miércoles, 4 de mayo de 2016

La participación política de las mujeres en México


LUCERO SALDAÑA
Senadora de la República en México

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Foto: REUTERS
México tiene un arduo recorrido en la protección de los derechos políticos de las mujeres. En poco más de sesenta años hemos pasado de la obtención del voto a la paridad política. Es un hecho que se han experimentado avances muy importantes. Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer.
A principio de los años cincuenta, las mexicanas obtuvimos el derecho al voto en todas las elecciones y para todo el país. Algunas entidades federativas del interior ya habían reconocido el derecho al voto femenino en la elección de autoridades locales años antes.



El reconocimiento de nuestros derechos políticos nunca ha sido una concesión de nuestros gobernantes, ya que históricamente han sido resultado de una batalla constante de las organizaciones de mujeres en México, tanto a nivel local como nacional.
Los derechos político-electorales de las mujeres se han consolidado y ampliado, tanto en nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como en las leyes secundarias en esta materia. En este sentido, podemos destacar la reforma constitucional de 1974, que se concretó un año antes de que México fuera la sede de la primera Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en México en 1975. En esta conferencia, participaron delegaciones de 133 países, de las cuales 113 fueron liderados por mujeres. Por primera vez en la historia, 4.000 representantes de organizaciones no gubernamentales asistieron a un foro paralelo llamado Tribuna al Año Internacional de la Mujer en México. Lo que ocasionó que se generara una gran consciencia sobre los derechos políticos de las mujeres.
Este recorrido no ha sido fácil. Sin embargo, se pueden señalar tres momentos decisivos en lo que se refiere al logro de nuestros derechos políticos:
  • El primero, en 1953, cuando logramos el derecho al voto.
  • El segundo, en 1996 -y con mayor fuerza en 2002-, cuando logramos incorporar de manera obligatoria las cuotas de género como acción afirmativa para reducir las brechas en la participación política.
  • Y el tercer gran momento se tuvo en 2013, cuando en el marco de las reformas estructurales en México, la reforma político electoral incorporó el principio de paridad política.
Fue un gran logro para las mujeres conseguir la igualdad constitucional y jurídica sin embargo, seguimos en busca de la igualdad sustantiva.
Por supuesto, otros hechos han contribuido a este cambio. Un impulso básico ha sido la presencia y actividad de organizaciones de mujeres, como la Red de mujeres en Plural, que con su trabajo han contribuido a fortalecer el respeto de derechos conquistados.
De igual forma, en mi país se ha generado un soporte legal para asegurar la igualdad de género, así como para erradicar la violencia y discriminación, acorde con los tratados internacionales que el país ha suscrito.
Hoy, en materia política estamos trabajando por asegurar las condiciones para lograr que la paridad política sea una realidad. Haré referencia a tres frentes en los que estamos trabajando:
  • Nuestra autoridad electoral, en particular el Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación, ha sido muy firmes para garantizar la aplicación del principio de paridad. De esta forma, en el pasado proceso electoral del año 2015 -que fue el primero en la aplicación del principio de paridad- se emitieron diversas sentencias con el objeto de asegurar lo derechos políticos de las mujeres y la paridad política. Como resultado de estas intervenciones, se ha abonado el camino para lograr la paridad vertical y horizontal en la elección de las autoridades locales.
  • En los estados, si bien en su mayoría realizaron reformas a sus Códigos electorales para incorporar el principio de paridad, estamos impulsando mejoras a los mismos, o bien vigilando su aplicación, con el objeto de lograr que la paridad sea una realidad en la elección de las autoridades en todos los niveles de gobierno. Tenemos un déficit en la presencia de mujeres en los gobiernos municipales o alcaldías, donde apenas 9 de cada 100 son encabezados por una mujer. Hoy queremos que la paridad horizontal y vertical sea una realidad.
  • Desde el Senado de la República estamos trabajando por legislar en torno a la violencia política de género. Sabemos que conforme se incrementa la presencia de las mujeres en la política, también se incrementa la violencia hacia nosotras. Por ello, desde 2012, en lo personal presenté la primera iniciativa sobre el tema. Hoy en día estamos dictaminando esta iniciativa, estudiando mejores prácticas y consultando a diversas autoridades electorales, para conjuntamente presentar un proyecto de gran valor, aplicabilidad y que cumplirá con el objeto de erradicar esta particular modalidad de la violencia de género y la violación de los derechos políticos de las mujeres.
Como podemos observar, la participación política de las mujeres en México ha tenido importantes avances en los últimos años, y a veces también retrocesos. Es por ello que existe la gran necesidad de un trabajo plural y permanente, así como de acciones políticas.
Aunque debemos señalar que, si bien las mujeres representamos en México poco más de la mitad de la población, nuestra participación en los poderes del Estado se mantiene por debajo de la participación de los hombres, donde alcanza un 10% en los puestos más altos del Gobierno Federal, como secretarias y subsecretarias de Estado, y cerca del 20% en el Poder Judicial.
Eso hace que, para establecer un 50-50 en todas las instancias de gobierno, se necesite de mayor compromiso, participación, toma de conciencia y sobre todo de un continuo trabajo de toda la sociedad. Con reformas emprendidas, México se pone a la vanguardia, al asegurar la paridad a nivel constitucional y al colocarse entre los países con mayor representación de mujeres en la Cámara Baja, pasando de la posición 17 a la 7, por encima de países como Finlandia e Islandia.
En los últimos años se ha demostrado que las mujeres somos capaces de cambiar los espacios de poder en los que aumenta nuestra presencia, ya sea el poder legislativo, el ejecutivo e incluso el judicial. Nuestra presencia introduce temas de desarrollo y bienestar social que, durante décadas, han sido invisibles.
Para combatir la violencia política es fundamental desarrollar capacidades y formar liderazgos, así como romper usos y costumbres y promover la interculturalidad en nuestro país. Es necesario el respeto a las diferentes culturas y tradiciones y romper con estereotipos previamente establecidos.
El incremento del número de mujeres en la política contribuye a aumentar los índices de confianza pública en el sistema político, así como a reducir los índices de pobreza; nuestra presencia en los más altos niveles gubernamentales es esencial para el avance y la consolidación de la democracia, de la justicia, de la paz y de un desarrollo sostenible.
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