Ya saben aquello de que una mentira, por más que se repita, no deja de serlo. Es lo que ocurre en España con el liberalismo. Algunos, en tono de insulto, llaman neoliberalismo al sistema político de España, pero ya les digo que en nuestro país no hay rastro de liberalismo —ni de neoliberalismo, si utilizan el tono de la izquierda—.
El liberalismo se caracteriza por querer una reducción del tamaño del Estado, y por ende de su poder sobre los individuos; es decir, contención del poder político y burocrático, tanto en el plano social como en el económico. ¿Ha ocurrido algo de eso en España, y más concretamente desde la crisis económica? Veamos.


Analizando la libertad económica de España, ya podemos empezar a ver que no hay liberalismo. En el año 2007, cuando comenzó la crisis económica, España ocupaba el puesto número 27, con una puntuación de 70.87 sobre 100. Durante la crisis, España ha caído en libertad económica, desmontando una parte del mito de que nos «invade el liberalismo». Así pues, en el año 2016, la puntuación obtenida por España en esta clasificación era de 68.5, alcanzando la posición número 43.
Otro indicador que desmonta con gran facilidad este mito es el gasto público, junto a los ingresos y por tanto, el déficit público y la deuda pública. En el año 2007, el gasto público total de España estaba en torno a 420.000 millones de euros. En 2009 se alcanzó el gasto público total en su nivel máximo histórico: 494.000 millones. Para el año 2016 el presupuesto total está cifrado en 468.000 millones. En 9 años el gasto público habría aumentado 48.000 millones.
Como consecuencia de este gasto público desbocado desde los años de la burbuja, y dado que los ingresos han permanecido igual, surge lo que conocemos como déficit público. Con este indicador se desmontan dos mitos de golpe: el del liberalismo y el de la austeridad. España cerró 2015 con un déficit público del 5.16% del PIB, es decir, un desajuste presupuestario de algo más de 50.000 millones aproximadamente.
Como consecuencia de un déficit casi perpetuo —desde 1980 solo 3 años acabaron en superávit—, España ha echado mano de la deuda pública, cuyo aumento no tiene nada que ver con el rescate de las cajas de ahorros, que por otro lado tampoco tienen nada que ver con el supuesto liberalismo que algunos dicen está arrasando España y Europa. El capitalismo de libre mercado se caracteriza por privatizar tanto las ganancias como las pérdidas. Socializar las pérdidas, que es lo que se hizo mediante dicho rescate, por tanto, no tiene nada que ver con el liberalismo.
La deuda pública ha aumentado 650.000 millones desde que comenzara la crisis económica. El rescate de las cajas costó 60.000 millones, es decir, la deuda ha aumentado casi 11 veces la cuantía del rescate. Los que dicen que una cosa llevó a la otra simplemente mienten.
Otro indicador que nos sirve para ver que no hay liberalismo en España es la variación de empleados públicos. Como demuestra Manuel Llamas, hoy por hoy, el sector público emplea a más personal que en el pico de la burbuja inmobiliaria. A cierre de 2007, después del estallido de la crisis, el número de empleados públicos ascendía a 2.969.500 mientras que en 2015 acumuló un total de 3.000.700 de empleados públicos. Si el liberalismo, como he dicho antes, se caracteriza por querer la reducción de políticos y burócratas —donde se incluyen los empleados públicos—, ¿por qué se dice que hay liberalismo dominante cuando hay actualmente más empleados públicos que en plena burbuja?
Como muestra el siguiente gráfico, en el que se compara la evolución del empleo público —línea inferior— con el empleo privado —línea intermedia—. Se puede comprobar que el peso de la caída del empleo en España es puramente del empleo privado, el empleo público se ha mantenido intacto. La línea superior es el empleo total.
Encuesta de población activa EPA
Por último, otro indicador que demuestra el nivel de intervencionismo que padecemos en España es el número de páginas publicadas en los Boletines Oficiales, tanto a nivel estatal —BOE— como a nivel autonómico —Diarios Oficiales—. El BOE se ha mantenido más o menos en los mismos parámetros, mientras que las CCAA han dado rienda suelta al intervencionismo.
Páginas publicadas BOE
Como se puede comprobar, en España no hay ni rastro de liberalismo. Perdiendo libertad económica, con un gasto público desbocado, un déficit público casi perpetuo, una deuda que no deja de aumentar durante los últimos años y un rescate a las cajas de ahorros que hemos pagado todos los contribuyentes. A eso le sumas el número de páginas que nos regulan día a día y sale un coctel de intervencionismo que cualquier persona inteligente descubriría como nefasto para cualquier país. Pues no, en España algunos lo confunden con liberalismo demostrando una gran ignorancia e indigencia intelectual. Como siempre he dicho, algunos confunden intencionadamente intervencionismo con liberalismo para no reconocer la miseria intervencionista. Al fin y al cabo el adoctrinamiento y la mentira son habituales en la historia intervencionista, sea cual sea la ideología.