miércoles, 18 de mayo de 2016

Los votantes hispanos y el papel del Gobierno en Estados Unidos

En el electorado hispano, si profundizamos los argumentos dogmáticos contra los mercados libres, resulta obvia la disconformidad intelectual con la libertad en sí

hispanos
La diferencia no es pequeña: en conjunto, 75% de los hispanos prefieren un Gobierno grande, comparados con solamente el 41% del público de EE.UU. en general. (Infobae)
Recientes encuestas del Pew Research Center revelan que los hispanos con derecho al voto alcanzarán un récord de 27.3 millones en este ciclo electoral, un incremento del 19% desde las elecciones del 2012. Como categoría, el electorado hispano constituye el 11.9% de los votantes.
Significativamente, la juventud es una característica definitoria de los potenciales votantes hispanos. Y aunque temas específicos, como la política de inmigración de EEUU, se anuncian muchas veces como cuestiones esenciales para el voto hispano, hay factores sociopolíticos más fundamentales en juego.



La herencia sociopolítica de España, y la experiencia postcolonial de América Latina, han sedimentado en la población hispana la convicción en un papel del gobierno significativamente diferente a los principios de gobierno limitado abrazados por los Padres Fundadores de Estados Unidos. De acuerdo a la encuesta del Pew Research, “cuando se trata del tamaño del gobierno, los hispanos son más propensos que el público en general a responder que preferirían un gobierno grande que proporcione más servicios que uno pequeño con menos servicios”.
La diferencia no es pequeña: en conjunto, 75% de los hispanos prefieren un gobierno grande, comparados con solamente el 41% del público de EEUU en general. Aunque, interesantemente, el apoyo a gobiernos grandes declina mientras se absorben valores americanos. Para el 81% de la primera generación de inmigrantes hispanos, un gobierno grande es más deseable. Para la segunda generación esa preferencia cae al 72%, y en la tercera generación solamente el 58% todavía prefiere un gobierno grande.
La preferencia hispana por un gobierno grande predomina independientemente de la afiliación partidista, y los hispanos católicos apoyan particularmente un gobierno grande. En conjunto, 56% de los hispanos de EEUU o se identifican con el Partido Demócrata o son independientes que se inclinan a los demócratas, mientras el 21% se identifica con o como inclinado al Partido Republicano.
Entre paréntesis, los cubanos son de alguna manera una anomalía política. Los cubanos registrados como votantes se dividen parecidamente en afiliación partidista: 47% se identifica con el GOP, mientras el 44% tiende hacia los demócratas.
Claramente, las filosofías políticas del liberalismo clásico que limitan el papel del gobierno y sitúan al individuo en la posición central no están arraigadas en la herencia hispana como lo están en el discurso histórico sociopolítico americano. El liberalismo clásico no llega fácilmente a los hispanos. Hasta cierto grado, la herencia sociopolítica hispana socava la participación pluralista de los hispanos en las instituciones civiles de las sociedades libres.
La preferencia hispana por un mayor y más intrusivo gobierno es una manifestación de tendencias políticas colectivistas y estatistas que buscan una sociedad uniforme. En contraste, los Padres Fundadores entendieron que una sociedad libre es una sociedad pluralista que aboga por los derechos individuales sin imponer un desenlace único para todos.
La visión de los Padres Fundadores lleva necesariamente a las personas a lograr resultados diferentes, porque los individuos difieren en habilidades e intereses. Una sociedad que busca implementar políticas colectivistas no puede proteger las libertades individuales, porque la búsqueda de objetivos igualitarios socialistas requiere la acción coercitiva de un gobierno grande.
El pensamiento político latinoamericano siempre ha sido seducido por los cantos de sirena de la “justicia social” y ha tenido dificultades en aceptar los resultados desiguales del mercado, es decir, los de la libertad económica. Insatisfecho con los resultados de la libertad, el pensamiento político latinoamericano invoca el poder del Estado para restringir libertades. Esta filosofía política ignora el precepto kantiano de que las leyes deben ser para proteger derechos, no para intentar crear felicidad. Típicamente, la política hispana conduce a alguna forma de colectivismo de hombre fuerte mesiánico o alguna otra grotesca mística ideológica.
Por otra parte, el pequeño gobierno capitalista es racionalista, anti-heroico y anti-místico. Los mercados libres, con todos sus defectos, son el sistema económico de las personas libres.
En el electorado hispano, si profundizamos los argumentos dogmáticos contra los mercados libres, resulta obvia la inconformidad intelectual con la libertad en sí misma. Esa inconformidad es lo que revela la preferencia por gobiernos más grandes. La inconformidad intelectual hispana con la libertad consterna, porque la libertad es el único fundamento duradero para mejorar la condición humana.
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