viernes, 20 de mayo de 2016

Guantánamo: la doble moral de Mujica

Hana Fischer explica qué hubo detrás del traslado de los seis presos de Guantánamo a Uruguay en 2014.
Hana Fischer es analista política uruguaya.
Los dichos populares aparentan ser simples pero sin embargo, encierran una profunda sabiduría. Expresan en forma sintética grandes verdades porque su sustrato es la experiencia viva. Es por esa razón que se transmiten de pueblo en pueblo y no pierden su frescura y validez, a pesar del paso del tiempo.
Uno de los aforismos más conocidos señala que “se puede engañar a pocos durante mucho tiempo, y a muchos durante poco tiempo, pero no a todos todo el tiempo”. Esa máxima calza a la perfección con la actitud de José “Pepe” Mujica con respecto a los seis presos de Guantánamo que trajo a Uruguay en octubre de 2014, en momentos en que ejercía la primera magistratura de nuestro país (2010-2014).
Repasemos el contexto en que eso ocurrió:



En el plano externo, el dato más alarmante eran los ataques terroristas efectuados en diferentes partes del mundo –primordialmente en Occidente- por el fundamentalismo islámico. Frecuentemente eran grupos ligados a Al-Qaeda. La novedad fue el surgimiento de una vertiente especialmente sanguinaria, que desde 2014 es conocida como “Estado Islámico”. Sus métodos son brutales: decapitaciones, crucifixiones y asesinatos en masa. El objetivo es atemorizar a la gente con el fin de someterlos y quitarles todo rastro de dignidad.
Desde el punto de vista personal, Mujica estaba gozando de cierta popularidad internacional. Las razones eran haber despenalizado el consumo de marihuana y especialmente, por lo llamativo que resultaba su forma atípica de vida que incluía su vivienda, lenguaje, forma de vestir y comportamiento en público. A raíz de ello, en marzo de 2014 se lo postuló para el premio Nobel de la Paz.
Estando en conocimiento de tal circunstancia, Mujica comenzó una intensa “agenda”. Entre otras cosas, afirmó que deseaba ayudar al presidente estadounidense Barack Obama a resolver el problema de los presos de Guantánamo y adelantó su idea de traer algunos a Uruguay. Públicamente declaró que “Estuve un montón de años preso y estoy podrido de lo que se habla: ¡Derechos humanos en esto!”. Asimismo expresó que como contrapartida, buscaría la liberación de “dos o tres” cubanos que cumplían condenas en cárceles de Estados Unidos.
En aquel entonces, el mundo podrá haber quedado deslumbrado con la “grandeza” de espíritu de Mujica. Pero no en Uruguay, donde somos pocos y nos conocemos todos.
Es por esa razón que el ex presidente Jorge Batlle (2005-2010)- que ha tratado personalmente a Mujica desde hace largo tiempo- atribuyó la movida a una estrategia personal del “Pepe”. Afirmó sin pelos en la lengua: “Trabajando duramente para el Premio Nobel. Experto en espectáculo, rey del show, fotografiado en camiseta o con traje completo, el hombre quiere ser internacional y esa ha de ser la razón que fundamenta todo este mamarracho".
Con respecto al plano interno, en octubre de 2014 se realizarían las elecciones nacionales. Según casi todas las encuestas de opinión, era muy factible que por primera vez en los últimos diez años, el partido gobernante Frente Amplio (FA) perdiera la mayoría parlamentaria en ambas cámaras. Incluso, eran grandes las chances de que fracasara en volver a obtener la presidencia. Fue entonces que Mujica decidió involucrarse directamente en la campaña electoral, a pesar de que eso está expresamente prohibido por nuestra constitución.
Ese era el contexto externo e interno en que Mujica decidió traer contra viento y marea – atrayendo con ello toda la publicidad internacional y nacional que esa “movida” implicaba- a los seis presos de Guantánamo.
En octubre de 2014 escribí una columna sobre este tema titulada “Inquietante secretismo arropa entrega de presos de Guantánamo a Uruguay”. Allí expresé lo siguiente:
“La inquietud de los uruguayos aumenta con el secretismo y las evasivas de Mujica y de la embajadora estadounidense en nuestro país, Julissa Reynoso. El acuerdo, cuya naturaleza se ignora, no ha pasado por el Parlamento para ser aprobado o reprobado como determina la Constitución. Tampoco la ciudadanía ha sido informada adecuadamente a pesar de ser un tema tan delicado. Toda esta situación ha provocado que según la última encuesta, al 58% de los uruguayos les parezca “mal” que nuestro país reciba a esos reclusos.”
Los líderes opositores criticaron al Ejecutivo por no haber consultado a los candidatos presidenciales antes de acordar el traslado de los detenidos, y reclamaron que el acuerdo pasara por el Parlamento, pero fueron ignorados. Todo fue hecho con gran improvisación y apresuramiento. Daba la impresión que, cual monarca absoluto, Mujica considerara que “su voluntad era la ley”.
Frente a los reclamos de la oposición, Mujica declaró que “salen a romper las pelotas con esto por cuatro votos miserables”. Y en su alocución radial semanal expresó: “Una vez que te enteraste que hay cerca de 200 tipos que se la comieron de garrón y que fueron tirados como tarro al basural, y vos pudiendo hacer algo que no pudieron hacer los otros por contradicciones electorales, ¿no das una mano por cobardía? […] No se puede ser en el mundo un alma tan podrida”.
El resultado fue favorable para Mujica porque su partido volvió a ganar las elecciones nacionales y retuvo la mayoría en ambas cámaras. Eufórico el mandatario exclamó: “¡Este gobierno es mío!”. Asimismo confesó que “cuando aparecieron las encuestas en las pasadas elecciones nacionales, hubo reconocidos dirigentes que fueron a mi despacho para pedirme expresamente que siendo presidente de la República interviniera en la campaña política para asegurar el triunfo del FA”.
“Por más que les dije que la Constitución me lo prohibía (…) yo me ingenié para salir por todos lados como pude. Lo hice a cara de perro. No tengo empacho en confesarlo pero no puedo dejar de ser frentista y militante”.
No obstante, en diciembre de 2014 en la sede de la Central de Trabajadores PIT-CNT, Mujica volvió a insistir en las motivaciones “humanistas” que lo habrían impulsado en el asunto de los presos de Guantánamo. En esa ocasión afirmó con voz tajante: "No cambiamos carne humana por naranjas".
Sin embargo, como dice otro sabio refrán popular, “por la boca muere el pez”. Y esto sucedió recientemente en Córdoba. En la referida ciudad argentina Mujica dio una charla. Allí habló de diversos temas y entre ellos, de la traída de los presos de Guantánamo a Uruguay. Fue entonces que expresó lo siguiente:
"Ser presidente no es fácil y las negociaciones internacionales menos. Yo para venderle unos kilos de naranja a Estados Unidos me tuve que bancar a cinco locos de Guantánamo".
¡Cómo habrá sido el tono en que lo dijo, que sus palabras despertaron las risas de la audiencia!
El epílogo de esta situación es que Mujica en gran medida obtuvo lo que buscaba (ganar las elecciones y encumbrar su figura internacionalmente). Pero los uruguayos nos quedamos con tremendo problema, tal como lo delatan las siguientes palabras de Jihad Dhiab, uno de los ex presos de Guantánamo:
“Yo nunca tuve nada que ver con Al Qaeda, pero con el maltrato que recibí ahora me gusta. Ellos crean sus enemigos, entonces yo estoy contento con lo que hace Al Qaeda”.
A veces uno tiene la sensación que la tesitura de Mujica se parece a la de Luis XV: Después de mí, el diluvio
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