domingo, 22 de mayo de 2016

EL “GRADUALISMO” DE LOS “NEO” LIBERALES



Alberto Mansueti
El “Neo” liberalismo se queda en el "pataleo": una lucha meramente defensiva, sólo contra algunos de los excesos más groseros y aberrantes del socialismo, pero sin decir una palabra sobre los demás. La derecha mala no es derecha, según propia confesión: es “centro”. Ni chicha ni limonada.

Un ejemplo: el Presidente Macri de Argentina anunció el veto a la “ley antidespidos”, que entre otras barbaridades duplica el pago exigido a los empleadores para cortar relaciones laborales. El proyecto opositor, aprobado por el Senado, sacó en Diputados 145 votos a favor, 3 en contra, y 90 “abstenciones”: 90 cobardes, oficialistas casi todos, que no se atrevieron a votar en contra.


"Es una ley contra los argentinos; llevamos 5 años sin generar empleo", dijo Macri. Muy bien. Pero no dijo nada de la Ley del Trabajo 20744, aprobada en el Gobierno de María Estela Perón en 1974, y vigente hasta hoy, con enmiendas parciales. Ni de las otras 2.000 leyes malas, que entre todas destruyen y abortan empresas y empleos, arruinando a la producción, y al país.

Cuando se olvida un grifo abierto en casa, o varios, y todo se inunda, lo primero es cerrar los grifos. No es tratar de quitar el agua y secar, pero con los grifos abiertos.

La ley 20744 de 1974 se copia muchas arbitrariedades de la primera Ley del Trabajo en Argentina, de Joaquín V. González, masón y socialista, en 1904, 70 años antes. Pero aquel Congreso ni siquiera trató aquel proyecto. Eso permitió al país, con otros factores, crecer a notables tasas por unos 30 años... mientras los congresistas radicales, “conservadores”, y luego peronistas, y hasta gobiernos militares, fueron aprobando leyes laborales fragmentarias, pero de igual especie, una tras otra.

Eso sí, con “pataleos” de vez en vez. Por ej. hace 50 años, en mayo de 1966, el Presidente radical Arturo Illia vetó 60 artículos de otra ley anti-despidos, en enmiendas a la ley 11.729 de 1932, a la cual ya Perón le había hecho sus agregados; pero los diputados (¡oficialistas!) de 1966 fueron más lejos en su demagogia. Enseguida vino el golpe de Onganía, en junio, y siguió el “tira-y-afloje” hasta 1974, cuando los peronistas aprobaron la ley 20744. Pero menos de 2 años después, vino el golpe de Videla, en marzo de 1976. Los argentinos repiten tantas veces la misma historia, que ya aburren. ¡No inventan nada!

¿Y ahora? Macri no dice la verdad, al menos completa, sino un pedacito muy chiquito de la realidad. ¿Qué va a pasar? Lo mismo de siempre. Supongamos que Macri logre frenar, de momento, esta ley. Quiera Dios. Pero en tal caso, otras leyes malas como la 20744 seguirán en vigencia, impidiendo que la economía se desarrolle. En consecuencia, habrá malestar. Los peronchos culparán a Macri. En consecuencia, regresarán al Gobierno, tan pronto encuentren el siguiente “caudillo”. No será difícil; desde los ‘80 producen un caudillo cada 10 años: Carlos Menem, Néstor Kirchner, Cristina Fernández.

Esa es la realidad. Podés comparar la realidad, con las sandeces que repiten ciertos "liberales" sobre “el fin del dominio populista en América latina" bla bla bla. Mentira. Lo que hay es pataleo, que llaman “gradualismo”. ¿Por qué siempre “gradualismo”? ¿Por qué no se pueden hacer de una vez las reformas de fondo? Después de todo son las famosas reformas “micro”, aquellas “estructurales” del FMI y el Banco Mundial, que en los ’90 se dejaron “para más adelante”, o sea para nunca. La respuesta: porque no hay “piso político” para tener en el Congreso una mayoría sólida a favor de las reformas y capaz de derogar todas las leyes malas, y no solamente las más recientes y más abusivas.

¿Y por qué no hay esa mayoría? Nuestra respuesta, la del Centro de Liberalismo Clásico es esta: porque en todos estos años, salvo honrosas excepciones, nadie se ocupó de hacer un partido de derecha liberal. Los liberales parecen todos dedicarse sólo a sus “tanques de pensamiento”, desde donde dicen “difundir las ideas de la libertad”. Pero a la vista de los resultados, no han tenido mucho éxito, ya que las ideas dominantes siguen siendo las socialistas, como siempre.

Y es lógico: los fulanos “tanques” no le llegan a la gente, porque carecen de un Programa Político, para mostrar al pueblo de la calle una lista de medidas concretas, que enumere y describa cuáles son esas reformas pendientes y necesarias, en lenguaje claro y simple, no académico: cuántas son, y cuáles son sus beneficios a reportar, y para quiénes. Eso ya hicimos en el Foro Liberal de América Latina, con su Presidente Rodrigo Mora, de Chile, y su VicePresidente Gustavo Romero, de Perú: Las Cinco Reformas para “La Gran Devolución”. Dejando el juego meramente defensivo. (Podés buscar en Internet la información.)

Eso no lo podía ni lo puede hacer un “tanque de pensamiento”. Es una tarea política, no académica. Es labor para un grupo de gente con vistas a formar un movimiento político, que después vaya generando un partido político, en busca de su reconocimiento legal. Con propósitos, programas, objetivos y metas de naturaleza política. Claro, lleva tiempo, no es de inmediato ni a corto plazo; es para dar resultados, digamos, 2020, por poner una fecha.

¿Te parece “demasiado” tiempo? La pregunta es: ¿cuál es la alternativa? Yo te la digo: seguir en el “peloteo”. Repitiendo la historia una y otra vez. Como es desde 1930 hasta aquí, por poner otra fecha. A cada fase de varios años, quizá décadas, de exacerbación demagógica y desastre, le sigue otra fase de “centro” con “gradualismo”. Pero el gradualismo no sirve y vuelven los peronchos, trayendo otros varios años lamentables; y luego llegan los “Neo” liberales otra vez…

Y así, vuelta a vuelta, podemos pasarnos hasta el año 2.100, digo, por poner otra fecha. Esa es la alternativa. ¿Te gusta? Espero que sí, porque si no te gusta la nuestra che, lamento decirte que no hay otra: repetir, una generación tras otra, como burro de noria, sin poder jamás darle un corte al ciclo y quebrarlo.

¡Hasta la próxima!
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