lunes, 9 de mayo de 2016

Se necesitan jóvenes que quieran ser millonarios

SANTIAGO NAVAJAS


“‘¡En Marcha!” es un movimiento político que ha lanzado Emmanuel Macron, el polivalente ministro de Finanzas del gobierno de Manuel Valls y firme candidato incluso a competir por la presidencia de la República con el mismísimo Francois Hollande. Macron es un liberal en el gobierno socialista del país más estatista de la UE. Lo más lógico es que estuviera forrándose trabajando para alguna gran empresa pero ha preferido ganar diez veces menos e intentar que su país salga del marasmo económico, la inopia ideológica y la idiocia política. Aunque haya cínicos que lo nieguen, hay quien es capaz de anteponer los ideales del servicio público a sus intereses pueblerinos.
Licenciado en Filosofía con una tesis sobre Hegel aprendió del alemán lo que podríamos denominar “liberalismo dialéctico”, una “superación” del liberalismo clásico que concibe la relación entre el Estado, la comunidad y el individuo de una manera más compleja y matizada que la habitual en los que trazan una vulgar y grosera contraposición entre el Estado y las empresas.



Digamos que para Hegel tanto el Estado como el mercado son manifestaciones de una misma interrelación social-económica. Macron, este sui generis liberal hegeliano, se ha tenido que emplear con fuerza para sacar adelante sus reformas liberalizadoras con el aplauso de los empresarios y la oposición de la extrema izquierda del Partido Socialista. Medidas tan “radicales” como permitir abrir en domingo a los comercios doce veces al año en lugar de cinco, no se crean que Macron es como la Thatcher, sino más bien una versión gala de la dupla Blair/Clinton, fundamental para una Francia cada vez más esclerotizada en lo económico y viejuna ideológicamente.
Izquierda regresiva es la que se ha manifestado contra Obama en Inglaterra o Alemania porque se opone al Tratado de Libre Comercio
Pero que un ministro en un gabinete socialista francés declare que “Creo en la libertad económica, social, política; en nuestra capacidad de crear nuevas reglas de progreso” es poco menos que revolucionario teniendo en cuenta que son capaces de elevar el IRPF hasta el 75%. Macron representa un nuevo modelo de categorías políticas que ya no pasan por el clásico eje “derecha o izquierda” sino por el mucho más definitorio de “progresivos” contra “regresivos”. Es decir, siguiendo la definición del DRAE, lo que “avanza o aumenta gradualmente” frente a lo que “remite o retrocede”. Izquierda regresiva es la que se ha manifestado contra Obama en Inglaterra o Alemania porque se opone al Tratado de Libre Comercio (TTIP) entre EE.UU. y Europa en nombre del proteccionismo y el mercantilismo. O la que jalea a Otegi en España en una alianza entre marxistas-leninistas de todo el Estado. La derecha reaccionaria, por su parte, desde Trump a Le Pen, es mediática y mesiánica, populista y demagógica, sentimental y oportunista. Sí, igual que la izquierda.
Con solo 38 años, Macron ha comprendido que los franceses (y, por extensión, los europeos) deberán batallar en Internet o acabarán subyugados por las grandes corporaciones que dominan el ciberespacio, de la norteamericana Facebook a la china Alibaba. No por casualidad que sea “Ministre de l'Economie, de l'Industrie et du Numérique”, es decir, “Ministro de Finanzas, Industria e Innovación”. Y para ello se necesita cambiar no sólo las instituciones sino también el sistema educativo, para transformar la mentalidad funcionarial de los jóvenes por otra más bien pro mercado. Por ello, planteó que “La economía de internet es una economía de superestrellas. Hacen falta jóvenes franceses que tengan ganas de convertirse en millonarios”.
Antonio Banderas ponía el dedo en la llaga por lo que refiere a la juventud española en comparación a la norteamericana. Aunque tenemos el problema de que España es uno de los países de nuestro entorno en el que resulta más difícil crear una empresa, por los trámites burocráticos y el nivel de impuestos, también hay que tener en cuenta una mentalidad cultural, promovida tanto por la religión católica como por la intelectualidad marxista, que concibe a las empresas o bien como el núcleo de la lucha de clases, en vez de un juego de suma positiva entre empresarios y trabajadores, o como la expresión más acabada de la avaricia, como si ganar dinero fuera un pecado. Por ello, gran parte de los jóvenes españoles piensa que lo primero que hay que tener para montar una empresa es dinero, en lugar de una idea y un proyecto, de lo que se sigue que su primer impulso es, en el mejor de los casos, buscar una subvención en lugar de un crédito.
En el caso francés sus famosas “Grandes Escuelas” crean altos funcionarios pero no empresarios innovadores. En España, ni una cosa ni la otra
Para hacer emerger a las superestrellas que ansíen hacerse millonarios, pero no jugando a la Primitiva sino creando empresas innovadoras, hace falta, como sugieren Mara Squicciarini y Nico Voigtländer, promover unos nichos para los jóvenes que estén en lo que denominan “upper-tail knowledge”: una élite del conocimiento. O sea, estudiantes que sean capaces tanto de “think different”, que era el lema de Steve Jobs, como de “think harder”, a lo que anima Jimmy Wales contra los que defienden que la homeopatía debería ser defendida en la Wikipedia.  En el caso francés sus famosas “Grandes Escuelas” crean altos funcionarios pero no empresarios innovadores. En España, ni una cosa ni la otra.
El ascenso de Macron en Francia sería beneficioso para Europa entera ya que podría crear una alianza progresiva tanto con los conservadores Merkel y Cameron como con los social-liberales Renzi y Rivera (crucemos los dedos para este último).  Y con los también social-liberales Obama y su probable sucesora Clinton, teniendo en cuenta la relevancia de la aprobación e implementación del Tratado de Libre Comercio (TTIP) entre Estados Unidos y Europa los próximos meses.  Un Tratado contra el que la derecha e izquierda regresivas harán pinza ya que favorece el comercio, la libertad, la eliminación de las fronteras y el sueño, con Kant, de un gran “Estado” cosmopolita, liberal, federal, capitalista y democrático.
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