domingo, 22 de mayo de 2016

La ” exhortación ” del Papa: Evangelii Gaudium

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Al leer Evangelii Gaudium (Alegría del Evangelio, la “Exhortación Apostólica” del Papa, se da uno cuenta que sus afirmaciones no son más que el típico misticismo – altruismo – colectivismo que acaba en un rabioso anti-capitalismo. Hasta que yo tenga tiempo de escribir un artículo para publicar en Forbes (cuando se me pase la indignación que siento ahora), aquí van algunas referencias de esta encíclica (omitiendo las notas de pie de página sobre la Biblia y otras fuentes teológicas que el Papa parece citar de forma compulsiva).
En lo único que estoy interesado es en ayudar a quienes son esclavos de una mentalidad individualista, indiferente y egocéntrica, para que se liberen de esas cadenas indignas y alcancen una forma de vivir y de pensar más humana, noble y fecunda, que le traerá dignidad a su presencia en este mundo. . . .


Eso significa que lo humano es lo colectivista, lo pegajoso, y una mentalidad centrada en los otros. “Cadenas indignas”, a diferencia de las cadenas indignas que la Iglesia impone.
Los negocios son una vocación, y una noble vocación, siempre que los que participan en ellos se sientan desafiados por un mayor sentido de la vida; esto les permitirá verdaderamente servir al bien común al esforzarse en aumentar los bienes de este mundo y hacerlos más accesibles para todos. . . .
Lo veíamos venir: “una noble vocación, siempre que…”. Al parecer, los bienes actuales son accesibles sólo si pagas por ellos (!). A continuación dice que el estado del bienestar no es suficiente; lo que necesitamos es una revolución comunista:
Los proyectos sociales, que satisfacen ciertas necesidades urgentes, deben ser considerados como respuestas meramente temporales. Mientras los problemas de los pobres no se resuelvan de raíz, rechazando la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, y atacando las causas estructurales de la desigualdad, no se encontrará ninguna solución para los problemas del mundo ni, hay que decirlo, para ningún problema. La desigualdad es la raíz de los males sociales.
Hablando recientemente con un grupo de conservadores en Nueva York, Yaron Brook dijo que la “desigualdad” se ha convertido en el foco central de atención izquierdista, gracias a la influencia de John Rawls. El Papa quiere subirse a ese carro.
Nadie debe decir que no puede estar cerca de los pobres porque su propio estilo de vida exige que le dé más atención a otras áreas. Esa es una excusa que oímos con frecuencia en círculos académicos, empresariales y profesionales, e incluso eclesiásticos. Aunque es cierto que la vocación esencial y la misión de los fieles laicos es esforzarse para que las realidades terrenales y toda actividad humana pueda ser transformada por el Evangelio, ninguno de nosotros puede pensar que estamos exentos de preocuparnos por los pobres y por la justicia social.
En otras palabras, deja de perseguir tu propia carrera, tus propios valores, tu propia felicidad, y empieza a servir a los pobres. La palabra “pobre” aparece 91 veces en el documento.
Hoy y siempre, “los pobres son los recibidores privilegiados del Evangelio”. . . Hemos de decir, sin pelos en la lengua, que hay un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. . . .
La persona pobre, cuando es amada, “se estima como siendo un gran valor”, y esto es lo que hace que la auténtica opción para los pobres difiera de cualquier otra ideología, de cualquier tentativa de explotar a los pobres en interés propio, sea personal o político. Sólo en base a esta proximidad real y sincera podemos realmente acompañar a los pobres en su camino a la liberación.
Aquí vemos lo malvado que resulta todo: si ganas un valor, eso son “cadenas indignas”, pero si no lo ganaste, entonces el que te lo den es el “camino a la liberación”.
. . . una atención amorosa es el comienzo de una verdadera preocupación por su persona, lo que me inspira efectivamente a buscar su bien. Esto implica apreciar a los pobres por su bondad, por su experiencia de vida, por su cultura, y por sus formas de vivir la fe.
Bueno, puede ser que el pontífice esté generalizando a partir de los pobres que conoció en Argentina, aplastados por un gobierno estatal. Lo dudo, pero puede ser. Sin embargo, en los Estados Unidos y en el mundo “desarrollado” (más libre), los pobres – si siguen siendo pobres – ciertamente carecen de bondad, no tienen “cultura” (si no cuentas las drogas y la bebida), y su forma de vivir la fe es pecar – según el concepto de pecado de la propia Iglesia.
Quiero una Iglesia que sea pobre y para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. No sólo forman parte del “sensus fidei” [sentido de la fe], sino que en sus dificultades conocen el sufrimiento de Cristo. Tenemos que dejarnos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer el poder salvador del trabajo en sus vidas y ponerlos en el centro de peregrinación de la Iglesia. Estamos llamados a encontrar a Cristo en ellos, a prestar nuestra voz a sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharles, a hablar por ellos y a abrazar la misteriosa sabiduría que Dios desea compartir con nosotros a través de ellos.
Eso es positivamente ruso: conocimiento a través del sufrimiento. “¿Sabiduría misteriosa?” ¿Poseído por caravanas de basura, vagos, y “los sin techo”?
Cuando San Pablo se acercó a los apóstoles en Jerusalén para discernir si él “estaba corriendo o había corrido en vano”, el criterio clave de autenticidad con el que le presentaron fue que no debería olvidar a los pobres. Este importante principio, a saber, que las comunidades paulinas no deberían sucumbir al estilo de vida egocéntrica de los paganos, continúa válido hoy, cuando un nuevo paganismo egocéntrico sigue creciendo.
Ciertamente, y espero que siga creciendo.
Me pareció encontrar una frase buena en el escrito, si olvidamos momentáneamente que conocimiento y valor son contextuales:
Existen herramientas conceptuales para aumentar el contacto con las realidades que tratan de explicar, no para alejarnos de ellas.
Pero las frases siguientes son:
Ese es especialmente el caso de aquellas exhortaciones bíblicas que nos convocan con tanta fuerza al amor fraterno, al servicio humilde y generoso, a la justicia y a la misericordia para con los pobres. Jesús nos enseñó esa manera de mirar a los demás con sus palabras y sus acciones. Entonces, ¿por qué nublar algo tan claro?
Así que las “herramientas conceptuales” consisten en entregar el juicio de uno a las afirmaciones plagadas de contradicciones de gente de hace 2000 años que se inventaron un mítico “hijo de Dios” (copiando profusamente de las muchas historias parecidas sobre dioses que tenían los otros cultos míticos en esa época), un ser cuya sabiduría sobrenatural y cuyo amor por los hombres no incluía el contarles ni un solo dato científico o tecnológico que no conocieran ya. Esa divinidad omnisciente y amante de todo no dijo nada sobre: cómo hacer jabón, el sistema decimal, los gérmenes como causantes de enfermedad, que el Sol es una estrella y que la Tierra gira alrededor de ella, que los cuerpos que caen sufren una aceleración uniforme independientemente del peso, que se puede comer cerdo sin problemas siempre que esté bien cocinado, que la corteza del árbol del sauce tiene propiedades medicinales (aspirina), que los ahorros son la fuente de la inversión y de la expansión de la producción, la forma de mejorar un arado, que el vapor puede ser aprovechado para hacer trabajo o para calentar la leche (pasteurización) y hacerla más segura…
Y sin embargo, tal conocimiento es el verdadero “camino a la liberación”.
El Papa entra en detalles políticos concretos, que muchos comentaristas pasan por alto:
No estamos hablando simplemente de asegurar la alimentación o un “sustento digno” para todas las personas, sino también de su “bienestar y prosperidad temporal general”. Esto significa educación, acceso a la salud, y sobre todo empleo, puesto es a través del trabajo libre, creativo, participativo y de mutuo apoyo como los seres humanos expresan y mejoran la dignidad de sus vidas. Un salario justo les permite tener un acceso adecuado a todos los demás bienes que están destinados a nuestro uso común.
Suena a la Plataforma del Partido Demócrata, ¿verdad?
¿Y qué hay de los derechos individuales? El Papa no tiene miedo de rechazarlos:
Lamentablemente, incluso los derechos humanos pueden ser usados como justificación para una defensa excesiva de los derechos individuales o los derechos de los pueblos más ricos. Con el debido respeto a la autonomía y la cultura de cada nación, no debemos olvidar jamás que el planeta le pertenece a toda la humanidad y que fue concebido para toda la humanidad; el mero hecho de que algunas personas hayan nacido en lugares con menos recursos o menos desarrollo no justifica el hecho de que vivan con menos dignidad. Debemos reiterar que “los más favorecidos deberán renunciar a algunos de sus derechos, para así poner sus bienes más generosamente al servicio de los demás”.
Y aquí tenemos el colectivismo explícito:
. . . pequeños actos cotidianos de solidaridad para satisfacer las necesidades reales que nos encontramos. La palabra “solidaridad” está un poco desgastada y es a veces mal entendida, pero se refiere a algo más que a unos cuantos actos esporádicos de generosidad. Asume la creación de una nueva mentalidad que piensa en términos de comunidad y prioridad de la vida de todos, por encima de la apropiación de bienes por unos pocos.
La solidaridad es una reacción espontánea de los que reconocen que la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes son realidades que están por encima de la propiedad privada. La propiedad privada de los bienes se justifica sólo por la necesidad de protegerlos y aumentarlos, para que puedan servirle mejor al bien común; por esa razón, la solidaridad debe ser vivida como la decisión de devolverles a los pobres lo que les pertenece . . .
Tus ingresos pertenecen a los pobres, lo que significa que el altruismo voluntario ha sido descartado. La fuerza gubernamental es necesaria para devolverles los bienes a sus verdaderos dueños: a aquellos que tienen una sabiduría misteriosa por ser pobres y sufrir. Ten esto en cuenta la próxima vez que oigas a alguien decir que el altruismo está bien pero debería ser voluntario.
Lo anterior es lo que encontré en los cinco minutos que pasé leyendo esta Exhortación de 51 mil palabras. Hay quien dice que ese escrito no es “un ataque contra el pensamiento económico del libre mercado”, y que lo que el Papa quiere es “que pensemos en lo que deberíamos estar pensando”.
En realidad, el pensamiento es a lo único a lo que esta Exhortación – y el altruismo en sí – no pueden resistir.
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Por Harry Binswanger
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