miércoles, 4 de mayo de 2016

Los “HÉROES DISCRETOS”


Ignoro cuándo comenzó a llamarse empresarios a los dueños de los medios de producción quienes, técnicamente, eran nombrados burguesía desde mucho antes del siglo antepasado. Quizás se les quiso dar un sentido más acorde con lo laboral.

Es decir, que dejaran de representar el ocio, la explotación y la crueldad, y pasaran a significar la acción, lo ejecutivo, lo emprendedor, lo productivo, el progreso social.
Esta primera reflexión viene a cuento, ya que en la semana última, en el marco de las celebraciones por el cumpleaños ochenta del novelista Mario Vargas Llosa —ínclito defensor de cuanto parte del modo de producción burgués; ideólogo de esa libertad abstracta que sólo pretende encubrir las serias contradicciones del capitalismo—, el “empresario” mexicano, y ahora mecenas de la Cátedra Vargas Llosa y de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, llamó “héroes discretos” a los empresarios, y “rechazó la imagen maniquea que se les quiere dar como especuladores, explotadores, rentistas, acaparadores y saca-dólares” (Proceso 2057, 3/4/16). Ruego al amable lector recuerde lo último.



Es más, siempre según el medio mencionado, Salinas Pliego se fue a lo grande, y luego de pintar a los empresarios con los colores lugar comunescos de siempre: inversores en “proyectos productivos que crean empleos” y hasta “valor social —educación y cultura— ¡”y valor ambiental”!, preconizó: “Yo creo que el empresario es también el verdadero héroe de la sociedad contemporánea.” Llamó “socios incómodos” a los gobiernos, porque imponen dificultades, regulaciones y cargas fiscales. (O sea, no dejan hacer nada divertido, como el juego de acumular riqueza a lo bestia; aunque uno se pregunta ¿a qué gobiernos se habrá referido?) ¡Ah! Y no le faltó hablar acerca de la desigualdad, de la cual, abundó, es “la condición natural de todos”, por lo tanto, es “mala idea” acabar con ella. Un poco antes, nos dice la misma revista Proceso 2057, había convocado a promover un cambio de “chip de la gente”, un cambio cultural para generar riqueza y bienestar.
El lunes 4 de abril, por los diarios y los medios electrónicos, nos enteramos de la celebración de una pachanga, en que gente famosa, empresarios entre ellos, participan como dueños de firmas fantasmas, en paraísos fiscales, especializadas en la evasión y el lavado de dinero. Gracias a esta pasarela monumental, que recibió el nombre de Los  Papeles de Panamá, los que simplemente andamos a pie, hemos ido contemplando con asombro cómo hombres probos, sujetos ejemplares y “héroes discretos” se hacen tontos con el pago de un dinero que, se supone, suele servir para el funcionamiento de una sociedad y sus requerimientos, si en algo desea presumir de civilizada.
Hemos podido enterarnos asimismo, que Vargas Llosa y su nuevo Lorenzo de Medici, el presidente de Grupo Salinas, Ricardo Salinas Pliego, recurrieron al despacho Mossack Fonseca, para la apertura de entidades en paraísos fiscales que les permitieran negocios y compras, evidentemente, con alguna ventaja sobre los erarios de España y México.
Por supuesto, con respecto a los involucrados en la fiesta, aparecidos y por aparecer, no estamos hablando de seres pertenecientes a la masa. Éstos, por cierto, no tienen más remedio que liquidar sus impuestos, en México por ejemplo, así no ganen ni diez salarios mínimos, que en nuestro país representan un monto menor a 600 dólares al mes, y tal vez menos gracias a las fluctuaciones del tipo de cambio.
Hablamos de seres “especiales”, muchos empresarios exitosos, con la llave del paraíso en la mano; y, como hemos visto, negadores de la justeza de la igualdad. Por cierto, tres días después de iniciado el escándalo, el miércoles 6 de abril, el periódico La Jornada publicó que millonarios mexicanos enviaron a los paraísos fiscales fondos que triplican la deuda externa del país. Vamos, sin afanes de generalización —debe de haber por allí empresarios exitosos con una formación ética distinta—, pero cuanto se ha estado escribiendo sobre el caso pone en lugar endeble a los “héroes discretos” de Salinas Pliego. Por lo visto, gracias a investigadores honestos y críticos, terminaron mostrando el cobre de su verdadera vocación parasitaria y corrupta.

Por: Víctor Luis González
Publicar un comentario