos políticos por el izquierdismo del Presidente, criticado por altos jefes de las fuerzas armadas, y razones económicas y las debilidades ante el avance de las guerrillas.
Los golpes de Estado en América Latina, si bien formaron parte del paisaje político durante muchos años, hoy las cosas son diferentes. Si bien pudiere entenderse la desesperación de los venezolanos ante el desastre generado por Chávez y Maduro, una salida fuera de la legalidad constitucional, sólo agravaría lo de por sí ya grave.
¿Cuál sería entonces la salida? Sin duda, la urgente intervención de organismos multilaterales; hacerlo cuando la situación alcanza los niveles de la crisis venezolana, es una de sus responsabilidades. La intervención buscaría, únicamente, restablecer el orden constitucional.
Lo otro, golpe abierto o disfrazado, sólo beneficiaría a los responsables de la tragedia, Chávez y Maduro.
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