viernes, 20 de mayo de 2016

Usar la fuerza en contra de ISIS es la estrategia equivocada

Emma Ashford señala que "Los actos de terrorismo como aquellos de los últimos días agregan ímpetu para hacer lo que sea que podamos hacer para derrotar a ISIS. Aún así la verdad desafortunada es que una derrota militar de ISIS hoy no resolverá los problemas de Siria, ni prevendrá el surgimiento de grupos similares".

Emma Ashford es investigadora visitante del Cato Institute.
Los trágicos actos de terrorismo cometidos en París el viernes han conducido a llamados renovados por una campaña más agresiva en contra del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). Tales llamados son comprensibles considerando el shock y horror que siempre ocasionan barbaries de este tipo. Pero la simple venganza nos arriesga a repetir los errores estratégicos de la última década.
Como aprendimos en Irak, Afganistán y Libia, la victoria militar es fácil. Asegurar la paz puede ser casi imposible. Si verdaderamente queremos derrotar a ISIS, debemos enfocarnos no en la victoria militar, sino en lo que viene después de ISIS. Sin la resolución de los conflictos diplomáticos y políticos que han permitido que florezca ISIS, lo que lo reemplace podría ser igual de malo —o peor.



Los eventos en París, el ataque terrorista más mortal en Occidente desde el bombardeo de trenes en Madrid en 2004, fueron horrorosos. En una sociedad libre, podemos reducir la probabilidad de dichos ataques, pero nunca podremos lograr la seguridad absoluta. En vista de un ataque así, el miedo es inevitable y los llamados a responder con una fuerza abrumadora son inevitables.
Aún así cualquier acción militar nueva en contra de ISIS —o intensificar los esfuerzos actuales— podría repetir los errores del pasado. El ambiente liderado por el miedo luego de los ataques del 11 de septiembre sin duda contribuyó a la invasión estadounidense en Irak, conforme los políticos le prestaron muy poca atención a lo que reemplazaría a Saddam Hussein. El resultado fue una campaña militar efectiva seguida de una década de inestabilidad, insurgencia y derramamiento de sangre que proveyeron un terreno fértil para el crecimiento de grupos como ISIS.
De igual forma, en una reacción impulsiva a las matanzas masivas en Libia en 2011, los ataques aéreos de la OTAN ayudaron a derrocar al régimen de Muammar Gaddafi. Pero la falta de una pre-planificación efectiva condujo a los políticos a ignorar que el único interés compartido por muchos de los grupos locales y poderes regionales involucrados era remover a Gaddafi. Después de su muerte, los flujos de armas y de violencia por parte de muchos bandos socavaron cualquier esperanza de una Libia estable.
Estos fracasos anteriores resaltan que no importa qué tan crudas sean las emociones luego de una brutalidad como la de los ataques en París, los políticos necesitan mirar más allá de las consecuencias inmediatas. Siria sigue siendo un enredado lío de distintos grupos rebeldes que aflige a la región y que la acción militar por sí sola no puede resolver.
Las desventajas de las opciones extremas como una invasión a gran escala de Siria son obvias. Seguramente, no hay duda de que las fuerzas armadas estadounidenses fácilmente podrían destruir a ISIS, o incluso al régimen de Bashar al-Assad. Pero no hay nada que llene el vacío que dichas acciones dejarían. Como sucede en el caso de Libia, los poderes regionales y las milicias locales a duras penas aceptan la necesidad de cooperar respecto de ISIS; no van a cooperar repentinamente en su ausencia. Pero la actual estrategia de EE.UU. es igual de problemática.
Más bombardeos, más fuerzas de operaciones especiales, o canalizar más armas a los grupos rebeldes sirios puede que provea retornos en la lucha contra ISIS. Pero cuando ISIS colapse, ¿qué viene después? El escenario es el mismo: anarquía y todavía más derramamiento de sangre en Siria, de lo cual grupos futuros similares a ISIS pueden surgir.
Si queremos evitar esto, los políticos primero deben construir los puentes diplomáticos y políticos que conduzcan a una Siria estable luego del conflicto. Un acuerdo diplomático claro y efectivo para acabar con la guerra civil en Siria es clave, aunque podría involucrar un compromiso sustancial por parte de EE.UU., especialmente respecto del momento en que Assad saldría del poder. Los acuerdos con los dictadores rara vez son placenteros, pero como muchos han señalado, cualquier paz en Siria es mejor que la guerra actual.
EE.UU. necesitará trabajar de cerca con los aliados regionales e incluso con los adversarios para hacer respetar y mantener esta paz. Un acuerdo político es insignificante si el cese de fuego no es respetado, o si los estados regionales continúan proveyendo armas a los grupos rebeldes favorecidos como lo hicieron en Libia.
Los líderes estadounidenses deben utilizar este periodo de trabajo político y diplomático —que podría durar varios años— para construir una coalición más efectiva en contra de ISIS. Esto no significa una institucionalización mayor de los esfuerzos actuales, o el involucramiento de la OTAN: la administración Obama puede jactarse de una coalición de 64 miembros, pero en realidad, casi ninguno de estos países contribuye militarmente, especialmente dentro de Siria.
En cambio, los líderes estadounidenses deberían buscar construir una coalición amplia de todos los estados que tengan un interés vertido en derrotar a ISIS, incluso estados tradicionalmente no amigables como Rusia e Irán. Una coalición como esta por necesidad no se asemejaría a la cooperación militar estrecha de la coalición anti-ISIS actual. Aunque si permitiría la identificación y coordinación de todas las fuerzas viables en Siria e Irak para que estas se enfrenten a ISIS en ese territorio, y también permitiría una paz más robusta luego de la derrota final del grupo.
Los actos de terrorismo como aquellos de los últimos días agregan ímpetu para hacer lo que sea que podamos hacer para derrotar a ISIS. Aún así la verdad desafortunada es que una derrota militar de ISIS hoy no resolverá los problemas de Siria, ni prevendrá el surgimiento de grupos similares.
Los políticos deben primero asentar las bases políticas y diplomáticas de una Siria estable post-conflicto, antes de destruir a ISIS. Al hacerlo, tal vez podrán finalmente reducir a un mínimo el ciclo de violencia que ha dominado Oriente Medio en los últimos años
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