lunes, 9 de mayo de 2016

Otra política para Estados Unidos



¿Tendremos que tratar a los Estados Unidos de América como un país necesitado de mejoras profundas en su sistema democrático? Los nuevos datos de Gallup muestran que el grupo más nutrido del electorado estadounidense carece de representación partitaria. Ese grupo está prácticamente huérfano de congresistas y senadores, de gobernadores y de formaciones políticas. La mayor porción de los electores no está representada por ninguno de los dos grandes partidos. La posición de cabeza al clasificar a los electores por sus respuestas ya no corresponde ni a los conservadores del Partido Republicano ni a los socialdemócratas —allí mal llamados liberals— del Partido Demócrata, sino, oh sorpresa, a los libertarios. Concretamente, los ciudadanos estadounidenses son libertarian en un 27% de los casos, lo que supone un crecimiento de tres puntos frente a la edición de 2014 de la misma encuesta. Detrás van los conservadores (26%), los liberals (23%) y los populistas (15%).



La explosión de nuevos partidos libertarios es mundial, prácticamente no hay semana en la que no sepamos de la formación de uno nuevo en algún país remoto
El libertarismo está experimentando un auge sin precedentes en los Estados Unidos desde hace unos años. En el resto del mundo, los libertarios formamos parte de partidos muy pequeños, casi siempre carentes aún de representación en las instituciones, pero con una apuesta decidida por el largo plazo. Esa apuesta se corresponde con nuestra vocación de pioneros del mundo que vendrá tras el fin de la obsoleta socialdemocracia transpartita actual. Los estatistas con look de “izquierda” y de “derecha” son cada vez menos distinguibles entre sí, y cada día se ve más claro que aspiran al mismo Gran Hermano, variando sólo el estilo de su postureo. La explosión de nuevos partidos libertarios es mundial, prácticamente no hay semana en la que no sepamos de la formación de uno nuevo en algún país remoto. Hace un año se constituyó la Alianza Internacional de Partidos Libertarios, liderada por los de Estados Unidos (presidencia de Geoffrey Neale) y España (vicepresidencia de Daniel Martínez).
La encuesta estadounidense no sólo sitúa en primera posición a los libertarios, sino que refleja un cambio de tendencia muy considerable ya que es la primera vez que se produce ese resultado en las doce ediciones del sondeo. Al mismo tiempo, las identidades conservadora y liberal continúan su descenso. Los conservadores norteamericanos se echan las manos a la cabeza señalando que el país se está volviendo más liberal pero no han entendido nada: se está volviendo más libertario y así lo reflejan las encuestas sobre numerosas cuestiones concretas, desde la inmigración a las drogas, desde las armas al exceso de poder del gobierno federal, desde los derechos de las personas LGBTI hasta la tolerancia hacia las parejas interraciales, etcétera. Lo que se está desenmascarando por fin es la falsa correlación según la cual si eres pro-Libertad en temas morales y personales debes ser anti-Libertad en cuanto a la economía, o sea, socialdemócrata; y si eres pro-Libertad en lo económico debes ser anti-libertad en cuanto a derechos civiles, libertades públicas y cuestiones éticas, o sea, conservador. Si ese ha sido durante mucho tiempo el parteaguas, hoy está viéndose sustituido con rapidez por una nueva dicotomía política. En el país donde eso sucede de forma más abierta y visible, seguir aferrándose a los dos viejos y viejunos partidos de siempre es negarse a ver la realidad.
Ni el populismo socialista de Sanders ni el populismo conservador de Trump satisfacen a ese 27% del electorado que Gallup clasifica como libertario
El establishment estatista del Partido Demócrata quiere, por supuesto a Hillary Clinton. La élite igualmente estatista del Partido Republicano prefiere a Cruz, Rubio o alguien así. Ambas castas están tragando saliva al ver cómo algunos outsiders conquistan el apoyo de los electores en las primarias ofreciendo alternativas a lo de siempre. Pero, por supuesto, ni el populismo socialista de Sanders ni el populismo conservador de Trump satisfacen a ese 27% del electorado que Gallup clasifica como libertario. El congresista Ron Paul hizo muchísimo por la popularización de nuestras ideas, pero después cometió un error inmenso, aunque entendible porque fue el error de un padre por apoyar a su hijo. Ese error fue no salirse de una vez del Partido Republicano cuando el establishment le echó a empujones y entre insultos de la convención de Tampa, hace cuatro años. Pues bien, ¿de qué ha servido seguir ahí? Rand Paul, el hijo, no ha resistido ni el primer asalto (los caucus de Iowa). Y su apoyo entre las bases republicanas es bajo porque, sencillamente, es demasiado libertario para los conservadores y demasiado conservador para los libertarios. Y, si alguna vez pudo tener sentido cierta colaboración táctica entre los unos y los otros, ese maridaje de agua y aceite ya se ha revelado indeseable y contraproducente.
Es el momento de reventar el arcaico bipartidismo que no representa a una sociedad plural y compleja, con un componente libertario en auge. Es el momento de que los Paul regresen al Partido Libertario y ayuden a Gary Johnson a mejorar considerablemente el millón trescientos mil votos de su anterior candidatura a la Casa Blanca. Es el momento, tal vez, de un ticket Johnson-Paul que pueda escenificar la definitiva ruptura del 27% del electorado con el viejo Partido Republicano, que tan claro está diciendo que no lo quiere en su seno: el partido de los Bush, de Sarah Palin, del Bible Belt, de la guerra de Iraq, de la NSA, del concubinato con los cárteles regulatorios que falsean el capitalismo… de la América de ayer. Y es el momento de hacer política para la América de hoy y de mañana: la de Silicon Valley y no la de Washington, la de los whistleblowers y no la de la NSA, la de la Singularity University y no la de la Ivy League, la de Uber y no la de las multinacionales con puerta giratoria, la de Bitcoin y no la de la Fed. Y el reto de Nick Sarwark como presidente del Partido Libertario es vencer las formidables ataduras del sistema para hacer la política que esa América reclama.
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