viernes, 20 de mayo de 2016

Trump y la deuda pública

Manuel Suárez Mier advierte cómo la idea de Donald Trump de una renegociación de la deuda pública estadounidense pondría en riesgo la credibilidad de EE.UU. que siempre ha pagado sus deudas en los términos pactados de arranque.

Manuel Suárez-Mier es Profesor de Economía de American University en Washington, DC.
La semana pasada en un ejemplo adicional de supina ignorancia, el virtual candidato a la presidencia de EE.UU., Donald Trump, declaró que renegociaría la deuda pública de su país para pagarla con descuento, siguiendo el ejemplo de los Kirchner en Argentina, sin entender las devastadoras consecuencias de tal acción.
Mis lectores y amigos conocen la admiración que tengo por Alexander Hamilton, a mi juicio el más visionario de los grandes hombres que fundaron EE.UU. en 1789 como la unión de 13 estados soberanos. A él se deben los cimientos institucionales que le permitieron a su país volverse una potencia económica.



Parte esencial de la notable estructura que ideó para conducir las finanzas de la recién nacida república, fue el manejo de la enorme deuda pública que se había acumulado desde el inicio de la guerra de independencia y que financió las operaciones bélicas que derrotaron a Inglaterra.
Las deudas del primer gobierno de EE.UU. tenían muy diversos orígenes y naturaleza:
1. Deuda emitida a partir de 1775 por el Congreso Continental (CC), primera estructura supra-estatal creada con representantes de las provincias para resistir el intento de la Corona inglesa de cobrar impuestos en sus colonias americanas. El problema era que el CC carecía de facultades impositivas y las únicas fuentes de ingresos para dar servicio a sus pasivos eran imprimir billetes o endeudarse más.
2. Préstamos otorgados por otras naciones, todas enemigas de Inglaterra, como Francia, España y Holanda.
3. Deudas de los estados incurridas durante la guerra que se llevó a cabo en sus territorios, además de la facultad que cada uno tenía para imprimir su propia moneda.
4. Vales emitidos por el ejército revolucionario para pagar las propiedades requisadas por imperativos bélicos.
A la mayor parte de los pasivos descritos no se les había dado servicio por lo que su valor empezó a caer como plomada en el mercado para estos títulos, lo que se agravó por la enorme impresión de billetes que predeciblemente causó una gran inflación. En muchos casos, la deuda se llegó a cotizar a 1% o 2% de su valor original.
Respecto a los pasivos de los Estados, unos se esforzaron por pagar (los del sur) mientras que otros (los norteños) ni lo intentaron. Esto es crucial para entender la posición de los representantes de los estados en el primer congreso federal a favor o en contra de la asunción de la deuda por el novel gobierno propuesta por Hamilton.
El plan de Hamilton tenía como pieza central asumir el total de los pasivos descritos a su valor original y no al precio en el que se cotizaban en el mercado. ¿Por qué pagar más cuando se puede pagar menos? Lo que parece contra-intuitivo, fue la receta genial para que la nueva nación estableciera, de un plumazo, un sólido crédito.
La deuda en aquella época era 20 veces mayor al monto del dinero metálico en circulación, comparada con 11,7 veces superior que es hoy en día frente al acervo de dólares que circula en el mundo. El cociente de deuda neta a PIB es una mera adivinanza, pero en 1790 se ubicaba en poco menos de 50% mientras hoy es de 80%.
Que el recién creado gobierno federal adoptara tan audaz plan financiero, que incluía también la creación de un Banco Central bien capitalizado que expandiera la oferta monetaria y el crédito en forma acorde con las necesidades de la nueva nación, y un sistema de recaudación de aranceles al comercio exterior que generaría los recursos para servir la deuda, permitió prestigiar sus títulos y bajar las tasas de interés.
EE.UU. es el único país en la historia que nunca ha rechazado explícitamente pagar su deuda en los términos pactados, gracias al genio de Hamilton y a su casi siempre manejo sensato. El resto del mundo ve con envidia el “privilegio exorbitante” que tiene Estados Unidos de pagar sus deudas con pedazos de papel impresos por sus autoridades.
Y hoy el palurdo de Trump ofrece dinamitar este arreglo envidiable: ¡inverosímil!
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