Me gustaría que el titular del artículo fuera otro, tipo ‘España, paraíso para invertir’ o ‘La baja presión fiscal española invita a la inversión’, pero siento decir que no es el caso. Esta vez, quiero comentaros los principales motivos por los que España no es un país en el que poner en juego tu patrimonio personal para emprender un negocio.
Primero, el infierno burocrático. España ocupa el puesto número 82 del mundo como país amigo para crear empresas. Países como Uzbekistán, Mauritania y Afganistán ponen menos trabas para iniciar una actividad empresarial. Dicen, que cuando alguien quiere ser autónomo en España, recibe el pésame de todos sus familiares y amigos, porque saben que cuando comienza esa aventura, suele pensar en el suicidio en más de una ocasión. Crear riqueza, se vuelve algo extremadamente difícil en un país en el que el Estado acapara el 44,6% de la producción ajena (datos del primer trimestre del 2016). Prácticamente, por cada euro de riqueza que genera España, la mitad se lo lleva el Estado.


A todo esto, hay que añadir la alta presión fiscal que sufre España, siendo después de Francia, el país de la Unión Europea que más impuestos pagan las empresas. Obstaculizar la generación de riqueza más trabas burocráticas, ingredientes perfectos para NO invertir aquí.
El economista Jesús Huerta de Soto, en una charla en el Instituto Juan de Mariana, afirmaba con rotundidad todo lo que conllevaba arrancar un proyecto de inversión en España: ‘un 52% del impuesto de la renta, más otro 8% en el Impuesto de patrimonio, más el Impuesto de sucesiones, más más más y más’, concluyendo con un contundente ‘¡que invierta su puta madre!’. Y no podía tener más razón. Además de la fiscalidad abusiva y las piedras en el camino para iniciar un negocio, nos encontramos con la cultura española frente al emprendimiento.
Hace pocas semanas, se hizo muy popular un vídeo en el que el actor Antonio Banderas, en una entrevista en El Hormiguero, daba un discurso digno de una conferencia para emprendedores, en el que afirmaba que una encuesta decía que el 75% de los estudiantes andaluces querían ser funcionarios, y esa España que quiere vivir del Estado no era santo de su devoción. Y estaba en lo cierto Antonio, porque este país gracias a que el Estado, mediante el adoctrinamiento en las aulas, inculcando valores como la mediocridad y el altruismo, una mayoría de los españoles piensa que el poder estatal es el que debe gestionar sus vidas, y no ser éstos, dueños de su libertad y su destino.
En definitiva, no hay mucha esperanza para que las cosas cambien en este país. La clase política española ha acaparado mediante coacción, el poder de influir sobre un principio básico del liberalismo como es la libre cooperación humana. Y francamente, no interesa que exista prosperidad, puesto que la alta burocracia vive de hacer creer a la sociedad que el Estado es el gran hacedor del bien común, y ante eso, es imposible competir.